LA VENTANA (cuento)

Está solo, el día se le hace largo, interminable, da unos pasos y abre la ventana, mira a uno y otro lado, todo es cemento y hierro,todo es gris y triste a la vez, no hay aromas y los únicos colores son los de la ropa tendida en las azoteas vecinas, ropa reseca por el sol intenso y tenaz de un verano que no da tregua.
Un viejo gato gris está tendido en un rincón sombrío de la azotea vecina, levanta su cabeza y le mira, maulla y sigue durmienso su siesta estival. El intenso calor le está haciendo sudar, se seca la frente y procede a entornar la puerta para que el aire corra, todo es inútil, la calor sigue reinando dentro del viejo altillo montevideano hecho de bloques y cubierto de chapas acanaladas de cinc.
Se deja caer sobre la cama, escucha su crujido, mira el techo y encuentra en el cielorraso la gran mancha amarillenta de humedad, que a veces se transforma en una cosa u otra, según el estado de ánimo que le invada. Cierra los ojos y de a poco sus sentidos y su alma se van trasladando al lugar en que nació, a la vieja casa familiar hecha en piedra rosada, primero la ve difusa pero lentamente se hace real, entra a la cuadra y en el pajar, todo está como siempre, como a padre le gusta que esté, cada cosa en su sitio. Luego sube y recorre poco a poco cada una de las habitaciones, “no hay nadie”, piensa, y entonces ve en el comedor la vieja mecedora de la abuela, le es imposible el no sentarse, en ella se mece durante unos instantes, pone su mirada en una de las ventanas, se levanta y la abre. Un olor a hierva recien cortada y a flores hacen que su corazón palpite, todo es verde, fresco y luminoso alrededor, sus manos tiemblan de emoción, se siente feliz.
Cierra la ventana y se vuelve a sentar en la mecedora, una grata tranquilidad le invade, mira alrededor y contempla cada detalle del comedor, la mesa de madera de castaño ya negra por el paso de tantos años, las sillas de siempre, el chinero con los platos para usar en las fiestas y grandes acontecimientos y los cuadros con las fotos amarillentas de familiares casi olvidados. Entonces es cuando cierra los ojos y disfruta del momento.
Un ruido casi inaudible le hace mirar a hacia la ventana, allí ve al viejo gato de la casa, le mira, seguramente le reconoce, entonces el animal se acuesta en el pretil y comienza a maullar, una vez y otra y mil veces más hasta que llega a molestarle y a sacarle de su mundo de recuerdos…..abre los ojos… mira hacia la ventana y ve allí recostado mirándole atentamente al gato gris de su vecino, entonces recuesta la cabeza sobre la almoada y vuelve a mirar al techo, la mancha aún conserva su lugar, se levanta y va hacia la ventana pero el gato ya no está, asoma la cabeza fuera pero parece que se hubiera esfumado….en la habitación ya

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solamente quedan él, su soledad y la morriña.

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