HISTORIAS DE AFILADORES

Sin duda alguna las historias particulares de los afiladores ourensanos serán infinitas, por las distintas condiciones de trabajo de cada uno y los lugares tan diversos en que se hicieron presentes durante muchos años de profesión interrumpida.

A mi llegaron algunas , las que mi padre me contó cuando hablábamos de sus años de afilador,paragüero y zarralleiro” y creo que sería oportuno el contarlas para que no quedaran en el olvido. Así que allá van.

AFILADOR EN EL TREN:

Durante uno de los tantos desplazamientos que se hacían para ir de un lugar a otro a ejercer el oficio, uno afilador se subió en uno de aquellos trenes vetustos y lentos con su rueda de afilar. Como no podía meterse dentro del vagón con su “tarazana” se quedó de pié en el sitio que hay entre los dos vagones, donde hay poco espacio y mucho ruido. Allí se dispuso a hacer el trayecto tratando de descansar sobre la rueda de afilar para mitigar el cansancio de ir tanto tiempo en la misma postura.

Pero he aquí que un paisano que se cambiaba de vagón al verle le preguntó si podía afilarle su navaja de pastor a lo que el asintió y de inmediato se puso a sacar chispas de la piedra. A los pocos minutos ya había concluido y tras cobrar el servicio el cliente siguió camino…pero al poco tiempo apareció otro con un cuchillo y una mujer con una hoz y un peluquero con su navaja de afeitar, así fué que durante todo el trayecto no hizo nada más que trabajar, saliéndole más a cuenta el traslado que un día entero en un pueblo.

EL RECLAMO:

Sabido es que el reclamo de siempre de los afiladores es el “chiflo”, en todo el mundo es conocida la musiquilla de los afiladores y a ella se la relaciona siempre con el afilado y la reparación de paraguas.

En uno de esos días en que la cosa no pintaba bién y el trabajo no salía, el afilador decidió sumar a su chiflo el decir a voz en cuello el trabajo que realizaba, despues de interpretar su parpitura gritabas:  ¡¡¡ “AFILADOR Y PARAGÜERO”!!!, así durante un buen rato hasta que ecucho una voz de una mujer que cada vez que él decía su “afilador y paragüero” le contestaba, ¡¡¡”QUIERO CAGAR Y NO PUEDO”!!!, sin saber quien lo hacía ni de donde salía la voz siguió su camino pero la contestació a su llamada era siempre constante y no cesaba. Desesperado ya con tanta tomadura de pelo no supo otra manera de cesarla que también él contestarle a ella de la siguente manera:

Decía el afilador: ¡¡¡”AFILADOR Y PARAGÚERO”!!!

Contestaba la voz: ¡¡¡”QIERO CAGAR Y NO PUEDO”!!!

Y volvía a decir el afilador: ¡¡¡”PUES… PÚRGATE PUTA”!!!

Despues de que el “naceiro” contestó un par de veces de esa forma ya no se escuchó la voz…¡¡Santo remedio!!

EN LAS FAVELAS:

Llegado a Río de Janeiro un afilador se encontró con otro y este le puso en situación diciéndole que la ciudad estaba ya repartida por los afiladores y que si trabajaba en la zona de alguno seguramente tendría problemas, por lo tanto le aconsejaba que se fuera de allí para otra ciudad en donde la competencia no fuera tanta.

Sin dinero y sin conocer a nadie ni nada del país el recien llegado le rogó al veterano que le hicieran un lugar aunque solamente fuese para empezar y hacer unos cruceiros, el otro se le acercó y a media voz le dijo: “El único lugar en el que nadie te hará competencia es el las favelas, porque allí nadie entra”:

Así fué que el afilador emprendió camino y sin saber bien a donde se dirigía se adentró en una de las favelas que rodean la ciudad. Así como entró ya fué rodeado por un montón de niños que nunca habían visto a nadie detrás de tan raro instrumento de trabajo, además el sonido del chiflo era un reclamo para todas las gentes que se le acercaban y preguntaban que era lo que hacía, no tardó en hacerse entender ya que el gallego y el portugués hijos de la misma madre son, pero la gente se resistía a darle trabajo.

Sin saber de donde apareció a su lado un mulato enorme que cuchillo en mano le dijo que se lo afilara, así a las bravas, sin siquiera preguntar por el precio del trabajo. El afilador lo hizo y le entregó el cuchillo a su dueño, este lo examinó y provó sobre uno de sus antebrazos, mirando el hilo de sangre que salía de su piel le miró a la cara y le dijo: “Este puñal ya lleva matado unos cuantos hombres…por eso es que siempre lo tengo que tener a punto”. Y sin decir nada más se dió la media vuelta y se marchó por donde había venido, el naceiro no fué capaz de articular palabra alguna y le dejó marchar.

A partir de ese momento la gente se le acercó con sus cosas para afilar y durante todo el día casi no se movió del sitio, fué un día bueno de trabajo, desde entonces su territorio de trabajo fueron las favelas y allí se ganó la vida durante muchos años…porque el Rey de las favelas había sido su primer cliente y había dado la orden de que nadie se metiera con el ” gallego afilador”.

LA FRONTERA:

Exite una frontera entre Uruguay y Brasil que es una simple calle, eso sucede entre las ciudades de “Rivera”, en Uruguay y “Santana do Livramento”, en Brasil, las gentes de uno y otro país la cruzan y hacen sus compras y negocios en uno u otro lado sin ningún problema.

Hasta Santana llegó un afilador con la intención de trabajar y así lo hizo durante algún tiempo, pasando con su rueda de un país a otro y cobrando en cualquiera de las dos monedas, uruguaya o brasileña sin ningún tipo de problemas.

Un buen día decidió seguir camino y adentrarse en territorio uruguayo para trabajar en pueblos y estancias. Detrás de su rueda salió de la ciudad de Rivera y cual fue su sorpresa cuando un par de quilómetros mas adelante se encuentra con el puesto fronterizo. Los policías allí apostados le dieron el alto y despues de pedirle la documentación y ver que estaba en regla le comunicaron que podía seguir camino pero sin ese artefacto tan raro que llevaba porque no sabían lo que era. En vano trató de explicarles su utilidad y la razón por la que no podía irse sin su rueda, inclusive les hizo una demostración afilándoles algunas cosas sin cobrarles, pero na negativa fue su única respuesta.

Regresó a Santana y malhumorado se sentó en un bar a recapacitar y maldecir su situación. El dueño del establecimiento que ya le conocía de haberle visto por allí,  le preguntó que era lo que le pasaba y luego de escuchar las razones del afilador le dijo: “Si usted quiere por unos pocos cruceiros yo le pongo la rueda de afilar del otro lado y no tendrá ningún problema”. Llegaron a un acuerdo y allí se quedó la rueda de afialar, en el fondo del bar, esperando ocontecimientos.

Al día siguiente el afilador cruzó la frontera y se puso a esperar que apareciera alguien con la rueda. Pasada una hora mas o menos aparció un niño con una mula y encima de ella la rueda de afilar, al llegar al puesto fronterizo se paró y dejó caer un sobre al suelo, mientras lo recojía el policía el niño siguió camino y cruzó la frontera. Cuando llegó junto al afilador le dijo: “Aquí tiene su instrumento, pero si quiere que le ayude a bajarlos serán 10 cruceiros”.

Una vez abajo la rueda el naceiro siguió camino y nadie se metió con el en todo el tiempo que estuvo trabajando en tierras uruguayas.

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