SOBRES ENLUTADOS

Durante muchos años la única comunicación existente entre los emigrantes y sus familias fue la de las cartas.

Al principio la correspondencia era muy lenta porque se hacía por medios navales y sabido es que según el lugar donde se hubiese establecido el emigrante y la comunicación naval que existiese con España hacía que a veces una carta tardase en llegar a su destino muchos días o quizáz meses. Si a eso sumamos el regreso de la contestación era muy poca la comunicación y por eso las noticias llegaban tarde y mal al destinatario. Las urgencias no existían y muchas veces se perdía el contacto durante años porque el destinatario de la carta había cambiado de domicilio o incluso de ciudad de residencia sin que sus familiares se hubiesen enterado.

Recuerdo que los sobres en aquellas épocas eran de un solo color, por lo general blancos, y no fué hasta la llegada de la correspondencia por medios aéreos que se cambió a otro tipo de sobre. Estos nuevos sobres eran con franjas de colores en los bordes y cada país tenía sus colores respectivos. El de España era con franjas verticales rojas y azules y cada vez que a casa llegaba alguno de ellos nos faltaba el tiempo para poder abrirlos y enterarnos de las noticias familiares.

Sobre aéreo español

Con el transporte aéreo los tiempos de envío se rebajaron mucho y en unos quince o veinte días la carta llegaba a manos familiares aunque el lugar de envío fuese lejano y apartado, las cominicaciones familiares fueron mucho mas fluidas y las noticias, fotos y documentaciones llegaban en un tiempo relativamente corto.

Si el material a enviar era de grandes dimensiones y no había sobres de avión lo suficientemente grandes para el contenido entonces se metía todo en un sobre monocolor y se debía especificar con grandes letras ” POR AVION ” sin esa especificación la carta se mandaba automáticamente por transporte marítimo con el consecuente retraso de tiempo en la entrega.

Pero existían tambien otro tipo de sobres, un tipo al que nadie esperaba ver llegar a su puerta y que sin embargo a casi todos alguna vez le llegó. Se trataba de los sobres blancos con borde negro, la simple franja negra auguraba malas noticias, dentro solamente había la confirmación de muerte de algún ser querido y abrir esa carta era algo doloroso y cruel sin saber aún lo que en ella se  decía.

Recuerdo la llegada a nuestra casa de una de ellas y antes de comenzar la lectura de la escueta misiva ya mis padres estaban llorando a moco tendido. Mi niñez en ese tiempo no me dejaba comprender que sin siquiera abrir la carta se supiese de antemano el desagradable contenido porque, despues lo supe, el sobre era ” de luto “.

Hoy que las comunicaciones han cambiado y que el contacto entre familiares es directo y las distancias parecen mucho mas cortas se ha dejado a un lado todo aquel mundo de cartas y paquetes, pero creo que no les debemos olvidar porque formaron parte de la vida de la emigración durante un largo periodo de tiempo en que el recibir una foto familiar en blanco y negro era toda una proeza.

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