LA MUERTE DE UN PAISANO

Los emigrantes gallegos de antaño, los que cruzaban mares y descubrían que había otros modos de vida muy diferentes a los de la aldea, cuando se adaptaban, integraban y fundían en su nuevo entorno formaban parte de un grupo que al igual que ellos había dejado muy atrás un familia y unas costumbres ancestrales.

Era precisamente por eso que había cierto vínculo afectivo que les unía sin siquiera conocerse bien del todo ni formar parte de familia alguna.

Siempre era bienvenido un paisano nuevo al entorno, con su historia particular y sus objetivos a cumplir. Los años hacían que esa afectividad se incrementase hasta llegar a sentirse verdaderos familiares entre ellos.

Pero si en un lugar se coincidía y se hacía mas patente esa unión era cuando alguno de la comunidad emprendía el camino final de la vida y dejaba para siempre de este lado sus sueños y añoranzas muchas veces incumplidas.

Cuando un paisano se moría de alguna forma todos los demás también lo hacían, quizás por pena, por respeto o simplemente por verse reflejados en una realidad que a todos les llegaría. Un poco del al ma de los gallegos amigos o familiares también dejaba este mundo y emprendía aquel que nunca tiene regreso.

Junto con ese amigo se marchaban sentimientos comunes, momentos íntimos y muchas veces tardes de confesiones y llantos que habían pasado ya a formar parte de algo lejano y difuso.

Junto al cuerpo del que se marchaba se hacían reencuentros entre quienes mucho tiempo hacía que nada de ellos se sabía a ciencia cierta y los que seguían en donde siempre estuvieron. Se avivaban aquellos sentimientos de amistad y se pensaba, aunque no se decía, en que en cualquier momento sería uno mismo el que sería despedido y llorado.

Con el tiempo y con los años la colectividad fue mermando, los gallegos fueron a menos y los entierros también, pero en cada uno siempre se tenía presente a todos los que año tras año fueron dejando este mundo para vivir del otro lado todos los sueños incumplidos y nunca logrados.

Viejos carballos, testigos de las vidas de los gallegos que se quedaron

Viejos carballos, testigos de las vidas de los gallegos que se quedaron

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