LA ESPINA (cuento)

La recuerdo con su carita de niña triste, era tan hermosa, tan suave, tan blanca y tan mía que sentí miedo de estropearla con mis manos de oso y miedo tambien de herirla con mis palabras sonoras de vendedor ambulante y con esta mirada de deseo escondido, con los pensamientos impuros y con mi natural brutalidad.
Y quizás fué por eso mismo que la perdí, por no ser ante ella tal como soy, por aparentar ser otro, disfrazado de niño bien, cual lobo con piel de cordero, pero que solamente sabe aullar.
Gracias a mi comportamiento todo fué muy corto y fugáz, y apenas logro recordar el sabor de su boca y se me hace cuesta arriba imaginarla treinta y tantos años despues….¿ será felíz ?….¿ tendrá hijos ?…. ¿ se acordará de mí ?….¿ donde estará ahora ?. Cuantas incógnitas acuden a mi mente que nunca tendrán respuesta, para así dejarme el alma y la conciencia tranquilas.
Que felíz fuí aquellos pocos días que pasamos juntos, nunca me atreví a decírselo y despues de la despedida solamente nos vimos un par de veces y me fué imposible el mirarle a los ojos, el reclamar su atención y no tuve el valor de decirle lo mucho que la quería. Tampoco fuí capáz de esperarla en algún lugar y hablar con ella, sincerarme, hablar desde el fondo del corazón y…. llorar de amor si hiciese falta. Pedirle perdón y decirle que sin ella yo no era nadie, si a caso un ciego sin su bastón, un loco en campo abierto, una noche oscura y sin estrellas.
Y es cuando uno se empieza a sentir viejo y recapacita de todo lo vivido que se arrepiente de no haber hecho las cosas como era debido, de no haber hablado a tiempo tantas veces en la vida, de no haber sido capáz de expresar los sentimientos, bien por vergüenza, bien por despecho.
Hoy no estoy desconforme de como me fue en la vida, tengo mujer e hijos que me lo dan todo, tengo un bienestar económico y una inmensa pasión que es la aldea en que nací, y sobre todas las cosas me siento felíz de tener amigos en uno y notro lado del gran océano, producto de mis largos años de emigración. He vivido siempre con la frente alta y tratando de seguir adelante pese a todos los ostáculos…. pero tambien tengo una espina clavada en el corazón y no puedo arrancarla pese a los años que ha pasado, espina sangrante y dolorosa de haberla dejado ir sin ser capáz decirle todo lo que mi corazón sentía por ella…. pero me temo que esa espina seguirá clavada hasta el mismo día en que me muera…. ese día quizás logre olvidarla por fin y para siempre.

Rincón de la Plaza Mayor de Ourense

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