NOCHE VIEJA EN LONDRES

enero 4, 2017

El pasado 31 de diciembre quedamos unos cuantos españoles para pasar la noche vieja juntos. Todos somos de la nueva hornada de emigrantes forzosos de nueva generación, o sea los que sin futuro en España decidimos emprender camino en busca de futuro.

Yo llevo en Londres unos diez meses, los demás no lo se, pero dudo que alguno lleve más de dos años aquí. Casualmente todos somos de distintas partes del país, Extremadura, Andalucía, Valencia, Murcia, etc, el único gallego soy yo, de Ourense, tierra de afiladores.

Quedamos en juntarnos en el piso que tienen compartido tres de ellos, allí nos comeríamos las uvas y haríamos piña patriótica para así sentirnos más en familia.

Demás está decir que había de todo un poco de nuestro país para comer, por gentileza de las respectivas familias y del correo. Yo aporté unos cuantos chorizos gallegos que alían a pueblo, y entre todos pusimos algo de dinero para comparar vino rioja y cava para el brindis.

Un poco antes de medianoche las risas y anécdotas fluían y todos esperábamos ansiosos el momento de las campanadas con nuestras uvas ya preparadas para el acontecimiento.

Llegada la medianoche comimos la uvas tratando de no atragantarnos y brindamos por un futuro mejor y por el nuevo año, luego vinieron los abrazos y las risas nuevamente, pero cada uno de nosotros estaba atento al teléfono móvil, esperando la llamada de los de casa. Como era casi imposible escuchar el sonido de la llamada yo metí la mano en mi bolsillo para sentir la vibración del teléfono, pero los minutos se hacían eternos y a ninguno de los presentes le entraba la llamada tan esperada.

Cuando sentí el vibrar de mi móvil casi no atiné a atenderlo de los nervios que tenía, todos me miraban y ponían sus teléfonos sobre la mesa, esperando que sonaran.

Cuando escuché la voz de mi madre diciéndome “¡Neno, feliz ano novo!” me quedé sin voz y al momento rompí a llorar “¡ Neno, ¿escoitasme?”, preguntó mi madre, “¡Sí mamá, feliz ano novo pa vostedes tamén!” le dije y pude escuchar como ella lloraba y casi no podía hablar. Luego me habló mi padre y algunos familiares que estaban con ellos, la llamada fue corta pero muy intensa.

Cuando corté la llamada levanté la vista y vi como todos los demás hablaban con sus familiares y se secaban las lágrimas como lo había hecho yo.

Pasado el momento emotivo ya la fiesta no fue la misma, ninguno de nosotros tenía ganas de seguir la juerga, todos hubiéramos dado parte de nuestras vidas por estar en casa con la familia esa noche vieja.

Cuando regresé a mi casa y me metí en cama, no pude dejar de pensar en mi gente y en el momento tan feliz y triste a la vez que había pasado. Y antes de dormirme recordé unas palabras que mi abuelo solía decirme cuando niño: “ Que nunca teñas que emigrar, meu neto, porque lexos da casa a distancia e a morriña fan o tempo moito mais longo do que xa e “.

ROBERTO GONZALEZ

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NUEVO EMIGRANTE

enero 3, 2016

Después del gran esfuerzo que hicieron mis padres para que pudiera acabar la carrera me encontré con un título universitario y sin nada que hacer.

En los primeros tiempos soñaba que desde algún sitio de los que tenían mi currículo me llamaran para empezar a trabajar en lo mío, pero nada, el tiempo se me escapó entre las manos y pasé a ser un parado más, un ni-ni como tantos otros que no habían siquiera pisado la universidad…..y entonces comencé a deprimirme, a verlo todo de un color oscuro y sobre todo a no ver el futuro que tantas veces creí tener a mi alcance.

Entonces, un buen día se me ocurrió probar en otro país, donde las oportunidades se me ampliaran y donde pudiera trabajar en lo que había estudiado. No quise oír lo que mi padre me decía, que la vida de emigrante no es nada fácil, que todo se complica lejos de casa, que me lo pensara nuevamente…. Yo lo que quería era irme y salir de aquel atolladero en el que me encontraba lo más rápido posible.

Cuando bajé del avión en este país lleno de ilusiones y con la esperanza de hacerme un futuro no me imaginaba que las cosas no eran de color de rosa. Primero el idioma, luego un cuartucho para vivir y finalmente la búsqueda del puesto de trabajo.

En lo mío no pude trabajar, me pedían experiencia y fluidez de idioma, cara al público tampoco porque no entendía nada, así que como había que pagar el alojamiento me puse a trabajar en lo que me salía, lavar platos, empaquetar artículos, repartir mercadería como ayudante del camionero…y así un día tras otro hasta que por fin logré un trabajo estable y bien remunerado.

Cuantas veces me acordé de mis padres y de lo que me aconsejaban, cuantas veces les mentí diciéndoles que estaba bien y que ahorraba dinero, cuantas veces se me saltaban las lágrimas después de haber tenido una vídeo conferencia y sonreirles amablemente y sobre todo el miedo de que un día se me aparecieran por sorpresa y vieran la realidad de mi situación.

Cada día sueño con volver, con poder trabajar en España y en mi especialidad, pero por el momento sigo aquí, a la espera de que el tiempo cure estas cicatrices que llevo abiertas desde el mismo día de mi partida y no pienso regresar con las manos vacías, ¡Eso jamás!

Lejos de casa hay que trabjar en lo que se puede

Lejos de casa hay que trabjar en lo que se puede


SENTIMIENTO DE CULPA

octubre 21, 2015

Le conocí hace ya muchos años, era una persona normal, callada y trabajadora. Vivía en una pequeña habitación alquilada a un vecino del barrio, su itinerario era de casa al trabajo y del trabajo a casa, siempre de mirada gacha y vestido más mal que bien.
Un buen día nos cruzamos, me miró y luego de unos pasos se dio la vuelta y me preguntó: “¿Tu eres gallego verdad?”, Yo le miré sorprendido, le asentí con la cabeza sin saber bien como reaccionar. “Yo también soy gallego…. de Lugo” dijo al instante. Yo le sonreí por compromiso quedándome con la duda de saber a donde el quería llegar. “Yo soy de Ourense” dije con mi mejor acento gallego, me extendió la mano y nos dimos un buen apretón.
A partir de entonces nuestros encuentros se fueron haciendo más frecuentes, muy lentamente los dos nos sinceramos, yo contándole mis peripecias de vida y el hablándome de las suyas. De vez en cuando quedábamos para tomarnos unas copas en algún bar del barrio, siempre quería pagar el, pero yo no se lo consentía, no era lícito ni de buen paisano el dejar que lo hiciera.
Un veinticinco de julio quedamos para comer, era el día de Galicia y había que festejarlo. Fuimos a un restaurante gallego, por supuesto, un buen cocido y pulpo con cachelos nos hicieron sentir un poco más cerca de la familia y de la aldea.
Después de comer seguimos de bar en bar dejándonos llevar por la morriña y los deseos de volver algún día a casa. Fue entonces que el se sinceró, dejó de lado su amplia sonrisa de alcohol barato y comenzó a ponerse serio y hablar.
“ Paisano, yo ya nunca podré volver a casa…” dijo. “No podré volver simplemente por vergüenza”. Pasaron un par de minutos y ninguno de los dos dijo palabra. “Mira, cuando yo emprendí el viaje, mis padres empeñaron todo lo que tenían, me pagaron el viaje, me dieron su bendición y yo a más dejé a su cargo mujer e hijos” Otro largo silencio, su cara expresaba frustración y desahogo a la vez.
“Desde el mismo día en que llegué, te lo juro, traté de ganar dinero para pagar deudas y mantener a mi familia…Pero las cosas se me pusieron en contra, malos trabajos, deudas, y sobre todo el sentirme inútil, mala persona, mal hijo y mal marido…”

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Traté de meter baza diciendo “Todos tenemos nuestras cosas, paisano, y cada uno cargamos con ellas”. Me miró y entonces vi sus ojos con lágrimas. “Si, pero es que yo dejé de escribir a casa,. Hace muchos años que no saben nada de mi…..Cada día que pasa me siento peor hombre. Me siento culpable de todo lo que no hice, de no haber tenido la suficiente hombría de decir la verdad y de luchar más aún de lo que hice”
Cuando salimos del último bar ya anochecía, yo le ayudaba a andar, estaba completamente borracho. Lo metí en la cama vestido, el me miró y dijo con las pocas palabras que aún tenía “Si pudiera sacarme este sentimiento de culpa, mañana seguramente sería otra persona….Gracias por todo paisano”
Pasó el tiempo y no volvimos a encontrarnos, mi preocupación fue en aumento hasta que un día decidí preguntar por el en la casa que alquilaba la habitación. Ante mi pregunta el dueño de la casa dijo “Su paisano se marchó para España ya hace un tiempo y me dijo que si alguien preguntaba por el que simplemente le dijera que el sentirse culpable hace a la gente peor de lo que es”
No pude dejar de sonreír ante esas palabra que sin duda alguna habían estado dentro de su cabeza durante mucho tiempo y que finalmente fueron el puente de liberación de un emigrante como tantos miles.


INOCENCIA

diciembre 15, 2014

Ahora que tanto se estila el de hacer unas grandes fiestas navideñas llenas de comida, turrones, buen vino y hasta alguna que otra botellita de cava, cuesta mucho pensar en aquellos años en que los niños del pueblo no teníamos tanto interés por todos estos días, por la simple razón de que lo único que teníamos seguro era unos días de intenso frío y de noches junto al brasero calemtándonos las manos llenas de sabañones.

Hoy gracias a Dios todo aquello quedó olvidado, porque lo malo se olvida pronto, y aquellos tiempos de miseria y privaciones parece que nunca pasó por la aldea.

Recuerdo una vez que en plena noche de reyes me pareció escuchar que entraban por la ventana, del miedo y los nervios solo atiné a meterme bajo las mantas lo más acurrucado que pude. Pero lo mejor fue cuando al despertarme muy temprano por la mañana corrí a ver si me habían dejado todo lo que les había pedido y me encontré con unos calcetines y un montón carbón. ¡Que desilusión señor! En aquellos momentos solamente me dio por llorar, no solo por la impotencia si no también porque no había ningún juguete y demasiado carbón. Porque yo siempre pensé que era un buen niño.

Hoy me doy cuenta de que aquellos calcetines hechos por la tía Dosinda con todo el cariño del mundo era precisamente lo que más falta me hacía en aquellos momentos de intenso frío.

Ojalá los niños nunca pierdan la inocencia, esa palabra que parece ya olvidada por esta nueva sociedad tecnológica que nos domina a diario hasta cuando estamos a solas.

Un saludo para todos y espero no haberles molestado con mi historia.

(Este relato tambien fue publicaco en el blog de EIRADELA)

La inocencia es tan necesaria en la vida de los niños como la luna en el cielo, que aunque nos parezca pequeña es siempre inprescindible.

La inocencia es tan necesaria en la vida de los niños como la luna en el cielo, que aunque nos parezca pequeña es siempre inprescindible.


LOS “CULO DE HIERRO”

noviembre 17, 2014

En los años que yo trabajaba en los ómnibus de Montevideo había muchos compatriotas que hacían ese mismo trabajo en las distintas empresas que había en la capital de Uruguay, Cutcsa, Come; Coetc, Ucot, etc.

Isuzu de la empresa Come (años 60)

Isuzu de la empresa Come (años 60)

Hacíamos muchas horas para poder sacar una mejor mensualidad y nuestras vidas transcurrían mas tiempo dentro de los vehículos que en nuestras propias casas.
Dentro de esa colectividad había quienes trabajábamos más o menos horas semanales pero existían unos cuantos que prácticamente vivían en su puesto de trabajo, a esos los llamábamos “Los culo de hierro”. Esa denominación era debida a que casi todos eran conductores y al tener que pasar la gran parte del día sentados al volante a algún espabilado se le ocurrió que debían de tener el trasero duro como el hierro.

Bus Aclo (años 60) de la empresa Coetc en el que yo trabajé muchas horas y durante muchos años.

Bus Aclo (años 60) de la empresa Coetc en el que yo trabajé muchas horas y durante muchos años.

Pero eso no solamente pasaba en el transporte colectivo si no también en todos los sitios en donde algún gallego trabajaba, bares, panaderías, zapaterías, construcción, etc. Si en el lugar de trabajo no se podían hacer horas extras se buscaban otro donde trabajar el resto del día. Así que las jornadas se hacían siempre largas y con el único fin de poder hacer un poco más de dinero y ahorrar para poder regresar a la patria.
La fama de trabajadores que los gallegos nos logramos acreditar fue la razón de que siempre se nos ofertaran trabajos que bien sabían cumpliríamos de todas todas y sin rechistar.
Pero eso también traía una consecuencia añadida y era la de la explotación y la de que a sabiendas de que nunca serían denunciados los empleadores, los gallegos trabajábamos a bajo coste y de forma interminable.
Felizmente ya se acabaron esos días y hoy la cultura de los nuevos gallegos les hace ser igualmente buenos trabajadores pero no esclavos de gente explotadora y sin escrúpulos.
No quisiera acabar este artículo sin dejar de admirar y comprender a todos aquellos que lo dieron todo para lograr una mejor situación económica o volver a la patria con unos cuantos duros más.

 

Viejo ómnibus Leiland (años 40)  de la empresa Cutcsa.

Viejo ómnibus Leiland (años 40) de la empresa Cutcsa.


EMIGRACION Y MORRIÑA

octubre 2, 2014

Existen dos palabras que defines muy bien al pueblo gallego, “emigración y morriña”.

Quizás por ser siempre el único escape posible a la miseria agraria la primera de las palabras va asociada a cada una de las familias que vivieron o viven aún en nuestra tierra.

Ese escape, esa única forma de labrarse un porvenir y lograr hacer posible los sueños de miles de hombres y mujeres se llama “emigración”. Somos quizás los gallegos el máximo exponente de esa forma de vivir, de donde se pueden sacar las más variadas conclusiones y motivos que hacen que alguien esté dispuesto a dejar su tan querida tierra y jugarse a cara o cruz todo el tiempo que le queda por delante.

El apostol Santiago, Santo patrón de todos los gallegos

El apostol Santiago, Santo patrón de todos los gallegos

Así es que la palabra “gallego” es conocida en todas partes del mundo, aunque muchas veces asociada a la miseria y lo vulgar y no precisamente a lo positivo y próspero.

Eso es debido a que durante cientos de años los gallegos que llegaban a lejanos lugares de la tierra eran en su mayoría gentes de aldea. Muchos a penas podían escribir su nombre y la pulcritud y buenos modales no eran su parte fuerte precisamente.

Pero si se les asoció enseguida con el afán de progreso, con la honradez y la lealtad hacia sus puestos de trabajo. Sin duda con el tiempo se hicieron un lugar dentro de las más variopintas sociedades y su integración casi siempre fue total.

Trabajadores, leales, incansables, siempre tratando de prosperar y de formar y sacar adelante a la familia, esos fueron los mejores elogios recibidos y siempre lograron ser aceptados en todas partes como uno más del conjunto de los pobladores.

Por otra parte junto con cada emigrante viajaba un sentimiento que solamente los gallegos sabemos explicar, “la morriña”.

¿Que es la morriña? Pues quizás la mejor manera de saberlo es sentirla, es vivirla dentro de uno mismo. Sería muy difícil de que alguien que no tenga dentro de sus venas o entre sus antepasados a un emigrante gallego pueda comprender ese sentimiento de querer estar siempre en el lugar en que se nació y saber que no es posible. El llevar en si los sentimientos que existen dentro de las paredes de una vieja casa de aldea. El constante deseo de volver, un día y otro, durante toda una vida sin poder lograrlo.

 

emigracion

La morriña es el alma de los gallegos emigrantes, el aire que respiran cada día, el cordón umbilical que les une a esas tierras verdes y lejanas pero que a pesar de la distancia está al alcance de la mano en cada recuerdo, en cada lágrima derramada y que sale de dentro del corazón y de la razón.

“Emigración y Morriña” ese siempre será nuestro legado, porque aún hoy y cuando las distancias son mucho menores, el gallego que se va de su tierra lleva siempre dentro de su alma esas dos palabras escritas a fuego de la misma manera que muchos otros y durante muchas generaciones lo hicieron.

ROBERTO GONZALEZ


GALLEGOS EN LOS LUGARES MAS INSOSPECHADOS

abril 3, 2014

Todos debemos conocer el chiste que dice que cuando los primeros astronautas llegaron a la luna se encontraron con un gallego afilador que les quería afilar el coete.

Pues nada debería sorprendernos ya en cuanto a que nuestra estirpe, se haya esparcida por los más recónditos lugares de este mundo.

Cuando el hacer un viaje oceánico era cuestión de meses, o años, los gallegos logramos llegar muy lejos siempre buscando un mejor modo de vida.

Centro gallego Mexico

Así es que tanto en la Patagonia argentina como en el altiplano boliviano, en los llanos venezolanos, en las selvas de Centro América y en las vastas regiones de América del norte toparemos con algún gallego al que el destino y la fuerza de querer mejorar llevaron hasta allí.

Ni que hablar también de Europa, aquella marea que en los años sesenta y setenta fue la mano de obra barata de nuestro continente llevó a que en toda la geografía de nuestro continente la semilla galaica lograra enraizar.

También en Australia la colonia de gallegos es grande, en todas las ciudades de la isla continente existen agrupaciones y centros gallegos que así lo avalan.

Centro gallego Mar del Plata

Asia es por su lejanía y diversidad de culturas e idiomas el lugar en donde menos compatriotas hay. Quizás en la actualidad el desplazamiento rápido y la cultura de nuestros gallegos de hoy les haga llegar a esos lugares antaño difíciles.

Pero así a todo no olvidemos que Filipinas fue colonia de Nuestro país y en ella también dejaron aquellos colonos, militares y gobernantes gallegos su legado.

Centro gallego Montevideo

Así es que lo del chiste del principio no deja de estar un poco acertado en el concepto de que nuestra “raza” a través de los siglos siempre fue, y seguramente seguirá siendo, cuna de aventureros y trabajadores incansables.