AMOR DE ALDEA

Noviembre 19, 2009

Desde muy niños fueron inseparables, vivían uno frente al otro en la vieja aldea que les vió nacer. Ella rea delgaducha y agil, su hermoso pelo rubio, cual rayo de sol y sus hermosos hojos negros hacían que la belleza fuese un plato lleno de golosinas para su inseparable compañero de juegos.
El era, como se diría comunmente, un niño de aldea, robusto y brutote, rebosante de salud y travieso. Quería a su inseparble amiga con toda su alma, era su mejor confidente y su hermana postiza. Juntos eran felices.
Con el pasar de los años y llegada pa puvertad las cosas empezaron a cambiar, nacieron las primeras vergüenzas y los primeros sonrojos, aunque la amistad nunca dejó de ser la misma, los juegos fueron dejando paso a un tipo de sentimientos distinto. El cogerse de la mano era algo tan sensual y hemoso que hacía que los dos se avergonzaran y bajaran sus miradas, fueron muchos los intentos hasta que finalmente se dieron el primer beso, se sintieron mas unidos que nunca, se quisieron más que nunca, se extrañaron más que nunca… Y así casi sin darse cuenta llegó el amor.
A las familias eso les pareció lo mas normal del mundo, era de esperar que una amistad de tantos años acabase de esa manera, las bromas se sucedian entre las dos que ya se veían sienso una sola.
Llegado el tiempo del servicio militar llegó el drama, ella no quería que él se marchara y él tampoco deseaba separarse de su eterno amor, incluso pensaron en fugarse juntos, los llantos se sucedían por ambas partes, pero finalmente llegaron a una solución que a ambos les agradaba, él se iría para América, vuscaría trabajo y casa para los dos y luego regresaría, se casarían y los dos otra vez cruzarían el mar para vivir juntos el resto de la vida.
Dada la precariedad económica de las dos familias a todos les pareció una buena solución y la mejor opción de futuro para la pareja, así que sin pensarselo más y estando todos de acuerdo todo se puso en marcha para el areglo de los papeles y la compra del billete. El destino sería Buenos Aires donde había algún pariente lejano y otras gentes emigrantes de la parroquia.
La despedida fue amarga pero llena de esperanza y de promesas por ambas partes, él le prometió que vendría por ella en cuanto pudiese y ella le juró amor eterno y fidelidad absoluta. A pesar de todo los dos corazones quedaron destrozados y tardarían mucho tiempo en sanar.
En las primeras cartas,él le contaba de lo hermosa y grande que era aquella ciudad y las perspectivas de futuro que había, decía que pronto juntaría dinero para cumplir lo prometido y que le esperase porque juntos serían muy felices en su nueva patria.
Pero los días se convirtieron en meses y los meses en años y las cartas fueron cada vez más escasas y cortas, las promesas se fueron olvidando y el amor se fue enfriando hasta quedarse en un mero recuerdo de juventud.
Un buen día llegó la noticia de que él se había casado con una mujer argentina,según se decía, de muy buena familia y de gran poder económico. El hecho trajo enemistad y riñas entre las dos familias que pasaron de ser una sola a no poderse ver.
Ella que siempre había sido fiel a su palabra se quedó definitivamente sola. Con una edad que ya no era la mejor para ir en vusca de un hombre, dedicó el resto de sus días al cuidado de los padres y hermanos y a las labores de la casa.
Los años hicieron que su hermoso pelo color oro se fuese haciendo gris y que sus hojos negros solamente reflejaran tristeza y desolación. Con la muerte de sus padres se vistió de un luto eterno, de un negro que era el fiel reflejo de su propia alma.
En un hermoso día de julio apareció en la aldea un hombre al que nadie pudo reconocer, sin mediar palabra se encaminó a una de las casas, llamó, la anciana señora que le abrió enseguida se dió cuenta de que el que allí estaba era su hijo. Entre sollozos y abrazos le metió para dentro y a gritos llamó a su marido, los tres se fundieron en un abrazo, los tres lloraron y dejaron aflorar los sentimientos tanto tiempo olvidados.
No sin vergüenza relató a sus padres las penurias de su vida de emigrante, de las noches durmiendo al raso,

Atardecer en Eiradela

malcomiendo y mendigando. De sus penurias y sus pocas esperanzas de regreso, de que todo lo que de el se contaba era mentira, de que nunca se casó, de que por vergüenza no regresó con las manos vacías, de sus muchos días de desesperación y rabia.
Finalmente les preguntó por ella, si aún vivía, si se había casado, si sería capaz de perdonarle y si debería ir a contarle su historia de desgracias y penas. Fue su padre quien le dijo ” hijo, nada hay en la vida más hermoso que ser sincero, con la sinceridad se abren los corazones”.
Entrada la noche y sacando fuerzas de flaqueza se decidió en llamar a la puerta de la casa vecina, despues de un largo rato de espera esta se abrió y la figura de una mujer apareció entre las sombras de una casa a oscuras, “¿que desea?” dijo ella con voz cansina y baja, él no supo que responder, pero finalmente dijo, “¿ acaso no me conoces ?”, y ella prestando mas atención en su cara se quedó petrificada, sin poder articular palabra alguna, ” déjame entrar, por favor, necesito hablar contigo, necesito contarte la verdad”.
Cuando regresó a la casa de sus padres era ya de madrugada, en sus ojos aún habían lágrimas y su pelo revuelto denotaba las caricias hechas por una mano llena de amor, un amor viejo, casi olvidado pero que no dejó nunca de vivir dentro del corazon de una mujer que supo ser fiel a una promesa tantos años adormecida.
Nunca se casaron, los dos se hicieron viejos viviendo cada cual en su casa, pero el verlos juntos era algo indiscriptible, se podía palpar el amor que uno por el otro sentían y lejos de parecer un par de viejos chochos eran el ejemplo a tener en cuenta por los nuevos amores de la aldea.


LOS INDIANOS

Noviembre 9, 2009

Son conocidos como “indianos” en toda España a una serie de emigrantes a los que su viaje en busca de fortuna al otro lado del Atlántico les convirtió con el paso de los años en dueños de grandes negocios o industrias y amasaron finalmente fortunas que solucionaron tanto sus vidas como las de generaciones posteriores. Algunas de aquellas industrias o negocios aún perduran hoy a nuestro lado sin darnos cuenta de que su origen fué la emigración.
Por toda la geografía española se pueden encontrar verdaderas obras de arte de la arquitectura hechas por mandato de esas familias “indianas” que nos hacen deleitar al contemplarlas tanto por su belleza como por su originalidad. Mansiones que en algunos casos ya no pertenecen a la familia constructora y son propiedad de ayuntamientos, empresas o gentes que las han comprado y las consevan en toda su plenitud.
Pero las hay tambien que se encuentran abandonadas, y es una verdadera lástima que tan hermoso legado se deje a merced de la naturaleza y del tiempo porque cada una de esas casas son parte de un legado que la emigración trajo a nuestro país durante casi un siglo.
También en muchos casos, en infinidad de lugares de nuestro país existen otras obras de estos “indianos” que sin ser tan vistosas como las mansiones no dejan de carecer de importancia. Me refiero a las obras que mandaron hacer en sus pueblos de nacimiento para el deleite y disfrute de sus paisanos, escuelas, capillas, jardines, locales para usos comunes, etc. fueron algunas de las obras que estos emigrantes afortunados nos dejaron comom legado y que pocas veces el ciudadano es consciente de ello, bien por ignorancia o en muchas otros casos por dejadez de los ayuntamientos que no explican a las generaciones actuales los orígenes de tales legados.
Personalmente he podido contemplar muchas de estas casas de “indianos” tando en Catalunya, como en Galicia, en Asturias o Cantábria y me consta que las hay en muchos otros lugares de España. Ignoro si existe un registro de dicho patrimonio, pero si no es así debería de existir pues tan gran aportación arquitectónica es merecedora de un reconocimiento y estudio.
Existe en Barcelona una barriada que lleva por nonbre “barrio de los indianos”, por las inmediaciones de la Meridiana y Felipe II, un grato homenaje a estos hombres y mujeres que con su emigración aportaron a esta ciudad tanto riqueza como calidad de vida. Todo un ejemplo a seguir por otras ciudades y pueblos.
Estas gentes que lograron lo que la gran mayoría de sus paisanos no habrían de lograr en toda su vida, riqueza, prosperidad y respeto, no dejan de ser emigrantes, hombres y mujeres que salieron de sus pueblos con una vieja maleta llena de ilusiones, esperanzas y recuerdos, como tantos otros lo hemos hechoMirando el cañón del Sil algún día.


“REGATIÑOS” de EIRADELA

Octubre 31, 2009

¿Que ha sido de los “regatos”
que había en mi aldea?
¿Donde fueron a parar?…..
“regatiños” de Eiradela
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Corrientes de agua fría
heladita al beberla,
aguas que lo regaban todo….
“regatiños” de Eiradela
…………………………………..
Una hoja era mi barco
navegando a toda vela
sin pasaje ni destino….
“regatiños” de Eiradela
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Me sacaba las “chancas” y entonces
refrescaba los pies en ella,
hasta no sentir los dedos….
“regatiños” de Eiradela
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Hoy rebusco por todos lados
y una pena me desvela,
¿donde fueron a parar?….
“regatiños” de Eiradela
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Igual que el emigrante
que regresar siempre anhela,
así tambien añoro yo….
los “regatos” de Eiradela.
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Roberto González

Eira 08 274

Eiradela desde la sierra.


“LA GALLEGA LOCA” (pensión familiar)

Octubre 7, 2009

Allá a mediados de los años 50 y hasta bien entra dos los 60 existian en Montevideo gran cantidad de pensiones en las que habitaban los emigrantes de todas partes de Europa y especialmente de España e Italia que de forma constante llegaban a la ciudad con la esperanza y la ilusión de forjarse un porvenir en esta nueva patria.
Estas pensiones ricibían de brazos abiertos a estos nuevos habitantes de la ciudad y en ellas se mezclaban las nacionalidades, pero de a poco los paisanos se fueron juntando en una u otra pensión, según las gentes que en ella habitaran, de forma que finalmente había algunas en que solamente vivían españoles y otras eran exclusivas de italianos.
A una de estos establecimientos fué a parar mi padre cuando llegó a la ciudad, allí entre paisanos conocidos unos y desconocidos los más, comenzó su largo camino de emigrante que habrída de durar casi hasta sus últimos días de vida.
Nunca me dijo si esa pensión en la que viviría algunos años tenía un nombre comercial, pero él la llamó siempre ” la pensión de la gallega loca”, porque la dueña, una paisana de fuerte caracter y muy mal genio, hacía de su negocio su pequeño cuartel privado.
Esta mujer ruda y campesina hasta la médula era analfabeta, carecía totalmente de cultura y don de gentes. Era de mediana edad y estaba casada con un hombre de su propia aldea, de caracter docil que trabajaba de mozo (camarero) en un viejo bar del centro de la ciudad donde cumplía un horario interminable que estaba acabando con sus pies, pues su andar era difuicultoso y lento.
La “gallega loca” vivía pura y exclusivamente para su negocio, ella distribuía las habitaciones, limpiaba, cocinaba y llevaba la contabilidad, nadie era capaz de sisarle un centésimo, era más lista que el hambre y cuando alguno de sus inquilinos trataba de propasarse ella misma lo ponía firme sin importarle lo ” hombre ” que este fuera.
Como no sabía de cuentas ella misma se había inventado su propio sistema de contabilidad que consistía en un frasco lleno de garbanzos. Así de una forma que solamente ella era capáz de entender hacía que las cuentas cuadrasen y nunca nadie fué quien para engañarla. Hacía montoncitos de garbanzos sobre la mesa y sacando de aquí y poniendo allí, de forma que ella sola entendía, los números salían y las cuentas cuadraban. Sabía de esta manera muy bien lo que cada uno de sus inquilinos tenía que pagarle o lo que faltaba de pagar.
Pero lo más cómico, decía mi padre, era cuando el que tenía que cuadrar las cuentas era su marido. Este traía su sobre con la mensualidad y ella le hacía poner sobre la mesa los billetes, sacaba entonces su frasco de garbanzos y comenzaba a hacer las cuentas, horas extra incluidas, todo lo calculaba al céntimo y si todo salía bien se adueñaba de los billetes y desaparecía con ellos, pero si acaso las cuentas no cuadraban y faltaba algo amenazaba al marido y se ponía en tal estado de exitación que muchas veces acababa cogiéndolo por el cuello hasta que aparecía lo que faltaba. Despues de tal escena el hombre se limitaba a decir “Que mujer esta !!!… como para irse de putas !!!” y a continuación se reía con una risa fina y baja “como la de un ratoncito”.
Con su caracter militar en la pensión no había deslices nio robos, si alguno no seguía las normas establecidas o si alguien alvorotaba el ambiente, llegaba a desora o se emborrachaba inmediatamente lo ponía de patitas en la calle con todos sus trastos, “sin explicaciones ni ostias”, comentaba mi padre.
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El caso de esta mujer, tan particular, pretende ser un recordatorio a todas aquellas gallegas que salidas de la aldea y casi siempre con escasa cultura, fueron capaces de superar los obstáculos mas difíciles y salir adelante lejos de su tierra y de su familia.
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Mi más sincero y respetuoso recuerdo y gran admiración para esas “gallegas locas” que tanto admiro

Horreo de Roberto

Horreo de Roberto


CAMPO OLVIDADO

Septiembre 29, 2009
E sol quemaba su cara

en verano, en la siega

fruto que la tierra a veces da

y otras veces lo niega

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Toda su vida luchando

tratando de sacar al suelo

el fruto de sus sudores

que le sirvan de consuelo

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Inviernos de heladas crudas

el campo todo escarchado

imposible hacer nada

solo atender el ganado

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Y cuando en un año maldito

todo, todo se de mal

no valen quejas….ni rezos

pues la vida sigue igual

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Cuantos inviernos y veranos

el abuelo pasó luchando

para hacer la casa grande

y dejarnos un legado

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Pero los tiempos cambiaron

hoy ya nada es igual

las fincas montes se vuelven

y está seco el manantial

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Ya no hay caminos de carros

las casas son hoy ya torres

los pinares se han quemado

y ni los campos tienen flores

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A los hijos y los nietos

ya no les importan las fincas

su pan no lo da el arado

su nido en otro lado fijan

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Abuelo que nos estás mirando

desde tu rincon del cielo

no pienses que tu trabajo

no debiste de hacerlo

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Siempre habrá entre nosotros

quien quiera y aprecie el campo

como usted lo apreciaba

y le dedique algún canto

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Canto que será homenaje

a tantos y tantos sudores

a madrugadas de invierno

y a campos llenos de flores.

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Roberto Gonzalez
Dos viejos arados del abuelo, hoy adorno de la casa

Dos viejos arados del abuelo, hoy adorno de la casa


RECUERDOS Y LAGRIMAS

Septiembre 18, 2009

Le conocí por casualidad, el deambulaba por el barrio haciendo recados a unos y a otros porque al estar jubilado el tiempo se le hací demasiado largo y la casa demasiado grande. Coincidimos en la panadería de un paidaso de Coruña al que cada día íva a comprar el pan y los bizcochos.

Fué precisamente Manolo, el panadreo quien nos presentó, inmediatamente entre los dos hubo una afinidad que hizo desaparecer al instante los cincuenta años que nos separaban. Me preguntó que de donde era, “da terra da chispa” contesté y el me dijo ” pois eu son das rías baixas, de Pontevedra”. Desde entonces nos encontrábamos siempre  por distintos rincones del barrio del Reducto donde los dos vivíamos y poco apoco fuimos confiando el uno en el otro y haciendo nuestras tertulias particulares en el bar de la esquina de las calles San Martin y San Fructuoso.

Entre café y café y un día trás  otro me fue contando la historia de su larga vida como emigrante,  sus desdichas,  sus alegrías, sus amores, sus fracasos y sobre todas las cosas su inmensa y añeja soledad, una soledad curtida tras una larga vida  de soltería empedernida y enquistada en la vejez.

Yo le comtaba mi corta historia y sobre todo los planes de vida que tenía por delante,  me escuchaba atentamente y despues de un rato en silencio solemente se limitaba a decirme  “Non sufras…ti ainda es un rapaz, e a vida e muy larga e está chea de sorpresas”. A continuación los dos nos hechábamos unas carcajadas y pedíamos otro café que nos diera gusto al paladar y calor a las tripas.

Con el tiempo y muy lentamente sus historias fueron cambiando de tono y como presintiendo la llegada de su final me hablaba de su familia, de su pueblo, de los amigos de la niñez, de sus años de servicio militar, de la desgracia de tener que irse y dejar atrás todo lo que tanto quería y siempre tenía un recuerdo para sus padres, ” deixaron a vida e a saude pa podernos criar e morreron tan pobres como viviron”, decía en voz muy baja, y despues bajaba la cabeza y dejaba caer un par de lágrimas, tan saladas como el mar de sus  queridas rías baixas.

Habían pasado un par de años desde que nos conocimos y en ese tiempo había envejecido tanto que se convirtió en un anciano. Su estado mental estaba plagado de recuerdos de su gente y de su pueblo, hablaba de acontecimientos pasados hacía un montón de años como si hubiesen pasado el día anterior y hasta llegó a confundirme un día con su hermano menor. Y cada día al separarnos derramaba unas lágrimas de despedida y me daba un fuerte abrazo como si esa fuese la despedida definitiva.

Un día llegué al bar y el camarero me preguntó por el, inmediatamente el corazón me dió un tumbo, algo me decía que la cosa no marchaba bien,  corriendo llegué a la puerta de su casa, llamé una y otra vez pero nadie me abrió, no sabía que hacer, finalmente llamé a la puerta de un vecino y este me dijo que hacía un par de días se lo había lleva do una ambulancia, que estaba muy enfermo y que no sabían nada mas,  ni siquiera en que hospital estaba.

Desde casa llamé a los hospitales,  pero al no saber sus apellidos nadie me podía decir nada, finalmente fué Manolo el panadero quien dió con su paradero, estaba en el Hospital Maciel, en la ciudad vieja, y para allí me fui con toda la prontitud posible.

Finalmente pude verlo, estaba demacrádo y muy delgado, con la mirada perdida y murmurando quien sabe que cosas. Le cogí una mano, estaba helada, lentamente dió vuelta la cabeza, me sonrió y dijo en un tono muy suave  “xa sabía que no me deixarías solo no último momento…meu hirmau”.Le dije que  contara conmigo y que para eso estaban los hermanos, para cuidarse unos a otros. No me soltó la mano en ningún momento, ni pronunció mas palabra en el resto de la tarde, cuando le dije que me marchaba intentó abrazarme pero no pudo, yo le abracé a el y le acaricié el pelo, en el momento que le solté la mano me señaló con el dedo y dijo: ” ahora terás que cuidar tu dos pais, porque eu xa me marcho”.

Salí del hospital, el frío de la  noche me pegó en la cara y me sacó del estado melancólico en que me encontraba,

Aurelio, con sus noventa y tantos años, pero jnoven como siempre.

Aurelio, con sus noventa y tantos años, pero jnoven como siempre.

fué en ese instante en que me dí cuenta de que por mi cara caían dos lágrimas, las últimas lágrimas que derramé por un hermano que nunca tuve pero que siempre recordaré.


VERSOS DE AMOR A UNA RUEDA DE AFILAR

Agosto 28, 2009

Mi “tarazana”,  mi hermana

mi compañera y amiga

la que me da de comer

y mantiene a la familia

Detrás de mi rueda voy

por caminos olvidados

en busca de una aldea

en busca de afilados

De noble madera hecha

y por un buen artesano

fiel amiga y compañera

mimada está por mis manos

Con ella van mis ahorros

y mis ansias de trabajo

sin ella yo no soy nadie…

un campesino…si acaso

Rueda de afilar, amiga

a ti te lo debo todo

por eso te extraño tanto

y sin ti me siento solo

Muchos años a tu lado

sacando chispas de acero

son suficientes razones

para decirte… “te quiero”.

Roberto Gonzalez

Clásica rueda de afilador

Clásica rueda de afilador


SENTIMIENTOS Y ESTRELLAS

Agosto 21, 2009

Cada vez que llego a la aldea, mi mente se transforma, mi cuerpo se transforma, mi vida se transforma. Es tanta la añoranza que siento cuando estoy lejos del lugar en que nací que a mi llegada soy  otra persona diferente, o quizás sea realmente quien soy y el “otro” es el que vive lejos durante gran parte de cada año.

Allí me reencuentro con todo lo mío, con lo que fuí y lo que deseo ser, me siento integrado en el paisage, mi alma y mis sentimientos están en cada rincón del pueblo y muy especialmente de la casa en que nací.

Me levanto muy temprano y voy al monte a limpiar la maleza, despues de estar ellí toda la mañana regreso agotado pero felíz, entro en la casa y me saco la ropa empapada en sudor y antes de darme un  baño, miro alrededor, observo cada detalle del comedor, adornado con herramientas viejas y reconstruidas por mi mismo, estoy orgulloso de haber logrado hacer la casa, llenarla de muebles y decorarla a mi gusto, es un legado que dejaré para los hijos….respiro hondo y voy a refrescarme feliz por todo lo conseguido y feliz tambien por ser comprendido por mi familia.

El resto del día lo dedico a la restauración de alguna herramienta que alguien me ha dado, o a pintar un viejo arado, o a barnizar alguna vieja madera deslucida por el tiempo.

Por la noche,  despues de la cena salgo a la terraza y miro el inmenso cielo negro plagado de estrellas, el mismo cielo que miraba mi abuelo José conmigo a su lado, allí siguen estando las viejas estrellas de siempre con su tintineante luz y la blanca luna de manchas grises, la misma que nos miraba al abuelo y a mi cada noche y que hoy espera Eira 08 291 mi salida para bañarme con su inmensa luz blanquecina y tristona.

Es en ese momento que siento a mi lado la presencia del abuelo, siento su respirar cansino y su voz pausada y cariñosa que me dice: ” neno, o ceo e de todos e ti tamben tes parte del, como todos os demais”, siento su mano sobre mi hombro y juntos los dos nos quedamos hasta muy entrada la madrugada a la espera de esa estrella fugaz que nos regalará la noche y que hará mas hermoso el cielo, mi cielo, nuestro cielo, el cielo de todos.

Cuando ya el frío me hace ir de retirada y decido irme a dormir, dejo al abuelo solo mirando las estrellas, lleno de sentimientos y de amor por ese cielo del que hoy él forma parte seguramente.

Al taparme con las mantas y acurrucarme para entrar en calor siento muy dentro de mi a aquel niño aldeano e inocente que nunca dejaré de ser y con el corazón lleno de felicidad duermo y descanso las pocas horas que me quedan antes de madrugar e irme nuevamente al monte.


LAS MORRIÑAS

Julio 30, 2009

Hoy tuvimos una comida entre compañeros de la empresa, es verdad que no todos estuvimos presentes, pero si los mas asiduos, los que no nos perdemos ninguna cena o comida entre compañeros.

Al final de la celebración ya cuando eran cerca de las cinco y media de la tarde decidimos levantar campamento y como cada año en estas fechas nos saludarnos todos deseándonos mutuamente unas felices vacaciones.

Despues cada uno salió para su lado, con unas copitas demás. Yo me fui con un compañero que desde su niñez está radicado en estas tierras catalanas, pero nacido en Andalucía. Miestras caminábamos rumbo a la estación de Sants comenzamos a hablar de las añoranzas de la tierra que nos vió nacer.

Yo le espliqué lo que siento cada vez que llego a mi aldea, la desesperación por llegar lo antes posible, las añoranzas reprimidas durante todo un año y en gran deseo de ver y oler el terruño natal.

Para mi sorpresa el me contó que sentía precisamente esa misma sensación cada vez que llegaba a su tierra andaluza, que allí le esperaban paisajes y gentes que habían formado parte de su infancia y que al llegar al terruño todo se tornaba de otro color,  más sencillo más elemental, más cotidiano y simple.

Cuando nos despedimos y nos deseamos felices vacadiones, luego yo me quedé solo y  me puse a pensar que a lo mejor eso de la morriña, tan gallego, tan profundamente arraigado en nuestra cultura quizas no lo sea tanto y cada uno a su manera, añora el lugar de su nacimiento, con mayor o menor fuerza, pero la añoranza siempre existe en cada emigrante de cualquier parte del mundo.

Quizás los gallegos subestimamos las morriñas de las demás gentes y creemos que la única verdadera es la nuestra, la morriña gallega, pero evidentemente hoy me he convencido de que hay morriñas de todos lugares y de todos colores, porque ¿ quien no añora a su tierra ?,  ¿ quien no desearía estar en el lugar que le vió nacer cada día de su vida ?, ¿ quien no extraña

PLAZA DO FERRO EN OURENSE

PLAZA DO FERRO EN OURENSE

todo aquello que un día fué parte de su existencia ?

Mi morriña es gallega, por supuesto, pero hoy me he dado cuenta de que la morriña es algo internacional, indiscriptible, únicio y ojalá todo el mundo pudiera sentir esa sensación tan especial que la morriña nos mete en el cuerpo a todos los que por una u otra razón estamos lejos de la tierra que nos vió nacer.


EL DIA QUE YO ME FUI

Julio 16, 2009

Apenas tenía nueve años, mi vida había transcurrido casi por completo en la aldea natal de Eiradela, todo mi mundo acababa o empezaba en la sierra, en Faramontaos o en Luintra, hasta que un buen día mi madre me dijo que pronto nos iríamos para Montevideo a vivir con mi padre, José,  que allí estaba desde hacía unos seis años.

Desde entonces todo en nuestra casa giraba entorno al viaje que mamá y yo pronto emprenderíamos. El abuelo trataba de jugar lo más posible conmigo, disfrutando cada momento porque sabía que quizás ya no volveríamos a vernos. Tío Nelson disimulaba su disgusto lo mejor que podía, pero todos sabíamos que a solas se le escapaban las lágrimas, la tía Dosinda llorisqueaba y rezaba en silencio.

Mi madre quería antes de marcarse dejar todo bien atado y estaba durante el día dándoles instrucciones al abuelo y al tío para que cuando se quedaran solos no les faltara de nada. A la tía Dosinda le encontró un sitio en la casa de unas prímas que vivían en Faramontaos quienes la cuadarían hasta el final de sus días, pero cuando ella se enteró de que se iría para el otro pueblo solamente se limitó a decir: “pra Faramontaos irei pero non pa onde tu pensas” y cual premonición a los pocos días de nuestra marcha ella se murió y fue para Faramontaos…… para panteón familiar.

El tiempo se pasó rápidamente y yo no pensaba en otra cosa que en el viaje y en que finalmente conocería a mi padre, porque apenas tenía una vaga idea de su aspecto. El viejo baúl que apareció un día en casa poco a poco se fué llenando de ropa, enseres y paquetes que las gentes del pueblo mandában a sus familiares que estaban emigrados en Montevideo y a los que hacía muchos años no veían, mi madre recolectó cartas y documentos para entregar a gentes que ni siquiera conocia, pero que finalmente llegaron a su destino.

Un buen día en la escuela la maestra, doña Celsa, les dijo a los demás niños que muy pronto yo me iría para América, algunos  me felicitaron, otros me decían que me envidiaban porque yo conocería a mi padre y ellos aún no  concían al suyo

"A Mina" el inagotable manantial de Eiradela

"A Mina" el inagotable manantial de Eiradela

, pero la mayoria no supo como reaccionar y se limitó a hecharme una mirada inquisidora que nunca llegué a comprender del todo.

Finalmente llegó tan ansiado día, mi madre me despertó muy temprano en la mañana para marcharnos de la aldea antes de que la gente se despertara y así ahorrarse un sinfin de despedidas y de llantos. El abuelo andaba de un lado para otro sin decir nada pero diciéndolo todo a la vez, la tía Dosinda ya se había despedido de nosotros en la noche anterior, pero estoy seguro de que desde algún lugar  estaba esperando a vernos pasar escondida entre las penunbras de la madrugada. El tío Nelson trataba de organizarlo todo y de darle a las cosas la menor importancia aunque su corazón estuviese a punto de estallar. La puerta de casa se abrió por última vez para mí y bajé los escalones de piedra de la mano del tío y mirando la pequeña figura del abuelo medio escondida tras la puerta de carballo viejo, miré a mi madre y por primera vez la vi llorar, el corazón se me partió en dos, pero ella al ver que la observaba se limitó a hacerme señar de que estuviese en silencio. Paso a paso nos fuimos alejando de mi pequeño mundo, en silencio, por los caminos húmedos de la aldea, unos cuantos perros ladraron pero nadie se cruzó en nuestro camino hasta que llegamos al pueblo de San Miguel do Campo donde tomaríamos el cohe de linia hacia Ourense y luego el tren hasta Vigo donde nos esperaba el barco  que nos trasladaría hasta el otro lado del océano, a mi nueva patria…a Uruguay.