MOMENTOS FELICES

Si en algo todos aquellos que somos emigrantes tenemos en común, es el inmenso deseo de regresar al lugar del que un día salimos y poder allí disfrutar nuevamente de momentos felices junto a los familiares, amigos y vecinos que nos vieron marchar.
Cuando emprendimos el camino…todo era incertidumbre, deseos de progreso y sueños por realizar.
Ya en nuestro destino lo importante y primordial era el poder trabajar, no importaban ni las horas de trabajo ni el lugar donde fuese, ni de lo que fuese, solamente trabajar y trabajar, día tras día, año tras año, para así de a poco ir mejorando, alcanzando metas, formando familia y tratar de llevarla a buen puerto, dar estudios a los hijos para que su futuro no fuera tan incierto como el que a nosotros nos había tocado vivir.
Trabajar….metas….futuro….vivir….así fueron pasando los años uno detrás del otro hasta que nuestro pelo se fué haciendo blanco y nuestras esperanzas de regreso se fundieron en el aire cual humo de cigarro. Luego llegó la jubilación, el cuidar de los nietos y contarle a estos las historias vividas en nuestros años jóvenes en el pueblo, historias que a nosotros nos llenan los hojos de lágrimas y nos encojen el corazón, pero que para ellos son solamente cuentos del abuelo, inventos de viejo, palabras en el viento.
Pero no todo en nuestras vidas de emigrantes fueron tristezas y trabajos, tambien tuvimos muchos momentos felices, momentos que siempre perdurarán que hicieron de luz al final del tunel. Hablo de todas aquellas cosas que muchas veces siendo pequeñas e impredicibles hicieron que no nos sintiéramos estar viviendo el destierro.
El encontrar buenos amigos, un buen trabajo, una compañera para toda la vida, un lugar donde vivir con ella, el primer hijo y tambien los otros que detrás vinieron a llenar la casa, el sentirse valorado, el proponerse llegar a la meta y poder contarlo, el llegar a viejo con la frente muy alta, el escuchar una gaita… y llorar a la vez, pero sin duda alguna el momento más felíz de todos fué el del día en que despues de tantos años logramos volver al lugar del que salimos una día ya lejano, pero nunca olvidado. Ese seguramente para todos los que lo vivimos fué el gran momento de nuestras vidas de emigrantes.
La felicidad de verse dentro del pueblo otra vez, de encontrarse con amigos de la niñez, ahora tan viejos como uno mismo, el recorrer otra vez la vieja casa de los abuelos, los olores, la luz del día, el agua del manantial, la misa de los domingos, el volver hablar gallego…tantas y tantas cosas…tantos y tantos pequeños momentos felices…

Un momento feliz....toda la familia en la mesa, el día del patron del pueblo


Momentos felices son todos aquellos que por una u otra razón hacen que el alma y el corazón sean una sola cosa, se fundan y hagan que la persona se sienta plenamente realiza y orgullosa de sí misma.

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