Son conocidos como “indianos” en toda España a una serie de emigrantes a los que su viaje en busca de fortuna al otro lado del Atlántico les convirtió con el paso de los años en dueños de grandes negocios o industrias y amasaron finalmente fortunas que solucionaron tanto sus vidas como las de generaciones posteriores. Algunas de aquellas industrias o negocios aún perduran hoy a nuestro lado sin darnos cuenta de que su origen fué la emigración.
Por toda la geografía española se pueden encontrar verdaderas obras de arte de la arquitectura hechas por mandato de esas familias “indianas” que nos hacen deleitar al contemplarlas tanto por su belleza como por su originalidad. Mansiones que en algunos casos ya no pertenecen a la familia constructora y son propiedad de ayuntamientos, empresas o gentes que las han comprado y las consevan en toda su plenitud.
Pero las hay tambien que se encuentran abandonadas, y es una verdadera lástima que tan hermoso legado se deje a merced de la naturaleza y del tiempo porque cada una de esas casas son parte de un legado que la emigración trajo a nuestro país durante casi un siglo.
También en muchos casos, en infinidad de lugares de nuestro país existen otras obras de estos “indianos” que sin ser tan vistosas como las mansiones no dejan de carecer de importancia. Me refiero a las obras que mandaron hacer en sus pueblos de nacimiento para el deleite y disfrute de sus paisanos, escuelas, capillas, jardines, locales para usos comunes, etc. fueron algunas de las obras que estos emigrantes afortunados nos dejaron comom legado y que pocas veces el ciudadano es consciente de ello, bien por ignorancia o en muchas otros casos por dejadez de los ayuntamientos que no explican a las generaciones actuales los orígenes de tales legados.
Personalmente he podido contemplar muchas de estas casas de “indianos” tando en Catalunya, como en Galicia, en Asturias o Cantábria y me consta que las hay en muchos otros lugares de España. Ignoro si existe un registro de dicho patrimonio, pero si no es así debería de existir pues tan gran aportación arquitectónica es merecedora de un reconocimiento y estudio.
Existe en Barcelona una barriada que lleva por nonbre “barrio de los indianos”, por las inmediaciones de la Meridiana y Felipe II, un grato homenaje a estos hombres y mujeres que con su emigración aportaron a esta ciudad tanto riqueza como calidad de vida. Todo un ejemplo a seguir por otras ciudades y pueblos.
Estas gentes que lograron lo que la gran mayoría de sus paisanos no habrían de lograr en toda su vida, riqueza, prosperidad y respeto, no dejan de ser emigrantes, hombres y mujeres que salieron de sus pueblos con una vieja maleta llena de ilusiones, esperanzas y recuerdos, como tantos otros lo hemos hecho
algún día.
LOS INDIANOS
Noviembre 9, 2009“REGATIÑOS” de EIRADELA
Octubre 31, 2009¿Que ha sido de los “regatos”
que había en mi aldea?
¿Donde fueron a parar?…..
“regatiños” de Eiradela
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Corrientes de agua fría
heladita al beberla,
aguas que lo regaban todo….
“regatiños” de Eiradela
…………………………………..
Una hoja era mi barco
navegando a toda vela
sin pasaje ni destino….
“regatiños” de Eiradela
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Me sacaba las “chancas” y entonces
refrescaba los pies en ella,
hasta no sentir los dedos….
“regatiños” de Eiradela
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Hoy rebusco por todos lados
y una pena me desvela,
¿donde fueron a parar?….
“regatiños” de Eiradela
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Igual que el emigrante
que regresar siempre anhela,
así tambien añoro yo….
los “regatos” de Eiradela.
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Roberto González

Eiradela desde la sierra.
“LA GALLEGA LOCA” (pensión familiar)
Octubre 7, 2009Allá a mediados de los años 50 y hasta bien entra dos los 60 existian en Montevideo gran cantidad de pensiones en las que habitaban los emigrantes de todas partes de Europa y especialmente de España e Italia que de forma constante llegaban a la ciudad con la esperanza y la ilusión de forjarse un porvenir en esta nueva patria.
Estas pensiones ricibían de brazos abiertos a estos nuevos habitantes de la ciudad y en ellas se mezclaban las nacionalidades, pero de a poco los paisanos se fueron juntando en una u otra pensión, según las gentes que en ella habitaran, de forma que finalmente había algunas en que solamente vivían españoles y otras eran exclusivas de italianos.
A una de estos establecimientos fué a parar mi padre cuando llegó a la ciudad, allí entre paisanos conocidos unos y desconocidos los más, comenzó su largo camino de emigrante que habrída de durar casi hasta sus últimos días de vida.
Nunca me dijo si esa pensión en la que viviría algunos años tenía un nombre comercial, pero él la llamó siempre ” la pensión de la gallega loca”, porque la dueña, una paisana de fuerte caracter y muy mal genio, hacía de su negocio su pequeño cuartel privado.
Esta mujer ruda y campesina hasta la médula era analfabeta, carecía totalmente de cultura y don de gentes. Era de mediana edad y estaba casada con un hombre de su propia aldea, de caracter docil que trabajaba de mozo (camarero) en un viejo bar del centro de la ciudad donde cumplía un horario interminable que estaba acabando con sus pies, pues su andar era difuicultoso y lento.
La “gallega loca” vivía pura y exclusivamente para su negocio, ella distribuía las habitaciones, limpiaba, cocinaba y llevaba la contabilidad, nadie era capaz de sisarle un centésimo, era más lista que el hambre y cuando alguno de sus inquilinos trataba de propasarse ella misma lo ponía firme sin importarle lo ” hombre ” que este fuera.
Como no sabía de cuentas ella misma se había inventado su propio sistema de contabilidad que consistía en un frasco lleno de garbanzos. Así de una forma que solamente ella era capáz de entender hacía que las cuentas cuadrasen y nunca nadie fué quien para engañarla. Hacía montoncitos de garbanzos sobre la mesa y sacando de aquí y poniendo allí, de forma que ella sola entendía, los números salían y las cuentas cuadraban. Sabía de esta manera muy bien lo que cada uno de sus inquilinos tenía que pagarle o lo que faltaba de pagar.
Pero lo más cómico, decía mi padre, era cuando el que tenía que cuadrar las cuentas era su marido. Este traía su sobre con la mensualidad y ella le hacía poner sobre la mesa los billetes, sacaba entonces su frasco de garbanzos y comenzaba a hacer las cuentas, horas extra incluidas, todo lo calculaba al céntimo y si todo salía bien se adueñaba de los billetes y desaparecía con ellos, pero si acaso las cuentas no cuadraban y faltaba algo amenazaba al marido y se ponía en tal estado de exitación que muchas veces acababa cogiéndolo por el cuello hasta que aparecía lo que faltaba. Despues de tal escena el hombre se limitaba a decir “Que mujer esta !!!… como para irse de putas !!!” y a continuación se reía con una risa fina y baja “como la de un ratoncito”.
Con su caracter militar en la pensión no había deslices nio robos, si alguno no seguía las normas establecidas o si alguien alvorotaba el ambiente, llegaba a desora o se emborrachaba inmediatamente lo ponía de patitas en la calle con todos sus trastos, “sin explicaciones ni ostias”, comentaba mi padre.
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El caso de esta mujer, tan particular, pretende ser un recordatorio a todas aquellas gallegas que salidas de la aldea y casi siempre con escasa cultura, fueron capaces de superar los obstáculos mas difíciles y salir adelante lejos de su tierra y de su familia.
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Mi más sincero y respetuoso recuerdo y gran admiración para esas “gallegas locas” que tanto admiro

Horreo de Roberto
SENTIMIENTOS Y ESTRELLAS
Agosto 21, 2009Cada vez que llego a la aldea, mi mente se transforma, mi cuerpo se transforma, mi vida se transforma. Es tanta la añoranza que siento cuando estoy lejos del lugar en que nací que a mi llegada soy otra persona diferente, o quizás sea realmente quien soy y el “otro” es el que vive lejos durante gran parte de cada año.
Allí me reencuentro con todo lo mío, con lo que fuí y lo que deseo ser, me siento integrado en el paisage, mi alma y mis sentimientos están en cada rincón del pueblo y muy especialmente de la casa en que nací.
Me levanto muy temprano y voy al monte a limpiar la maleza, despues de estar ellí toda la mañana regreso agotado pero felíz, entro en la casa y me saco la ropa empapada en sudor y antes de darme un baño, miro alrededor, observo cada detalle del comedor, adornado con herramientas viejas y reconstruidas por mi mismo, estoy orgulloso de haber logrado hacer la casa, llenarla de muebles y decorarla a mi gusto, es un legado que dejaré para los hijos….respiro hondo y voy a refrescarme feliz por todo lo conseguido y feliz tambien por ser comprendido por mi familia.
El resto del día lo dedico a la restauración de alguna herramienta que alguien me ha dado, o a pintar un viejo arado, o a barnizar alguna vieja madera deslucida por el tiempo.
Por la noche, despues de la cena salgo a la terraza y miro el inmenso cielo negro plagado de estrellas, el mismo cielo que miraba mi abuelo José conmigo a su lado, allí siguen estando las viejas estrellas de siempre con su tintineante luz y la blanca luna de manchas grises, la misma que nos miraba al abuelo y a mi cada noche y que hoy espera
mi salida para bañarme con su inmensa luz blanquecina y tristona.
Es en ese momento que siento a mi lado la presencia del abuelo, siento su respirar cansino y su voz pausada y cariñosa que me dice: ” neno, o ceo e de todos e ti tamben tes parte del, como todos os demais”, siento su mano sobre mi hombro y juntos los dos nos quedamos hasta muy entrada la madrugada a la espera de esa estrella fugaz que nos regalará la noche y que hará mas hermoso el cielo, mi cielo, nuestro cielo, el cielo de todos.
Cuando ya el frío me hace ir de retirada y decido irme a dormir, dejo al abuelo solo mirando las estrellas, lleno de sentimientos y de amor por ese cielo del que hoy él forma parte seguramente.
Al taparme con las mantas y acurrucarme para entrar en calor siento muy dentro de mi a aquel niño aldeano e inocente que nunca dejaré de ser y con el corazón lleno de felicidad duermo y descanso las pocas horas que me quedan antes de madrugar e irme nuevamente al monte.
EL DIA QUE YO ME FUI
Julio 16, 2009Apenas tenía nueve años, mi vida había transcurrido casi por completo en la aldea natal de Eiradela, todo mi mundo acababa o empezaba en la sierra, en Faramontaos o en Luintra, hasta que un buen día mi madre me dijo que pronto nos iríamos para Montevideo a vivir con mi padre, José, que allí estaba desde hacía unos seis años.
Desde entonces todo en nuestra casa giraba entorno al viaje que mamá y yo pronto emprenderíamos. El abuelo trataba de jugar lo más posible conmigo, disfrutando cada momento porque sabía que quizás ya no volveríamos a vernos. Tío Nelson disimulaba su disgusto lo mejor que podía, pero todos sabíamos que a solas se le escapaban las lágrimas, la tía Dosinda llorisqueaba y rezaba en silencio.
Mi madre quería antes de marcarse dejar todo bien atado y estaba durante el día dándoles instrucciones al abuelo y al tío para que cuando se quedaran solos no les faltara de nada. A la tía Dosinda le encontró un sitio en la casa de unas prímas que vivían en Faramontaos quienes la cuadarían hasta el final de sus días, pero cuando ella se enteró de que se iría para el otro pueblo solamente se limitó a decir: “pra Faramontaos irei pero non pa onde tu pensas” y cual premonición a los pocos días de nuestra marcha ella se murió y fue para Faramontaos…… para panteón familiar.
El tiempo se pasó rápidamente y yo no pensaba en otra cosa que en el viaje y en que finalmente conocería a mi padre, porque apenas tenía una vaga idea de su aspecto. El viejo baúl que apareció un día en casa poco a poco se fué llenando de ropa, enseres y paquetes que las gentes del pueblo mandában a sus familiares que estaban emigrados en Montevideo y a los que hacía muchos años no veían, mi madre recolectó cartas y documentos para entregar a gentes que ni siquiera conocia, pero que finalmente llegaron a su destino.
Un buen día en la escuela la maestra, doña Celsa, les dijo a los demás niños que muy pronto yo me iría para América, algunos me felicitaron, otros me decían que me envidiaban porque yo conocería a mi padre y ellos aún no concían al suyo

"A Mina" el inagotable manantial de Eiradela
, pero la mayoria no supo como reaccionar y se limitó a hecharme una mirada inquisidora que nunca llegué a comprender del todo.
Finalmente llegó tan ansiado día, mi madre me despertó muy temprano en la mañana para marcharnos de la aldea antes de que la gente se despertara y así ahorrarse un sinfin de despedidas y de llantos. El abuelo andaba de un lado para otro sin decir nada pero diciéndolo todo a la vez, la tía Dosinda ya se había despedido de nosotros en la noche anterior, pero estoy seguro de que desde algún lugar estaba esperando a vernos pasar escondida entre las penunbras de la madrugada. El tío Nelson trataba de organizarlo todo y de darle a las cosas la menor importancia aunque su corazón estuviese a punto de estallar. La puerta de casa se abrió por última vez para mí y bajé los escalones de piedra de la mano del tío y mirando la pequeña figura del abuelo medio escondida tras la puerta de carballo viejo, miré a mi madre y por primera vez la vi llorar, el corazón se me partió en dos, pero ella al ver que la observaba se limitó a hacerme señar de que estuviese en silencio. Paso a paso nos fuimos alejando de mi pequeño mundo, en silencio, por los caminos húmedos de la aldea, unos cuantos perros ladraron pero nadie se cruzó en nuestro camino hasta que llegamos al pueblo de San Miguel do Campo donde tomaríamos el cohe de linia hacia Ourense y luego el tren hasta Vigo donde nos esperaba el barco que nos trasladaría hasta el otro lado del océano, a mi nueva patria…a Uruguay.
SOY EMIGRANTE
Julio 5, 2009Las estrellas que miro
cada noche en este cielo
tienen un color distinto
de las que hay en mi pueblo.
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Los ruidos aquí son distintos
los olores han cambiado
la gente tiene otras caras,
no hay amigos a mi lado.
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Duro camino he elegido

Antiguo campanario del Monasterio de Rocas en Ourense
para ganarme la vida
lejos de todo lo mío
solo es camino de ida.
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Quizás al pasar los años
ya acostumbrado al lugar
el pasado sea una historia
lejana y difícil de recordar.
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Pero hoy que aún tengo fresco
en la memoria a mi pueblo
los ojos se me humedecen
y por volver… yo me muero.
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Roberto González
LOS AFILADORES (trabajo personal)
Junio 21, 2009Desde hace ya agún tiempo dedico parte de mi tiempo libre a recopilar material sobre al antiguo oficio de “afilador” y es por medio de este bloc que invito a todos a mandarme, si les apetece, fotos, artículos, historas, videos etc sobre los afiladores en cualquier parte del mundo.
Mi dirección de correo electrónico es: eiradela-aldea@terra.es, o en su defecto mandarlas por medio de 2comentarios” en este mismo bloc.
Desde ya mi más sincero agradecimiento a todos por el interés que seguro pondréis en el proyecto.

Afilador en Buenos Aires,(foto enviada por un amigo desde esa ciudad)
EL PERRO DEL AFILADOR ( cuento )
Junio 17, 2009Como siempre que entraba a una aldea perdida en la inmensidad de Castilla, detrás de su vieja rueda de afilar y al mismo tiempo que hacía sonar su suave música, una infinidad de peros acudían a su encuentro tratando de asustarle y de hacerle retroceder con sus ladrídos. Hombre curtido en su oficio sabía que era imprescindible llevar siempre en los bolsillos unas cuantas piedras para asustar a los canes más valientes del poblado. Despues de acertar con una de ellas a uno de los perros los otros retrocedían gruñendo y mirándole con desconfianza y temor a la vez.
Durante toda la mañana anduvo de casa en casa haciendo su trabajo, afilar y arreglar algún que otro paragüas, y solamente a la hora del mediodía cuando el sol era de justicia y nadie se atrevía a salir de su casa, fué que se paró debajo del único pino que había en la aldea, al lado de una vieja fuente de piedra, allí sacó de su alforja un trozo de queso y un buen mendrúgo de pan. Con la navaja comenzó a atrocear la comida y a saciar el apetito lentamente, de vez en cuando se arrimaba a la fuente a tomar un trago de agua fresca, y despues de haber comido a bebido se puso a dormitar a la sonbra y al lado de su “tarazana”.
Entrada ya la tarde y al paso de los primero paisanos rumbo a sus faemas de campo el afilador despertó de su letargo dispuesto a continuar trabajando hasta bien llegada la noche. Fue precisamente en ese instante que se fijó en un viejo y desnutrido perro que parecía constar solamente de piel y huesos. Con el rabo entre las patas le miraba y parecía decirle con sus ojos tristes y amarillentos que él tambien era otro forastero en ese apartado lugar.
A buena distancia pero sin perderle ni un instante de vista le fué siguiendo por las callejuelas del poblado, esquivando a otros perros que le enseñaban los dientes y trataban de morderle una y otra vez. Fue precisamente una piedra del afilador la que le sacó de encima a un perro pastor que se había ensañado con su perseguidor. Desde entonces el perro se le fue acercando cada vez un poco más y cuando la noche lo oscureció todo ya estaba de pié al otro lado de la rueda de afilar.
Por la noche durmieron juntos en un pajar, compartieron tocino y pan y por primera vez ninguno de los dos se sintió solo en mucho tiempo.
A la mañana siguiente dejaron el pueblo por un camino polvorienso y seco, bebieron del agua de los arroyos y comieron de lo que la gente les daba como limosna o a cambio de algún trabajo extra. El afilador le llamaba por el nombre de “cadelo” y el perro parecía agradecerle con la mirada cada vez que su compañero le llamaba. Juntos hicieron camino, atravesaron prados y montañas y a cada llegada a un nuevo pueblo “cadelo” esperaba a su compañero de viaje a las afueras por miedo a que los otros perros del lugar se lehecharan encima.
Los zapatos gastados del afilador al igual que las patas del perro eran mudo testigo de los kilómetros que juntos habían hecho, siempre se respetaron mutuamente y el tiempo hizo de ellos dos muy buenos amigos.
Un buen día llegó el afilador a un pueblo con estación de tren, trabajó en el durante varias jornada y junto al perro recorrió los distintos barrios hasta que finalmente se acabó el trabajo.Pensó el afilador que ya era hora de regresar a casa y fué en vusca de un lugar seguro en donde dejar la rueda guardada para cuando regresara de su pueblo natal pues de algunos meses.
A continuación se dirigió a la estación y sacó billete para el primer tren a Ourense, comió en una vieja fonda y guardó las sobras para su inseparable compañero, juntos estuvieron hasta la hora de la partida, el perro bien pegado a su amigo presentía que pronto estaría solo otra vez. Cuando el pitido del tren se hizo sentir, los dos corazones sintieron a la vez que algo les oprimía y les hacía dificultoso el latir.
La última vez que se viron fué cuando ya el tren iva en marcha rumbo a Galicia, a través de la ventanilla , el afilador, pudo apreciar la delgada figura de un viejo perro y unos ojos amarillentos que parecían decirle adios para siempre.
LOS RECUERDOS
Junio 10, 2009Si en algo nos parecemos todos los emigrantes del mundo es sin duda alguna en saber guardar los recuerdos del lugar en donde nacimos o hemos crecido, de los familiares lejanos en la distancia y el tiempo, de los amigos de la infancia y la juventud, de los paisajes que nos rodearon durante buena parte de nuestra vida, de los olores de nuestra casa y sobre todo del sabor de las comidas que hacía nuestra madre o la abuela.
Todos esos recuerdos, siendo los mismos, son totalmente diferentes en cada persona puesto que el lugar de nacimiento es siempre diferente, los familiares son otros, al igual que los amigos, los paisajes difieren totalmente, los olores ni se parecen en nada y el sabor de las comidas cambia según se condimente.
Pero cuando los emigrantes de un mismo país se juntan todo se mezcla y se confunde, al hablar de la madre cada uno piensa en la suya y es la misma mujer pero con distinto rostro. Con los amigos y familiares pasa exactamente lo mismo, el sentimiento hacia ellos se repite en cada persona pero los rostros cambian. Si hablan de los colores de las flores y de los campos en cada persona seran diferentes, pero en ese instante se funden en uno solo. Y que decir del sabor de las comidas, nada será mejor lejos de casa, en los paladares de cada uno se recordarán gustos lejanos pero siempre vivos, todos los degustarán

Con nuestros "hemanos" Alfredo y Mari nuevamente juntos en Galicia
pero ninguno será el mismo.
Y sin embargo que vonito es el compartir con los paisanos momentos de recuerdos… y que cada uno cuente sus añoranzas y sus deseos de poder regresar junto a aquellos que un día hubo que dejar por pura necesidad. Y hablar de los días de fiestas en el pueblo y lo bien que se pasaba con la familia toda reunida entorno a una vieja mesa compartiendo comida y vino.
Cuando se está lejos del hogar, de la familia, de los amigos, en muchas ocasiones los paisanos que por casualidad se conocen, llegan con el tiempo a ser parte de esa nueva familia que por necesidad hay que formar en el nuevo destino. Personas que no se conocían de nada de repente se hacen amigos y con el tiempo llegan a ser parte imprescindible de la familia. A todos nos ha pasado el llegar a querer como hermanos a gentes que como nosotros hicieron camino de ida y dejaron todo atrás para provar fortuna lejos de todo lo querido.
Al estar junto a esos nuevos hermanos es cuando los recuerdos se hacen más intensos y el compartir momentos de felicidad y de tristeza tambien nos hace sentir mas cerca de la patria lejana, de familia y amigos de paisajes, de olores y sabores que solo habitan en el recuerdo que cada uno lleva muy dentro de si.
LOS HIJOS DE LOS EMIGRANTES
Mayo 28, 2009En Eiradela, la aldea en la que yo nací, éramos una gran cantidad de niños y niñas allá por los sesenta, las edades podían variar desde los dos o tres años hasta un máximo de doce o trece, todos fuimos siempre buenos amigos y sobre todo grandes compañeros de juegos, teníamos muchas cosas en común pero sobre todas ellas había una que a casi todos nos afectaba, el tener al padre en la mayoría de los casos y a padre y madre en los menos, emigrados.
Muchos eran los hogares en que vivían los niños acompañados por la madre y los abuelos o solamente por los abuelos, eso hacía que en muchos casos, como el mío, no conocíern a su padre, puesto que este siempre había emigrado cuando los hijos eran muy pequeños, cosa que no sucedía con las madres ausentes puesto que estas habían sido reclamadas años despues por sus maridos y los niños sí se acordaban de ellas.
Los destinos de los padres emigrantes eran muy variados, algunos estaban haciendo la ruta, como se le decía a aquellos que eran afiladores y recorrían las distintas provincias españolas detrás de la famosa rueda de afilar. Otros estaban en las grandes ciudades españolas en donde había mucha industria y por ello trabajo, Madrid, Barcelona, Bilbao, San Sebastián, Logroño, Miranda de Ebro, Santa Cruz de Tenerife etc. Unos cuantos tenían a su padre en países de Europa, Francia, Alemania, Suiza, etc. Y los menos los teníamos en tierras americanas, Argentina, Uruguay, Cuba, Mexico, Chile, Venezuela…
La cuestión era que pocos de nosotros conocímos a nuestros padres hasta el momento en que este decidió regresar o reclamarnos para el país en que se encontraba, en mi caso no fué hasta el año 1963, cuando ya contaba con unos nueve años de edad y fué en ese entonces cuando conocí otro mundo, lejos de la aldea que me vió nacer.
Nunca supe en realidad si aquellas separaciones entre padres e hijos fueron para bien o para mal, si valían la pena todos los sacrificios que se hacían a nivel familiar con el único propósito de una mejora económica. Hoy como padre pienso en el valor de la familia y en los años en que no viví junto a mi padre y siento en mi interior un vacío que nace en la niñez y aún perdura hasta hoy, vacío que tenía que haber sido llenado por el cariño y la compañía de un padre que estaba a miles de kilómetros luchando por una mejor vida para su familia.
Los hijos de los emigrantes fuimos en su día las víctimas de una situación económica desesperada en una Galicia desangrada por la pobreza y por el minifundio enquistado desde hacía generaciones en el campo gallego. Nunca nadie pensó en esos miles de niños que vivíamos en familias desestructuradas por la emigración, nunca nadie se quejó por la situación y quizás esa fue la causa de que se mirara para otro lado y nunca hubiese ni la mínima intención de resolver el problema por parte de unos gobernantes que solamente pensaban en si mismos y en su queridísimo Franco.
El pasado ya no se puede reparar, pero desde nuestra optica actual

El afilador de Goya
deberíamos estudiar el problema para que no se vuelva a repetir nunca más.
Roberto González
Escrito por gallegosporelmundo
Escrito por gallegosporelmundo
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