EL TESTAMENTO

Nunca se quejó de como le habían ido las cosas lejos de su tierra natal, su buena estrella le  acompañó en todo momento, desde el primer día en Montevideo las cosas le marcharon bien y así había de ser durante el resto de su larga vida como emigrante.

Nada mas llegar uno de sus tíos, emigrado desde hacía ya muchos años, le colocó a trabajar en una de sus panaderías. Había que levantarse a las dos de la mañana para ir al obrador a hacer el pan que estaría crujiente al amanecer y hasta casi el medio día permanecía dentro de la calurosa panadería, pegado al horno siempre caliente y deseoso de nueva leña.

Así fueron pasando los primeros años, de aprendiz pasó a maestro panadero y de simple empleado a encargado de la panadería, pero sus deseos de prosperidad fueron mas fuerte y al poco tiempo de ejercer de encargado se jugó todos sus ahorros en una vieja y destartaleda panadería de un barrio alejado del centro de la ciudad.

Allí trabajó de sol a sol junto a un viejo empleado y una muchacha para atender a la clientela. Despues de unos años reformó la panadería y puso otro empleado para hacer más pan y así día tras día y ahorrando fue como se compró la segunda panadería y más tarde la tercera  y la cuarta y todas las que pudo.

Ya sin trabajar en ningúna de ellas se dedicó a administrarlas y a poner al frente de cada una a un paisano de confianza. El dinero se le fué acumulando, frecuentó los sitios en donde los paisanos de su misma clase pudiente lo hacían y trató de encontrar entre ellos a una mujer que fuese su esposa y compartiera con él hogar y fortuna.

Se casó ya entrado en años, era ya cuarentón, compró una buena casa en un barrio de “gama alta” Y a partir de entonces dedicó su tiempo a invertir en toda clase de negocios, compar y vender panaderías, bares, pensiones y de vez en cuando hacer de prestamista a los paisanos que le parecían de confianza.

A los dos años de casado nació su primer hijo, dos años despues lo hizo el segundo y luego llegó la hija, su hojito derecho, por la que perdía el sueño y se le caían las babas.

La fortuna siguió creciendo, siempre fué un buen administrador, los hijos tambien crecieron y cada uno de ellos acabó con una carrera, la hija no estudió pero la casó con un hombre de buena familia, así nada le faltaría y así fue.

Cuando contaba ya con unos setenta y ocho años, dejó en manos de los hijos todo lo conseguido y como la salud le estaba jugando una mala pasada decidió hacer el testamento por si ” Dios le llamaba a su lado”.

Pasaron aún unos cinco o seis años antes de que Dios le reclamara, pero finalmente lo hizo, y su entierro fue digno de una persona de su estatus, con decir que hasta políticos había entre los asistentes,  lo digo todo. Fué largamente llorado por familiares y amigos y hasta algún centro regional gallego puso una placa en su honor, “toda una pérdida para la comunidad emigrante española”, fué el título que encabezaba el artículo en un periódico capitalino , al dar la noticia de su fallecimiento.

Pasado algún tiempo la familia fué reunida para proceder a la lectura del testamento dejado por el difunto. La fortuna dejada  tenía claros destinatarios pues

Puestos de venta al lado del Mercado de Abastos de Ourense

Puestos de venta al lado del Mercado de Abastos de Ourense

siendo los únicos familiares, esposa e hijos se repartirían las ganancias a partes iguales y cuento acabado. Pero al hacer apertura y lectura en uno de sus párrafos decía algo así:

Dejo la mitad de mi fortuna a partes iguales a ( fulana de tal y sus dos hijos, fulanito y sultanito ) vecinos del pueblo de………. de la parroquia de……….. en el ayuntamiento de ……….provincia de Lugo, por ser mi esposa e hijos legítimos dejados olvidados por mi parte en el año de 19.. cuando emigré para estas tierras.

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( Esta historia es real, no es producto de mi imaginació, son omitidos los nombres por no creer necesario el que apareciesen en el relato, para que nadie se sienta aludido )

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