CARMEN LA INAGOTABLE

De tantos cruzarnos por la acera a las cinco de la mañana acabamos por darnos los buenos días, su voz clara y fuerte parecía sonar en los huecos de los portales vecinos y así darle un último golpe a la noche para que se fuese a dormir y diera paso al reluciente día.

Su nombre es Carmen, de La Coruña según creo y durante los últimos años se dedicó hasta bien entrada  la vejez a limpiar las porterías de infinidad de fincas del barrio, su vida no fué facil y solo  su empuje e integridad moral  hicieron que superase uno a uno los escollos de la vida.

Junto a su marido trabajaron duro para llegar a tener el pisito en donde vive, criaron a dos hijos, ” un macho y una hembra” según solía decir, pero cuando todo parecía encaminado y como siempre suele suceder empezaron los problemas.

Primero fue la enfermedad del esposo, un cancer que poco a poco le fué commiendo por dentro hasta acabar con el, despues los hijos, la hembra apareció ” preñada”  un día y al poco tiempo dió a luz a una hermosa niña, con los rasgos de su abuela materna bien destacados. Má adelante se enteró que el hijo estaba metido en la droga y no pocos fueros sus esfuerzos para curarle, todos estériles. Lamentablemente la hija siguió los pasos del hermano y entre los dos se encargaron de robar y desvalijar el piso en el que vivían con su madre, no quedó ni una sola cosa de valor, solamente los imprescindible para poder seguir tirando.

A todo esto Carmen seguía luchando por los hijos y nieta con todas sus fuerzas y a base de trabajo supo llevar la casa en los peores momentos. Cuando el hijo fué a parar a la carcel nunca le faltaron sus cigarros ni su ropa limpia, y la nieta era la niña más limpia y hermosa de la zona a pesar de que su madre se pasaba meses sin aparecer por casa.

Pocos días despues de salir en libertad, el hijo apareció muerto en una plazoleta del barrio con una geringuilla clavada en el brazo. Otro mazazo más para la incansable Carmen que despues del trance vivido se dedicó en pleno a su nieta.

Así llegó a la jubilación, pero como los ingresos eran pocos se dedicó a hacer limpiezas en las casas de los vecinos,  se pasaba el día de casa en casa y de portería en portería desde las cinco de la mañana hasta cuando hiciera falta, ganándose unas pesetillas para tirar para adelante.

Un buen día le comunican que a su hija la había atropellado un cohe en una avenida de la ciudad y que estaba muy grave en el hospital. Para allá fueron abuela y nieta a cuidar a la maltrecha hija que durante semanas estuvo a punto de morirse pero finalmente acabó  caminando con muletas y con una forma de hablar casi incomprensible.

Carmen siguió trabajando hasta cuando pudo, hasta que las piernas y los brazos no dieron más de si, junto a su hija y su nieta vive hoy en el pisito de siempre, pero ya apenas se le ve porque se le hace muy difídil el desplazarse de un lado a otro, anda siempre con un carrito de la compra por delante que le sirve para mantenerse en pie, la hija sigue igual, con muy poca movilidad y tambien se la

antigua palleira

antigua palleira

ve poco y la nieta está hecha toda una mujer.

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