LA HISTORIA DE LINO, EL CARPINTERO

Así se lo conocía en La Comercial,  el barrio en que vivíamos  en la ciudad de Montevideo,  aunque hoy se llama Tres Cruces. Su nombre completo era Lino Monteagudo, nacido en Caldas de Reis en la provincia de Pontevedra, fue todo un personaje y su vida tuvo características tragi-cómicas, por lo cual merece ser contada su historia.

De joven aprendió el oficio de carpintero en su pueblo natal, luego hizo el servicio militar y posteriormente como miles de gallegos mas decide emigrar ante la difícil situación económica que se vivía en Galicia en ese entonces.

Su destino fue Uruguay, al cual llegó allá por fines de los años cincuenta y despues de trabajar en varias fábricas de muebles se decide a instalarse por su cuenta. De a poco monta un taller en la misma casa en que vivía y le comienzan a ir bastante bien las cosas, tiene mucho trabajo y casi no da abasto para atender todos los encargos que le llegaban. La primcipal razón de ello es que era un muy buen artesano carpintero, que trabajaba muy bien, era lo que se dice  ” un carpintero de los de antes “. Los muebles que fabricaba eran para toda la vida, como ejemplo diré que cuando yo me casé nos hizo un juego de dormitorio, tan bueno, que aún hoy, treinta años despues,  lo conservamos y está casi como el primer día, nunca se nor rompió.

Recuerdo que el día que nos lo entregó,   como forma de probarlo se subió arriba de una de las mesillas y comenzó a saltar durante un buen rato, a la vez que decía: “viches, estas non se rompen, non son como as que che venden por ahí”. También nos hizo las camas de nuestras hijas al nacer y aún la de la mayor de ellas, que ya tiene veintiseis años, se encuentra perfecta, sin ninguna rotura.

Pero Lino siempre fue un hombre solitario y su caracter era muy desconfiado, desconfiaba de todo y de casi todos. Estos rasgos que ya traía desde su juventud, se le fueron agudizando con el paso de los años pues algunas malas experiencias con clientes y también malas relaciones con algún que otro vecino lo hicierosn ser cada vez menos sociable. Además vivía eternamente desconfiado de que lo intentaran robar y siempre me comentaba de que en España esas cosas no pasaban y que en la época de Franco menos aún, pues ahi si que había respeto, que a todos esos “malandrines” y “gamberros” el hacer tres o cuatro años de servicio militar, como él había hecho, les vendría muy bien y los enderezaría.

Nunca se quiso casar, aunque se le conocieron varias “novias”, pero tenía un miedo terrible a que le hicieran alguna jugarreta y se le quedaran con todos sus bienes. Decía que era muy dicícil encontrar una mujer que sirviera para él, así qie siempre vivió solo.

Andaba bastante mal vestido y tanto su casa como el moviliario de esta eran muy precarios, por lo cual se comenzó a correr el rumor entre los vecinos de que era muy tacaño y que todo el dinero que ganaba, que al parecer era bastante, lo ocultaba en algún escondite de la casa.

Mientras pudo hizo su propio vino en el patio de su casa y cada vez lo consumía en mayores cantidades, razón por la cual casi siempre que iba a visitarlo lo encontraba bastante pasadito de copas, lo cual lo hacía muy conversador, pero siempre me contaba las mismas historias cuatro o cinco veces y por esa razón los pocos conocidos que lo visitabamos lo rehuíamos  cada vez más, pues el estar junto a él se hacía un poco pesado.

En Uruguay no tenía ningún pariente, solamente unos sobrinos en Buenos Aires, a los cuales creo que solamente vio dos veces en treinta y cinco años. Pero un buen día, y despues de muchas dudas, se decidió a volver a Galicia para ver a su familia despues de casi cuarenta años y con la cual apenas tuvo ningún contacto en todo ese tiempo.

Estuvo casi un mes y medio por allí, pero volvió muy desilusionado, aunque no me quiso contar mucho del asunto, según parece acabó peleándose con los hermanos por problemas de tierras y de la herencia que le poertenecían.

Con el paso de los años y ya con su vejez a la vista, además de problemas de salud, me confió que estaba preocupado por su futuro, que cualquier día le pasaba algo y nadie se enteraría hasta que pasaran algunos días, pues además por las noches ponía varias trancas en la puerta por miedo a que lo sorprendieran durmiendo, era algo que lo aterraba…riéndose decía: “cando cheire bastante, chamaran a policía”. Varias veces insinuó el ir se a vivir al Hogar Espñol que hay en Montevideo para los ancianos españoles que no tienen familia y hasta fue a ver cuales eran las condiciones para que lo aceptaran, pero finalmente siempre iba postergando la decisión. Yo creo que no le atraía mucho la idea de tener que ceñirse a un regalmento y a ciertos  horarios que cumplir tanto para las comidas como para dormir, puesto que él siempre había sido un bohemio y un anárquico y eso de ceñirse a horarios y reglamentos no era lo suyo. Tampoco le convencía el tener que entregar su casa y las máquinas del taller para poder ingresar el el  Hogar.

A la edad de setenta y ocho años su pronóstico se cumplió. Un buen día una vecina de mi madre le cuenta que Lino, el carpintero, había muerto….que lo habían encontrado a los tres o cuatro días de fallecer….que unos vecinos habían llamado a la policía….que se corrían muchos rumores sobre el asunto….que había un  policía en la puerta….que un vecino miró para dentro y vió que la casa estaba toda revuelta, como si alguien hubiese estado buscando algo….que le iban a hacer la autopsia…etc…etc.

Durante algún tiempo fue el comentario del barrio y muchos se preguntaban si el dinero que había acumulado, y nunca gastado, durante toda su vida aún seguía enterrado en algún lugar de la vieja casa, o si alguien ya lo había encontrado…o si había existido realmente dicho dinero.

Luego la autopsia señaló como un fallo cardíaco la razón de su muerte, muerte que quizás se pudo haber evitado de ser atendido a tiempo, pero a esas alturas el caso de Lino el carpintero…. ya era un caso cerrado.

Rodolfo Rodríguez

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One Response to LA HISTORIA DE LINO, EL CARPINTERO

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