“AHORA ME TOCA VIVIR A MI”

Sabido es que en Montevideo los “gallegos” éramos en una gran parte trabajadores de sectores muy definidos, panaderos, camareros, zapateros, pero la gran mayoría trabajábamos en el transporte colectivo, de conductores o guardas de omnibus.
Durante ni periodo, primero como mecánico, luego como guarda y finalmente como comductor en la cooperativa de omnibus COETC pude compartir mis horas de trabajo, que fueron muchas, con otros paisanos, casi siempre de mayor edad que yo y con cada uno de ellos aprendí un poco más de la vida del emigrante que a cada uno le tocó vivir.
Tendría para escribir todo un libro si me pusiera a contar las historias que aún hoy recuerdo, aunque a veces seguramente confundiría a los protagonistas, porque el tiempo no perdona a la memoria.
Desde gentes que escaparon durante la guerra civil a otros que viajaron de forma clandestina, jugándose la vida innumerables veces para finalmente acabar en el país que menos esperaban. Alguno inclusive viviendo de la limosna de otros paisanos que se apiadaron de el mientras no arreglaba los tan deseados papeles, pero una gran mayoría trabajando y vivíendo en el mismo lugar, así durante muchos años, con la única meta de juntar dinero para mandar a la familia o para regresar de forma digna al pueblo que les vió nacer.
A uno de estos le conocí fugazmente, cuando estaba vendiéndolo todo para regresar a España. Su historia es un resumen quizás de muchas otras que no conocenos, pero tiene su gracia.
Este hombre llegó a Uruguay como todos, sin nada en el bolsillo y con un montón de deudas y de sueños, comenzó trabajando en lo que pudo y todas las horas que el cuerpo le permitía, hasta que muchos años despues locgró comprar una parte de un omnibus en la empresa CUTCSA, trabajó de guarda haciendo casi todas las horas del coche y fué entonces que comenzó a mandar dinero para su mujer e hijos de forma regular y contínua. Al poco tiempo se compró otra parte del mismo autobús y se hizo con la mitad, lugo las tres cuartas partes y finalmente lo compró entero. A pesar de ser el propietario del mismo nunca dejó de hacer todas las horas que pudo, dobletes, tripletes, nocturnos etc. etc.
Cada vez era mayor la ganancia y cada vez los giros eran de mayor cuantía, continuó comprando omnibus hasta hacerse con una pequeña flota. Luego compró un galpón en donde el mismo reparaba los buses por las noches, con la ayuda de algún mecánico esporádico. En el fondo del galpón hizo de mala manera un pequeño apartamento en donde malvivía.
Las responsavilidades fueron creciendo y al no tener a nadie de cofianza a quien delegar los poderes, seguía y seguía siempre solo y con la única obsesión de trabajar y mandar dinero a su familia.
Los paisanos comenzaron a mofarse de él diciéndole que era un abaro y un rácano porque con todo lo que tenía y no era capaz de comprar una casa como la gente y ni siquiera había ido jamás a visitar a la mujer y los hijos al pueblo, que acabaría siendo el mas rico del cementerio.
De a poco esas palabras fueron causando efecto hasta que un día tomó la decisión de hacerles una visita a sus familiares y convencerles de venirse con el a trabajar a los omnibus.
Compró ropa, zapatos, una maleta nueva, unos cuantos regalos y emprendió el tan retrasado viaje a tierras ya casi olvidadas.
Al bajar en Madrid le estaban esperando sus hijos y mujer, apenas les podía reconocer despues de tantos años, el reencuentro fué un poco frío pero todos hicieron lo posible por solventar la situación de la mejor manera.
Acompañó a la familia hasta un coche último modelo, cuando preguntó si era alquilado le respondió uno de los hijos que era de el y que su hermano y la madre tambien tenían coche nuevo. Las carreteras por las que viajaban en nada se parecían a las que le vieron marchar y cuando llegaron al pueblo casi nada estaba de la forma que él recordaba. Pararon frente a una casa enorme, nueva, de dos plantas, en el interior todo era de lujo, muebles, cuadros, cerámicas, lámparas de cristal, baño y cocina de película, aquello parecía un palacio.
“Esta es nuestra casa” le dijo su mujer, los hijos vivian cada uno en la suya al otro lado del pueblo y cuando más tarde las pudo conocer nada tenían que envidiar a la de su madre. Evidentemente el estilo de vida de su familia era muy bueno, pero lo peor de todo fué cuando supo que toda esa fortuna había sido hecha con el dinero que durante tantos años el fué mandando desde Montevideo.
Durante todo un mes trató de convencer a sus familiares de que regresaran con el, pero todo fué inútil, con un “nosotros aquí vivimos bien” dieron por zanjada la tan molesta situación.
Regresó solo, pero él si había tomado una decisión. A los pocos días del regreso comenzó a vender los ómnibus y despues tambien lo hizo con el galpón. Durante el tiempo que estubo areglando papeles para regresar definitivamente vivió en el mejor hotel de la ciudad, comió en los mejores restaurantes y se vistió de las ,mejores marcas.
A la pregunta de los paisanos de porque hacía todo eso solo se limitaba a contestar “Ahora me toca vivir a mí”.

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