VIAJES SIN RETORNO II

Casi todos los gallegos que emigraron, llevaban en su mente y en su corazón la idea de volver algun dia a su tierra. Por distintas razones muchos de ellos nunca lo pudieron hacer, ni siquiera para una simple visita. Gracias a mi antiguo oficio de paraguero conocí ya hace muchos años a una de ellas, cuyo nombre, si mal no recuerdo era Felisa. A ella, como a tantos, la suerte no la habia acompañado mucho en la vida. Era viuda y eso lo reflejaba en el uso de ese luto eterno que usaban muchos de nuestros antepasados mayores, cuando perdian un familiar. Esa ropa negra que usaba, se la veia muy vieja y ya roida por el paso de los años, tal vez, reflejo de una precaria situación económica. Siempre la recuerdo vestida de la misma forma, como si fuera su única vestimenta, caminando muy despacio y mirando a su alrrededor, a traves de unos gruesos lentes, que denotaban su ya poca visión. Hablaba también muy despacio y en forma monocorde, como alguién que ya habia perdido la mayor parte de sus ilusiones.

Llegó a mi tienda una vez, pidiendome que le arreglara un paraguas que traia, que también era negro como sus ropas y tan viejo como ella misma. Ya no valia mucho la pena repararlo, pero me dijo que habia sido de su marido y que lo habia traido de España, que le tenia cariño, y que hiciera lo que pudiera. Asi lo hice, lo mejor que pude, y se lo llevo. Al poco tiempo me lo trajo de nuevo, se le habia vuelto a romper y de nuevo todas las mismas palabras, e intentar arreglarlo de nuevo. Lo curioso y anecdótico, es que esta misma situación se repitió muchas veces mas, siempre llevando y trayendo el ya famoso y destartalado paraguas. En una de esas veces, le pregunté de que lugar de Galicia era, y por un momento me pareció que se le iluminaban algo los ojos y su voz denotó una leve emoción,: “eu son de Ponteareas, na provincia de Pontevedra, conoces? Despues de mas de 40 años en Uruguay, seguia mezclando el castellano con el gallego. Le dije que si, y le pregunté si habia vuelto a su pueblo, que aquello habia progresado mucho, y que cuando fuera no iba a conocer nada, pero no demostró ningun entusiasmo, me dijo algo asi como ,:para que iba a ir, si no iba a conocer a nadie y que nadie la iba a conocer a ella.. En otra oportunidad le insistí con el tema, comentandole que el gobierno de Galicia la llevaba gratis y le pagaba 15 dias de estadía, pero no tuvo ningun efecto. Como muchos paisanos, ya se habia resignado a su situación, aunque creo yo, que con un gran dolor en lo profundo de su alma.

Al cabo de un tiempo deje de verla, pense que habria desistido de seguir arreglando el viejo paraguas, o lo que es mas probable, que se haya cumplido lo que un dia me habia dicho: “eu, xa vou morrer eiqui”. Como tantos otros emigrantes anónimos, Felisa nunca mas volvió a la tierra donde habia nacido.

Rodolfo Rodriguez

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