AMOR DE ALDEA

Noviembre 19, 2009

Desde muy niños fueron inseparables, vivían uno frente al otro en la vieja aldea que les vió nacer. Ella rea delgaducha y agil, su hermoso pelo rubio, cual rayo de sol y sus hermosos hojos negros hacían que la belleza fuese un plato lleno de golosinas para su inseparable compañero de juegos.
El era, como se diría comunmente, un niño de aldea, robusto y brutote, rebosante de salud y travieso. Quería a su inseparble amiga con toda su alma, era su mejor confidente y su hermana postiza. Juntos eran felices.
Con el pasar de los años y llegada pa puvertad las cosas empezaron a cambiar, nacieron las primeras vergüenzas y los primeros sonrojos, aunque la amistad nunca dejó de ser la misma, los juegos fueron dejando paso a un tipo de sentimientos distinto. El cogerse de la mano era algo tan sensual y hemoso que hacía que los dos se avergonzaran y bajaran sus miradas, fueron muchos los intentos hasta que finalmente se dieron el primer beso, se sintieron mas unidos que nunca, se quisieron más que nunca, se extrañaron más que nunca… Y así casi sin darse cuenta llegó el amor.
A las familias eso les pareció lo mas normal del mundo, era de esperar que una amistad de tantos años acabase de esa manera, las bromas se sucedian entre las dos que ya se veían sienso una sola.
Llegado el tiempo del servicio militar llegó el drama, ella no quería que él se marchara y él tampoco deseaba separarse de su eterno amor, incluso pensaron en fugarse juntos, los llantos se sucedían por ambas partes, pero finalmente llegaron a una solución que a ambos les agradaba, él se iría para América, vuscaría trabajo y casa para los dos y luego regresaría, se casarían y los dos otra vez cruzarían el mar para vivir juntos el resto de la vida.
Dada la precariedad económica de las dos familias a todos les pareció una buena solución y la mejor opción de futuro para la pareja, así que sin pensarselo más y estando todos de acuerdo todo se puso en marcha para el areglo de los papeles y la compra del billete. El destino sería Buenos Aires donde había algún pariente lejano y otras gentes emigrantes de la parroquia.
La despedida fue amarga pero llena de esperanza y de promesas por ambas partes, él le prometió que vendría por ella en cuanto pudiese y ella le juró amor eterno y fidelidad absoluta. A pesar de todo los dos corazones quedaron destrozados y tardarían mucho tiempo en sanar.
En las primeras cartas,él le contaba de lo hermosa y grande que era aquella ciudad y las perspectivas de futuro que había, decía que pronto juntaría dinero para cumplir lo prometido y que le esperase porque juntos serían muy felices en su nueva patria.
Pero los días se convirtieron en meses y los meses en años y las cartas fueron cada vez más escasas y cortas, las promesas se fueron olvidando y el amor se fue enfriando hasta quedarse en un mero recuerdo de juventud.
Un buen día llegó la noticia de que él se había casado con una mujer argentina,según se decía, de muy buena familia y de gran poder económico. El hecho trajo enemistad y riñas entre las dos familias que pasaron de ser una sola a no poderse ver.
Ella que siempre había sido fiel a su palabra se quedó definitivamente sola. Con una edad que ya no era la mejor para ir en vusca de un hombre, dedicó el resto de sus días al cuidado de los padres y hermanos y a las labores de la casa.
Los años hicieron que su hermoso pelo color oro se fuese haciendo gris y que sus hojos negros solamente reflejaran tristeza y desolación. Con la muerte de sus padres se vistió de un luto eterno, de un negro que era el fiel reflejo de su propia alma.
En un hermoso día de julio apareció en la aldea un hombre al que nadie pudo reconocer, sin mediar palabra se encaminó a una de las casas, llamó, la anciana señora que le abrió enseguida se dió cuenta de que el que allí estaba era su hijo. Entre sollozos y abrazos le metió para dentro y a gritos llamó a su marido, los tres se fundieron en un abrazo, los tres lloraron y dejaron aflorar los sentimientos tanto tiempo olvidados.
No sin vergüenza relató a sus padres las penurias de su vida de emigrante, de las noches durmiendo al raso,

Atardecer en Eiradela

malcomiendo y mendigando. De sus penurias y sus pocas esperanzas de regreso, de que todo lo que de el se contaba era mentira, de que nunca se casó, de que por vergüenza no regresó con las manos vacías, de sus muchos días de desesperación y rabia.
Finalmente les preguntó por ella, si aún vivía, si se había casado, si sería capaz de perdonarle y si debería ir a contarle su historia de desgracias y penas. Fue su padre quien le dijo ” hijo, nada hay en la vida más hermoso que ser sincero, con la sinceridad se abren los corazones”.
Entrada la noche y sacando fuerzas de flaqueza se decidió en llamar a la puerta de la casa vecina, despues de un largo rato de espera esta se abrió y la figura de una mujer apareció entre las sombras de una casa a oscuras, “¿que desea?” dijo ella con voz cansina y baja, él no supo que responder, pero finalmente dijo, “¿ acaso no me conoces ?”, y ella prestando mas atención en su cara se quedó petrificada, sin poder articular palabra alguna, ” déjame entrar, por favor, necesito hablar contigo, necesito contarte la verdad”.
Cuando regresó a la casa de sus padres era ya de madrugada, en sus ojos aún habían lágrimas y su pelo revuelto denotaba las caricias hechas por una mano llena de amor, un amor viejo, casi olvidado pero que no dejó nunca de vivir dentro del corazon de una mujer que supo ser fiel a una promesa tantos años adormecida.
Nunca se casaron, los dos se hicieron viejos viviendo cada cual en su casa, pero el verlos juntos era algo indiscriptible, se podía palpar el amor que uno por el otro sentían y lejos de parecer un par de viejos chochos eran el ejemplo a tener en cuenta por los nuevos amores de la aldea.


LOS INDIANOS

Noviembre 9, 2009

Son conocidos como “indianos” en toda España a una serie de emigrantes a los que su viaje en busca de fortuna al otro lado del Atlántico les convirtió con el paso de los años en dueños de grandes negocios o industrias y amasaron finalmente fortunas que solucionaron tanto sus vidas como las de generaciones posteriores. Algunas de aquellas industrias o negocios aún perduran hoy a nuestro lado sin darnos cuenta de que su origen fué la emigración.
Por toda la geografía española se pueden encontrar verdaderas obras de arte de la arquitectura hechas por mandato de esas familias “indianas” que nos hacen deleitar al contemplarlas tanto por su belleza como por su originalidad. Mansiones que en algunos casos ya no pertenecen a la familia constructora y son propiedad de ayuntamientos, empresas o gentes que las han comprado y las consevan en toda su plenitud.
Pero las hay tambien que se encuentran abandonadas, y es una verdadera lástima que tan hermoso legado se deje a merced de la naturaleza y del tiempo porque cada una de esas casas son parte de un legado que la emigración trajo a nuestro país durante casi un siglo.
También en muchos casos, en infinidad de lugares de nuestro país existen otras obras de estos “indianos” que sin ser tan vistosas como las mansiones no dejan de carecer de importancia. Me refiero a las obras que mandaron hacer en sus pueblos de nacimiento para el deleite y disfrute de sus paisanos, escuelas, capillas, jardines, locales para usos comunes, etc. fueron algunas de las obras que estos emigrantes afortunados nos dejaron comom legado y que pocas veces el ciudadano es consciente de ello, bien por ignorancia o en muchas otros casos por dejadez de los ayuntamientos que no explican a las generaciones actuales los orígenes de tales legados.
Personalmente he podido contemplar muchas de estas casas de “indianos” tando en Catalunya, como en Galicia, en Asturias o Cantábria y me consta que las hay en muchos otros lugares de España. Ignoro si existe un registro de dicho patrimonio, pero si no es así debería de existir pues tan gran aportación arquitectónica es merecedora de un reconocimiento y estudio.
Existe en Barcelona una barriada que lleva por nonbre “barrio de los indianos”, por las inmediaciones de la Meridiana y Felipe II, un grato homenaje a estos hombres y mujeres que con su emigración aportaron a esta ciudad tanto riqueza como calidad de vida. Todo un ejemplo a seguir por otras ciudades y pueblos.
Estas gentes que lograron lo que la gran mayoría de sus paisanos no habrían de lograr en toda su vida, riqueza, prosperidad y respeto, no dejan de ser emigrantes, hombres y mujeres que salieron de sus pueblos con una vieja maleta llena de ilusiones, esperanzas y recuerdos, como tantos otros lo hemos hechoMirando el cañón del Sil algún día.