viajes sin retorno

Así como lo hicimos muchos de nosotros, hubo gentes que emigraron para siempre, y cuado digo para siempre hablo de aquellos que nunca más regresaron, los perdidos, los bandonados por la suerte o las circunstancias de la vida, aquellos que por no haber logrado “nada” nunca se sintieron con fuerzas o con corage suficiente para desandar el camino que les alejó de la familia y de la aldea.
He conocido alguno de ellos, casi siempre personas solitarias y que se relacionaban poco con la comunidad gallega, encerradas en su propio mundo sin salida y con un futuro muy prevesible de trabajo y subsistencia.
Recuerdo en particular el caso de uno, no se siquiera su nombre, hombre ya entrado en años y con un acento montevideano que nada hacía pensar en sus orígenes aldeanos, su pobre vestimenta ya anunciaba su delicada situación, subió al omnibus y me dijo en voz baja – ” no tengo para el boleto, sería usted tan amable de llebarme sin pagar ” – le miré y le asentí con la cabeza, ” quédese acá cerca por si aparece el inspector”
le comenté y sí lo hizo.
Fueron pasando las paradas y poco a poco el omnibus se fué quedando vacío, entonces se sentó a mi lado y me dijo que era raro que yo no fuese gallego pues casi todos los guardas de omnibus lo eran, le contesté que yo sí era gallego pero que había venido de muy paqueño para Uruguay y por eso no se me notaba el acento, ” yo nací tambien el Lugo, me dijo, pero hace tantos años que vivo acá que ya no se bien de que sitio soy, así que somos paisanos ” y fué entonces que comenzó a contarme su historia como emigrante, una historia como la de muchos otros que simplemente se quedó en vieje de ida.
Desde el primer día, contó, en que había pisado esa tierra todo le salió mal, los familiares a los que venía encomendado le dieron el portazo por respuesta y se encontró en una ciudad grande, solo, triste y sin dinero. Aún no sabe bien como salió adelante, durmiendo en la calle y en los portales hasta que un paisano generoso le consiguió un trabajo en una obra, sin sueldo fijo, pero con la condición de que podría dormir allí entre los materiales de construcción, ” así pasé mis primeros años, de obra en obra y siempre oliendo a cemento y ladrillo “.
Nunca se preocupó de legalizar su situación, así que durante mucho tiempo no existó como emigrante ni como trabajador, las pocas cartas que pudo mandar para sus familiares hablaban de una situación inmejorable y de un pronto regreso con fortuna y un futuro próspero en la patria. Me habló de sus años trabajando de sol a sol en talleres, fábricas, cargando camiones, haciendo de albañil los fines de semana, así se le fué pasando el tiempo y así se fué olvidando tambien de escribir a casa, nunca más supo de sus padres ni de los hermanos, afrontó la vida solo ” y así me moriré ” dijo con resignación.
En un momento de la conversación yo me dirigí a el en gallego, se sorprenció que yo lo hablara tan bien, me quiso responder pero no era capaz de hilar dos frases seguidas, ” hace tanto tiempo que no lo hablo que me cuesta ” me dijo, poco a poco se fué soltando y las palabras tanto tiempo olvidadas salían de su garganta como un torrente de aguas fresca colina abajo, sus ojos comenzaron a humedecerse y en un gallego muy montevideano dijo, “perdonáme vos, estoume emocionando”, le palmeé la espalda y le comenté que eso nos pasaba a todos.
Me habló de su aldea de sus padres y hermanos de que ya no esperaba regresar y que nada de ellos sabía desde hacía décadas, que vivía solo en una casita que él mismo había hecho en un barrio a las afueras de Montevideo y que desde unos meses atrás estaba sin trabajo y ” como el primer dia ” dijo sonriente.
Cuando llegamos al fin del recorrido, se levamtó del asiento, me dió la mano y con un : ” gracias paisano, xa nos veremos alguna outra vez “, bajó del autobús y le miré marcharse lentamente, con su chaqueta gris y muy grande de talla, rumbo a ninguna parte, sin destino ni futuro, simplemente dejándose llevar por el impulso de una vida solitaria y triste.
Esta historia es una estre millones, historias de gentes que nunca regresaron y que ya nadie se acuerda de ellos, gentes que muchas veces se arrepintieron de haber tomado aquella decisión de emigrar, pero que nunca supieron tomar la de regresar, por vergüenza, por vanidad o por falta de medios.
Estos también son gallegos, olvidados, dispersos, sin familia que les recuerde ya, pero gallegos al fin, tambien ellos deben de tener su lugar en nuestra historia, tambien ellos existen y sienten esa ” morriña ” que todos sentimos, para ellos van mis recuerdos y mi deseo de que esas situaciones no se repitan más, porque nunca más haga falta salir de nuestra tierra.

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