LAS DOS NAVIDADES

Cuando niño, en la aldea, el mundo en el que vivia se limitaba a los cuatro pueblos vecinos y de alguna escapada a Orense capital, más allá de eso todo era imaginación y sueños.

Al llegar a Montevideo todo lo nuevo era impresionante y parecía como si  aquellos sueños en donde había de todo se hicieran realidad.  Podía comer pan de trigo ”  cada día  ” y golosinas y tenía juguetes que me parecían sacados de un mundo muy lejano al mío, pero lo mejor de todo fue un patinete, de segundamano, que alguien me regaló y con el que alcancé a hacer cientos de kilómetroa alrededor de la manzana.

Pero lo que más me impresiomó de ese nuevo lugar que sería mi segunda patria durante  veintiún años, fueron las fiestas navideñas, en pleno verano a cuarenta grados pero con toda la ilusión y el decorado de la Europa lejana.

El frío, la nieve, estaban en todos lugares representados de mil y una maneras para darle a esas fechas una apariencia de lugares lejanos del emisferio norte, los turrones, mazapanes, fruta azucarada, pan dulce, etc, eran los mismos de mi patria, en donde se comían con un frío que les hacía apetecibles y deliciosos pero que allí se hacían indigestos por las calorías que consigo llevaban.

Más tarde me di cuenta de que todo eso se trataba de la recreación que los muchos emigrante llegados al país de infinidad de lugares de Europa hacían para sentir las navidades como en sus países de origen lo hacían. Por eso se mezclaban distintas comidas de distintos países en una misma Navidad y todos tan contentos.

Sin embargo había algo distinto, la hora de comer y la comida en sí misma. Hasta las doce de la noche no se sentaba la gente en la mesa y el asado era la comida típica en todo el país de norte a sur y de este a oeste.  Facilmente un estranjero se acostumbraba a ese ritual por  la sencilla razón de que  esa hora era la mejor  para comer a la fresca y desde unas cuantas horas antes la cerveza fría era el acompañante mejor de una larga espera.

A medianoche de Navidad y de fin de año se tiraban los petardos en honor a la fiesta, durante toda la noche el ruido de los estruendos persistía y era imposible el irse a dormir en esas condiciones, además en todos los barrios había bailes callejeros que duraban hasta bien entrado el día.

Hasta largo tiempo despues de mi llegada extrañaba aquellas navidades invernales, junto a la lumbre, comiendo el turron, toda la familia junta y mirando caer la nieve a través de la ventana. Me parecía que ese otro festejo no era realmente navideño, me sentía un poco lejano a tanta algaravía, seguía amando la Navidad blanca de mi Galicia natal.

Pero con los años todo fue cambiando y me sentía tan integrado con aquellas navidades que realmente las consideré tan mías como las de mi niñez. Estas navidades no eran de color blanco…. tenían mil colores, mil sonidos, mil olores y sobre todo  alegría y música, mucha música.

Hoy he vuelto a mis raíces, he vuelto a mis navidades blancas y me gustan tanto o más que las de la niñez, pero me falta algo, me falta el colorido y el ruido de los petardos, la música y esa alegría que da el verano en fiestas y sobre todo ese asado a medianoche en el patio de casa junto a toda  una legión de familiares que hacían que la Navidad  fuese un verdadero festejo multitudinario.

Ojalá todos pudiesen conocer las dos Navidades, la del norte y la del sur, que siendo las mismas son totalmente distintas.

Un fuerte abrazo a todos y muy felices fiestas.

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