GALLEGOS ESCLAVOS

Hoy cuando nos encontramos diariamente con gentes llegadas a nuestro país de lugares tan recónditos como India, Pakistán, Filipinas o China, no pensamos que hace apenas unas décadas fuimos los gallegos los que emprendimos caminos muy largos que nos llevaron a los lugares más recónditos del planeta.

Vemos que estos nuevos emigrantes se amontonan en pisos, juntándose decenas en una misma habitación y precisamente ese amontonamiento les hace que su integración no sea todo lo rápida que quisiéramos.

Pero sobre todas las cosas hay un detalle que poca gente sabe, porque no se ve, y es que muchos de ellos son traídos a Europa por mafias que les explotan durante años aludiendo una deuda de viaje y de mantenimiento que nunca termina. Eso se llama ” esclavitud “, sí, por raro que nos parezca a nuestro lado y de una forma masiva, a veces, viven gentes que son esclavos de mafias organizadas. Estas personas trabajan las horas que les ordenan, en lugares sin higiene, se prostituyen, o roban por cuenta agena, con la única consigna de satisfacer económicamente a “su amo”.

Claro que este tipo de situaciones siempre ha existido y en todas partes del planeta, el comprar a otro ser humano para que hiciera trabajos de forma obligada y sin remuneración alguna toda la vida fue un buen negocio…y lo seguirá siendo.

Pues por raro que nos parezca con nuestra emigración gallega también pasó el mismo caso, eso sí, no de forma masiva, pero varios de nuestros paisanos utilizaban a gente de su entorno en Galicia para que trabajara para ellos de forma barata y por mucho tiempo.

Esclavos negros en América

La forma era igual que la utilizada en nuestros días, se reclutaba a la gente de la propia aldea y de las vecinas que quisiera emigrar y no tuviese dinero para hacerlo y se los embarcaba con la promesa de trabajo y bienestar. Una vez en el país de destino se los acomodaba en un rincón y a partir del primer día pasaban a trabajar para su “benefactor” con la escusa de pagar los gastos adquiridos en pasage, estancia y comida diaria. Esta situación se alargaba en los años y mientras el benefactor embolsaba los beneficios los “paisanos” trabajaban de sol a sol y nunca acababan de pagar la deuda.

Otras veces se les obligaba a realizar delitos, eso si, de poca cuantía que no ensuciaban el nombre del patrón sino del empleado. Y que decir de las mujeres que fueron llevadas de la aldea al burdel, y de los niños que debieron trabajar a la par que sus padres para liquidar la deuda.

Nuestra emigración también tubo su ” zona oscura ” pero a nadie nos interesa reconocerla por lo denigrante y despreciable que ha sido. Bueno sería que nuestros descendientes supieran que no todo fue como se cuenta sinó que, como decía mi padre “de emigrante…¡ hay que pasarlas putas!”

Recolección y traslado de esclavos africanos

Cuando nos crucemos por la calle con esos emigrante que hoy nos rodean pensemos en que a lo mejor están pasando por lo que algunos de nuestros paisanos pasaron hace algunas décadas y que su situación es la de estar sometidos a las exigencias de quienes los pusieron en nuestro suelo y que en muchos casos el deseo mas ferviente de sus almas es el de regresar lo antes posible a su tierra y romper las cadenas que les atan a un lugar tan remoto del mundo con costumbres, gentes y forma de vivir que en nada les es familiar y que nunca compartirán.

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