LOS EMIGRADOS

Soy nacido en una pequeña aldea de la provincia de Ourense, se llama Eiradela, y a ella acudimos cada verano todos los que por una razón u otra vivimos lejos.
Es precisamente durante las vacaciones cuando nos juntamos los foráneos con los que en ella viven todo el año. Tanto unos como otros hacemos una vida en común y organizamos la fiesta y la excursión que cada año es a un sitio diferente, este año a Portugal, así pasamos los días fomentando una buena convivencia y haciendo planes para el año próximo y nuestro regreso otra vez al lugar.
En mis ratos de tiempo libre me dedico a hablar con los hombres y mujeres de una infinidad de temas, pero este año en particular me dediqué a averiguar sobre los lugares a los que la gente de la aldea había emigrado desde tiempos inmemoriales y la conclusión a la que pude llegar es esta:
A principio del siglo XX hubo una gran fluidez de gente, en su mayoría hombres, que emigraron a América del norte, tanto Mexico como Estados Unidos, para allí se marcharon en vusca de fortuna a trabajar en el campo y pocos fueron los que volvieron con dinero, y los que lo traían lo invertían en comprar tierras en los alrededores de la aldea. Otros muchos allí se quedaron y formaron familia pero tambien hubo gentes de las que nada se supo nunca más y que dejaron su vida en aquellas lejanas tierras.
Luego la emigración cambió de destino aunque no de continente y los lugares elegidos por la gente fueron Argentina, Cuba, Venezuela, Uruguay, Chile, Brasil y en una menor cantidad los demás países de Latinoamérica. Los primeros en emigrar para esos lugares casi siempre fueron los hombres y los que eran casados con el tiempo fueron reclamando a sus familias y siguieron adelante en esos respectivos países que tan bien les acogieron.
La tercera oleada de emigración fue europea, Alemania, Suiza y Francia fueron los tres países a los que la gran mayoría acabaría por dirigirse, y en ellos muchos viven aún junto con sus familias.
No se pueden olvidar los que emigraron durante esas tres etapas para el resto del estado español, Catalunya, Euskadi y Madrid se llevaron a los aldeanos que no optaron por destinos lejanos. Algunos de ellos han vuelto a vivir a la aldea despues de jubilados y otros pasan todo el tiempo que pueden en ella pero residen oficialmente en el lugar que les acogió.
Es curioso que cuando nos juntamos unos cuantos a hacer tertulia, los acentos de cada uno son más del lugar donde viven que de su propia patria, los descendientes de esos emigrantes que se sienten unidos a la aldea tanto como sus padres hablan por lo general dos idiomas y en algún caso tambien el gallego y eso me hace sentir felíz de pertenecer a un pueblo como el gallego que siempre trató de integrarse a los lugares que se vió abligado a marchar.
No se lo que les esperará a las generaciones venideras, solo espero que de algo sirviera lo vivido por lsus antepasados y sepan valorar lo que hoy tan al alcance de sus manos tienen gracias a las penurias pasadas por tantos y tantas que de la aldea debieron marcharse durante tanto tiempo.

Roberto Gonzalez

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