ULTIMO DESEO

noviembre 17, 2016

Hace unos años, cuando mi madre murió, en el momento de ir a ala funeraria, en Barcelona y de contratar los servicios pertinentes para el entierro, me llamó la atención la pregunta que me hizo la señorita que me atendía: “¿Su madre era gallega verdad?” al contestarle afirmativamente continuó preguntando: “¿Y como es que no la llevan a enterrar a Galicia?” A quedarme callado sin saber que contestar fue ella la que continuó hablando: “Se lo comento porque casi todos los gallegos quieren ser enterrados en su tierra y me llama la atención que usted no pida el traslado al pueblo”.

Mire señorita, mi madre era gallega y muy gallega, pero de eso nunca nos dijo nada y para que no hablemos más del asunto sepa usted que nuestro propósito es el de incinerarla y luego si así lo decidimos los familiares llevaremos sus cenizas para Galicia, o no”.

Luego de un largo silencio se limitó a comentar en voz baja: “Perdone si le he molestado pero como usted comprenderá tengo la obligación de ofrecerle los servicios pertinentes de la empresa para el traslado….En una palabra nos incitan a ofrecer a los gallegos la opción del entierro en su patria”.

Desde entonces he pensado que quizás los gallegos seamos los más interesados de que una vez muertos se nos entierre en tierras gallegas. Y me pregunto el porqué. A lo mejor es por morriña o por el deseo incumplido del regreso…a lo mejor quizás lo llevamos en los genes sin saberlo.

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Cada año hay en Galicia cientos de entierros de gente muerta en distintos lugares del país y del mundo. Desde los más recónditos lugares los hijos trasladan a sus padres al cementerio parroquial en el que reposan los antepasados, por deseo explícito del fallecido. Eso es una cosa tan común que en nuestra tierra ya se tiene como habitual.

La gente acude a los entierros como a un rito, sin conocer muchas veces al difunto, simplemente porque era pariente de alguien o porque llevaba muchos años fuera y llegado el triste momento pidió que se le trasladara al pueblo.

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¿Que nos habrá dado esta tierra para quererla tanto? ¿Será acaso la sangre celta o el embrujo de las meigas que nos hace querer regresar aún tras la muerte? Sinceramente no lo se, porque si lo miramos fríamente esta, nuestra patria, solo nos dio una oportunidad, la de emprender el camino para ganarnos la vida lejos, para escapar de la miseria y el hambre, de la pobreza y el desamparo institucional.

Pero, cual perro que lame a su amo después de una paliza, los gallegos vivimos pensando en nuestra tierra , la queremos, respetamos y deseamos regresar a su lado como si ella fuese la mejor madre del mundo. Nuestro amor por Galicia es incondicional, fiel y eterno , como deben de ser los amores de verdad, los que duran toda la vida o a lo mejor eternamente.

Alguien debería estudiar este tipo de amor… podríamos llamarle “amor galaico”. El nombre ya lo tenemos, ahora solo falta quien se interese y tenga tiempo para meterse dentro de nuestra psiquis colectiva.


ABRAMOS LAS PUERTAS

octubre 18, 2016

A los gallegos, por lo general, nos cuesta mucho demostrar los sentimientos y más aún delante de terceras personas.

Pero aunque eso nos haga parecer más fuertes, muy dentro de nosotros nos sentimos frágiles y débiles, precisamente por no saber o no querer demostrar lo que llevamos dentro.

Es justamente por eso que existe la “morriña”, sentimiento puramente gallego al que nadie que no porte nuestra sangre es capaz de entender y menos de experimentar.

Por eso nuestras lágrimas a escondidas o en la oscuridad de la habitación al recordar a los seres queridos que tanto añoramos y no están a nuestro lado.

Por eso nuestras ganas, siempre a flor de piel, de regresa al pueblo y sentirnos parte de él al pisarlo, olerlo, tocarlo, respirarlo….

A lo mejor eso es precisamente lo que nos hace sentimentalmente diferentes a muchos otros, el no saber sacar hacia afuera todo lo que llevamos dentro. Quizás eso forme parte de lo que nos hace ser gallegos.

Sigamos siendo gallegos como siempre, pero hagámoslo demostrando a los que nos rodean todo eso que sentimos. Abramos las puertas de nuestro corazón, demostremos que somos capaces de ser sentimentales y fuertes a la vez. Haciéndolo seguramente nos hará ser más felices y también nos hará mucho bien.

———————————————————————————————————    ROBERTO GONZALEZ

Nuestra música si que es puro sentimiento!!

Nuestra música si que es puro sentimiento!!


COSAS NUEVAS

abril 15, 2016

En las grandes olas emigratorias gallegas, la mayoría de gentes eran, como ya todos bien sabemos, del entorno rural. Debido a la deprimente situación económica de Galicia y el reparto de las tierras entre los herederos el minifundismo acabó por deteriorar aún más la ya mala situación social.

Aunque la gente que emigraba no era de una cultura alta casi todos sabían lo principal, o sea, leer y escribir, así como hacer los cálculos básicos, pero el aislamiento hacía que del mundo exterior solamente se supiese algo por los familiares, amigos o vecinos que desde la distancia daban noticias del entorno en que estaban viviendo, muchas veces inexactas.

Así era que nada más salir de las aldeas las experiencias nuevas y lo desconocido se dieran de frente con aquellas buenas gentes del campo. Casi todos a lo largo de los años quedaron marcados por alguna de esas experiencias y solamente cuando se juntaban entre ellos sacaban a relucir a modo de anécdota o broma.

Una de esas cosas, quizás la de más impacto para la mayoría, era el ver a la primera persona de color negro. Esa visión o encuentro siempre fueron de los más repetidos entre los gallegos por la simple razón de que eran muy pocos los que a lo largo de su vida habían visto con anterioridad a nadie de color.

La primera vez que vi a un negro, me lo quedé mirando tan fijamente y con los ojos tan abiertos que acercándose a mi me preguntó si me pasaba algo” Decía un paisano de Lugo. “ Pues yo me asusté cuando los escuchaba hablar porque pensaba que no hablaban y solo sabían hacer ruido como los monos” Dijo otro. “No podía dejar de mirarles el cuello de la camisa porque pensaba que desteñían” Comentaba siempre mi tía Dorinda. “A mí me parecía raro que cantaran y bailaran como los demás, porque siempre pensaba que solo sabían trabajar”. Contaba un compañero que era de Verín….

Los africanos llegaron a América como esclavos, pero con ellos llevaron tambien sus costumbre y su cultura que hoy forman parte de todo ese continente.

Los africanos llegaron a América como esclavos, pero con ellos llevaron tambien sus costumbre y su cultura que hoy forman parte de todo ese continente.

El primer negro que vi yo fue en el puerto de Santos, donde hizo escala el barco. Recuerdo que mi madre y yo estábamos en la barandilla de cubierta mirando el movimiento de gente y mi madre me cogió fuerte contra sí y dijo en mi oído “¡Neno, mira pra baixo, que alí ven un home negro!” Yo miraba y remiraba pero no lo podía ver, pero de repente escuché un grito que llamaba la atención diciendo: “¡LIMOADA!” y entonces lo vi. Caminaba entre los pasajeros y trabajadores portuarios con un recipiente a sus espaldas ofreciéndoles la limonada fresca que dada la temperatura del lugar era el mejor de los refrescos.

Durante un buen rato le seguí con la mirada, pero a penas pude verle bien porque entre la lejanía y el barullo eso era imposible. No fue hasta nuestra llegada a Montevideo que vi uno “de verdad” y sinceramente no me pareció nada del otro mundo. Días mas tarde al incorporarme a la escuela fui compañero de clase durante tres años de un niño de color negro que se llamaba Pereira de apellido, fuimos buenos amigos y disfrutamos muchas horas de patio y partidos de futbol a la hora del recreo.

Quizás haya muchas otras cosas que impactaron a los emigrantes gallegos, la comida, las costumbres, las gentes de otros lugares del mundo conviviendo en un mismo espacio, el mate, etc. etc. Pero como la de ver a la primera persona negra creo que ninguna impactó tanto a los galleguiños de aldea.


REFEXION

septiembre 3, 2015

La emigración es una consecuencia directa de la economía, de la desigualdad social y de los nulos intereses políticos en mejorar la situación de la gran mayoría de habitantes de un país.

Mientras las minorías acomodadas de la sociedad traten de seguir manteniendo su estatus a costa de lo que sea, sin mirar las consecuencias que para el resto de la gente eso trae, mejor dicho mirando para otro lado o haciendo la vista gorda, dejando los sentimientos a un lado, la cosa no tiene miras de mejoría a corto plazo.

Todos los países que fuimos fábrica de emigrantes y en los que la economía estuvo hecha trizas durante largos años seguimos conservando a aquellas familias pudientes que no supieron en ningún momento lo que era la miseria y menos aún el hambre.

Hoy algunas de esas familias son las que rigen la economía y el gobierno de esos países que ellos mismos destrozaron un día y de los que piensan seguir subsistiendo por muchas generaciones más, cueste lo que cueste.

Las guerras son siempre causa de emigración, casi siempre por miedo a perder la vida, porque lo económico deja de ser importante en esos casos y la salvación es la única meta a seguir.

Hoy seguimos viendo por la televisión a esas personas que lo dejan todo atrás para poder “vivir” en paz y poder llevarse un trozo de pan a la boca. Nosotros que también pasamos por esas circunstancias nos convertimos en simples espectadores del telediario y pensamos de manera egoísta que eso no nos incumbe, que nos es lejano y que nada podemos hacer por solucionarlo.

No hay mayor ciego que el que no quiere ver, y eso nos está pasando, no queremos ver, nos negamos a sentir y a tratar de presionar a las potencias mundiales a que acaben con estas guerras fraticidas e inhumanas que son simplemente una forma de hacer dinero y aumentar el poder.

Estas gentes no son “emigrantes” al uso, son desesperados que creen que nuestra sociedad, avanzada y humana, les puede ayudar a vivir unos cuantos años más en paz. Pero los que nos creemos reyes de la democracia y ejemplo para el resto del mundo, somos simplemente seres humanos que piensan en lo suyo y nada más.

Desde este modesto lugar hacemos un llamamiento a quienes gobiernan los países occidentales a que de una vez por todas pongan solución a las injusticias sembradas por el mundo que son nada más ni nada menos que semillas un día plantadas y que hoy germinan y crecen sin control.


EL RETORNO DE LOS DESCENDIENTES

junio 28, 2015

Hoy por todas partes de nuestro país podemos encontrar a gente emigrante que al igual que nosotros hacemos desde siempre, se instala en estas tierras para así poder ganarse la vida lo mejor posible.

Muchos de ellos son descendientes de aquellos gallegos que un lejano día emprendieron un camino que ya no tendría retorno. Esos “nuevos gallegos” se integran fácilmente en esta sociedad y pronto forman parte de la marea de gente anónima que por las calles nos cruzamos sin apenas mirar.

Pero cuando existe una relación directa con alguno, es entonces cuando nos damos cuenta de cuantas cosas nos unen. Nos cuentan de que sus padres o abuelos le hablaban, con los ojos humedecidos, de su querida Galicia, de la aldea, la gente,el trabajo en el campo y sobre todo de la familia. El sentimiento que sus antepasados le legaron para con la patria viajó con ellos y de alguna manera al pisar los lugares que una vez aquellos dejaron también, junto con los descendientes, regresaban de alguna manera.

Personalmente me gusta pensar de que con el retorno de los descendientes de la emigración la vida quiere recompensar a los que nunca volvieron, que sin duda alguna murieron pensando en la patria lejana, en su Galicia del alma y desde el lugar en dónde se encuentren se sentiran reconfortados al saber que su sangre vuelve a estar pisando tierra gallega.

Viejo camino de la Galicia ourensana

Viejo camino de la Galicia ourensana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


REGRESO A MONTEVIDEO

marzo 15, 2015

Treinta y un largos años han pasado desde aquel lejano día de abril en que dejé atrás la que fuera mi segunda madre patria, Uruguay.

Siempre por una u otra cosa fui postergando el regreso, primero por trabajo, luego por salud y hasta alguna que otra vez por desidia. Pero como todo en la vida llega, también llegó el ansiado día del reencuentro con una ciudad, unas costumbres y unas calles que fueron mías mucho tiempo atrás y que nunca dejaron ni dejarán de serlo jamás.

Playa y Rambla Pocitos

Playa y Rambla Pocitos

En treinta años las cosas cambian y en esta ocasión para bien, Montevideo está remozada, dinámica, alegre, las personas no parecen sentirse mal con el entorno y eso siempre es positivo. Lejanos quedan aquellos años de dictadura que a todos nos tenían con la soga al cuello, ya no existe el miedo de ser parado, encerrado y torturado sin razón alguna aparente, el temor dejó sitio a la esperanza y esta como hierva mojada nunca deja de crecer cuando el tiempo la ayuda.

Es verdad que algunas cosas siguen como las dejé, son las menos, eso es cierto, pero en algunos barrios no parece haber pasado el tiempo. En el mío por ejemplo todo está tal cual, las calles, casas y árboles parecían reconocerme al pasar. Pero ya no estaban los antiguos vecinos, los que eran como de la familia, los que siempre tenían algo que comentar y que enseñar a un joven como yo en aquellos días. Sin embargo, los vehículos ya no son viejas reliquias, frente a las casa hay coches nuevos y eso quiere decir que la situación dentro de ellas es mejor que en aquellos tiempos.

Aspecto de parte de la Rambla

Aspecto de parte de la Rambla

Desde la Fortaleza del Cerro de la ciudad se puede ver en vista panorámica todo el progreso llegado día tras día y que está representado por nuevos y amplios edificios, una rambla que es de admirar, un puerto con cruceros, nuevos y amplios hoteles y sobre todo trabajo.

Llegar, como yo lo hice, en pleno carnaval es algo que pone los pelos de punta, el sonar de los tamboriles, el canto inconfundible de las murgas, humoristas, parodistas, etc, todos se mezclan y deleitan durante más de un mes a quienes siempre están deseando que lleguen estas fechas para llenar, si cabe, su cara y su corazón de una sonrisa mejor.

Vista desde el Rio de la Plata

Vista desde el Rio de la Plata

Me llamó mucho la atención la gran cantidad de murales callejeros que hay por todas parte. En cualquier muro o sitio que se precie alguien, casi siempre con muy buen criterio, deja su firma de artista anónimo en imágenes que siempre quieren decir algo. Siento felicidad al ver esto, porque treinta años atrás las paredes siempre tenían consignas políticas a favor de unos u otros, pero comparando una y otra cosa me quedo con la actual, por lo menos las paredes no despiden rencores ni frustraciones.

Mural dedicado a Las Llamadas (Museo del Carnaval)

Mural dedicado a Las Llamadas (Museo del Carnaval)

El reencuentro con aquellos que en Montevideo dejé fue alegre, sentimental y hermoso. Los abrazos de familiares, amigos y conocidos no dejaron de estar presentes en ningún momento. Una reunión de viejos compañeros del liceo emotiva y llena de anécdotas, me demostró que cuando en la juventud se hacen buenos amigos la distancia y el tiempo no logra que desaparezcan, todo lo contrario, hacen que sean como el buen vino, que siempre mejora con los años.

Cruceros en el puerto

Cruceros en el puerto

Volver a escuchar el quejido del Tero, el olor a hierva mate y a bizcochos recién hechos. Meterme en un ómnibus en plena hora punta, apretujado y sudoroso, oír en la distancia le melancolía de un tango, ver la Cruz del Sur y las Tres Marías en la oscuridad de la noche. Todas esas cosas, casi olvidadas ya, me hicieron sentir un poco más joven y otra vez montevideano.

Vista de la ciudad

Vista de la ciudad

Las despedidas siempre son triste, por eso esta vez no quise despedirme, solamente emprendí un viaje al otro lado del mar que pronto desandaré otra vez, porque no pasarán tantos años como en esta ocasión pasó, no, regresaré a Montevideo mucho antes de siquiera poder darme cuenta.


DEL ARADO AL “V 8”

enero 17, 2015

Bien es sabido que la emigración gallega en su mayoría fue del ámbito rural. La extensión del minifundio, el poco rendimiento de las tierras, el poco trabajo y el estancamiento de Galicia hicieron que sus hijos emprendieran el camino de la emigración, no importaba el lugar ni los riesgos, todo era mejor que seguir siendo esclavo de una situación que no tenía visas de mejora.

Los sueños de cada una de esas personas que decidían marcharse no eran muy distintos unos de los otros, simplemente se trataba de mejorar económicamente, juntar dinero y regresar a casa para dar un empuje a lo que habían dejado atrás.

La mayoría de esos gallegos aventureros acabaron trabajando en oficios y lugares que nunca se habían imaginado. La tan fácil fortuna no lo era tanto y el poder salir adelante era cosa difícil y complicada que nunca se decía a los que en la aldea se quedaban.

Con el pasar del tiempo la situación mejoraba. Con largas jornadas de trabajo y sin descanso las metas se iban logrando pero fueron muy pocos los que hicieron esa tan deseada fortuna que fue la meta de todos en un principio.

Los pocos afortunados se hicieron un hueco en la sociedad comercial del país de residencia y lograron tener buena casa, una familia de alta sociedad, varios negocios, inversiones y coche.

Al formar parte de la “alta sociedad” una delas cosas que a simple vista hablaba de la situación de su dueño era precisamente el coche. No podía ser cualquier coche, todo lo contrario, tenía que ser un “gran” coche, cuanto más caro mejor. Un Mercedes, un Cadillac, un Rolls Royce, de primera linea y con el mejor de los motores, un “V 8”, porque el consumo era lo de menos. Y si se quería ostentar en gran forma debería tenerse chófer, por supuesto.

Esos pocos afortunados no se codeaban con sus paisanos porque eran de poca categoría y nunca saldrían de donde estaban por mucho que lo intentaran. Así fue que amigos y familiares dejaron de serlo y otros con mucha más categoría ocupaban esos lugares aunque fuera superficialmente.

Muchas veces me he preguntado si esos gallegos querrían a su patria como los demás la queríamos, si añoraban la aldea y los campos verdes, la niebla, la lluvia, el mar y el monte. Nunca lo pude saber a ciencia cierta porque poca relación pude tener con los “afortunados” que llegué a conocer.

Y en mis adentros pensaba que a lo mejor ese emigrante que viajaba en su gran “V 8” quizás se acordaría a diario de que no hacía tantos años llevaba entre sus manos un arado tirado por las vacas de la casa familiar, haciendo surcos para sembrar la próxima cosecha que mitigaría el hambre un año más.

Arando en la aldea.

Arando en la aldea.