LA EMIGRACION Y SUS CONSECUENCIAS (1)

Quienes de una u otra forma estamos ligados al fenómeno de la emigración sabemos que fueron muchas las causas que hicieron de ella una situación histórica, el minifundismo gallego, la falta de trabajo, la miseria, la poca producción de las tierras y hasta el analfabetismo masivo hicieron que las gentes de la Galicia rural se echara a los caminos que les llevarían hasta los lugares más recónditos de nuestro planeta.
Cada emigrante es una historia diferente y aunque las esperanzas de regreso con fortuna siempre fueron una meta generalizada no en todos los casos el regreso fue el final de la historia, muchas veces ocurría que esos emigrantes una vez establecidos en un nuevo país y despues de haber formado una familia o reclamado a sus mujeres e hijos, trataban de llevar a su lado a los familiares más allegados, hermanos, primos, cuñados y en algunas ocasiones reclamaban a su lado a los padres que habían quedado en la aldea haciendo su vida de siempre y esperando el regreso de los que se fueron, sin otra ilusión que la de seguir haciendo lo cotidiano hasta que Dios les llevara al otro mundo.
Precisamente en esta última situación quería yo hacer incapié, porque al haber sido testigo de ella y haberla vivido muy de cerca hace que despues de tanto tiempo pueda reflexionar sobre la situación con otra mirada, la mirada que dan los años, la experiencia y los sentimientos.
Cuando los hijos reclamaban a los padres despues de muchos años de emigración lo hacían con los mejores deseos hacia ellos, con la certeza
de darles un final de los días de plenitud y de buena vida, y así pagarles de alguna forma todo lo que en su día hicieron ellos por sus hijos, emigrantes o no.
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Recuerdo la llegada de esos viejecitos a un nuevo mundo lleno de prosperidad, de gentes extrañas y de agitación. Les puedo ver aún bajando del barco que les traía desde su Galicia amada, con sus caras de niños asustados, con sus vestimentas de aldea, ella totalmente de negro, guardando un luto eterno por los que ya se habían ido y él con su chaqueta gris, comprada para el viaje y su boina nueva, estrenada ese mismo día de la llegada. Cuando lograron poner pie en tierra su hijo corrió enloquecido a abrazarles, a besarles, y detrás de él todos los demás, nuera, nietos, familiares, amigos y algun que otro vecino de la parroquia. Sus caras eran inexpresivas y en ningún momento sabían quienes eran los que les abrazaban o hablaban a gritos, todo les era tan extraño, tan raro, tan loco, que sus ancianas cabezas no lograban centrarse. Finalmente el hijo les agarró del brazo y les guió hacia un viejo coche en donde ya estaban las maletas y así emprendieron su camino en un nuevo mundo al que deberían desde ese momento enfrentarse a diario.
De ahí en adelante y a pesar de los esfuerzos de los hijos y familiares para darles todo lo que en su mano estuviera y de que se sintieran felices y no les faltara de nada, la tristeza se instaló en aquellos dos viejecitos, aquel no era su mundo, allí solo había paredes y muebles, no se podía escuchar el canto de los pájaros por las mañanas ni respirar el fresco holor de la hierba recien cortada, no se sentían de utilidad, estaban dentro de una jaula agena y muy lejos de su aldea, pero lo peor de todo era que ellos bien sabían que nunca regresarían al lugar que tanto amaban y por el que habían luchado y trabajado durante toda su vida.
Cada día que pasaba se les hacía eterno, menos mal que se tenían el uno al otro, porque sinó nada en este mundo valdría la pena. Por las noches los dos por separado y amparados por la oscuridad de la habitación derramaban sus más preciadas lágrimas sin que el otro se diera cuenta, pero de nada les serviría el llanto, porque su destino estaba escrito desde el mismo día en que recibieron los pasajes para viajar al otro lado del océano, el destino habría de ser el de morir lejos de todo lo amado, lejos de su único mundo rural y puro.
Durante muchos años siguieron viviendo esa vida rutinaria y vacía, sin alicientes. Nunca dejaron de agradecerle al hijo su actitud hacia ellos y a pesar de todo lo que extrañaban jamás fueron capaces de hacer o decir algo que dañara la convivencia, ” es de bien nacído el ser agradecído ” se decían y de esa manera actuaron hasta sus últimos días.
Sus muertes fueron seguidas, con pocos días de diferencia, él primero y luego ella, los dos quisieron seguir juntos, hacer el camino hacia la eternidad en compañía, como siempre habian hecho. A veces me los imajíno a los dos cogiditos de la mano, ella vestidita de negro y él con su boina vieja, la de siempre, la que dejó colgada en la casa de la aldea, los dos caminando hacia el cielo, pero esta vez con caras llenas de felicidad porque ahora sabían que siempre seguirían juntos y ya nadie les apartaría de su mundo aldeano y rural.
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A pesar de que fueron pocos los padres reclamados por los hijos, no porque estos no quisieran hacerlo, sinó porque ellos casi siempre se negaron a viajar

Despedida de padre e hijo ( una foto que marcó mi vida )

, no deja de ser un elemento más a tener en cuenta en el tema de la emigración y no por raro deja de ser interesante.

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