“REGATIÑOS” de EIRADELA

Octubre 31, 2009

¿Que ha sido de los “regatos”
que había en mi aldea?
¿Donde fueron a parar?…..
“regatiños” de Eiradela
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Corrientes de agua fría
heladita al beberla,
aguas que lo regaban todo….
“regatiños” de Eiradela
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Una hoja era mi barco
navegando a toda vela
sin pasaje ni destino….
“regatiños” de Eiradela
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Me sacaba las “chancas” y entonces
refrescaba los pies en ella,
hasta no sentir los dedos….
“regatiños” de Eiradela
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Hoy rebusco por todos lados
y una pena me desvela,
¿donde fueron a parar?….
“regatiños” de Eiradela
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Igual que el emigrante
que regresar siempre anhela,
así tambien añoro yo….
los “regatos” de Eiradela.
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Roberto González

Eira 08 274

Eiradela desde la sierra.


LA VENTANA (cuento)

Octubre 14, 2009

Está solo, el día se le hace largo, interminable, da unos pasos y abre la ventana, mira a uno y otro lado, todo es cemento y hierro,todo es gris y triste a la vez, no hay aromas y los únicos colores son los de la ropa tendida en las azoteas vecinas, ropa reseca por el sol intenso y tenaz de un verano que no da tregua.
Un viejo gato gris está tendido en un rincón sombrío de la azotea vecina, levanta su cabeza y le mira, maulla y sigue durmienso su siesta estival. El intenso calor le está haciendo sudar, se seca la frente y procede a entornar la puerta para que el aire corra, todo es inútil, la calor sigue reinando dentro del viejo altillo montevideano hecho de bloques y cubierto de chapas acanaladas de cinc.
Se deja caer sobre la cama, escucha su crujido, mira el techo y encuentra en el cielorraso la gran mancha amarillenta de humedad, que a veces se transforma en una cosa u otra, según el estado de ánimo que le invada. Cierra los ojos y de a poco sus sentidos y su alma se van trasladando al lugar en que nació, a la vieja casa familiar hecha en piedra rosada, primero la ve difusa pero lentamente se hace real, entra a la cuadra y en el pajar, todo está como siempre, como a padre le gusta que esté, cada cosa en su sitio. Luego sube y recorre poco a poco cada una de las habitaciones, “no hay nadie”, piensa, y entonces ve en el comedor la vieja mecedora de la abuela, le es imposible el no sentarse, en ella se mece durante unos instantes, pone su mirada en una de las ventanas, se levanta y la abre. Un olor a hierva recien cortada y a flores hacen que su corazón palpite, todo es verde, fresco y luminoso alrededor, sus manos tiemblan de emoción, se siente feliz.
Cierra la ventana y se vuelve a sentar en la mecedora, una grata tranquilidad le invade, mira alrededor y contempla cada detalle del comedor, la mesa de madera de castaño ya negra por el paso de tantos años, las sillas de siempre, el chinero con los platos para usar en las fiestas y grandes acontecimientos y los cuadros con las fotos amarillentas de familiares casi olvidados. Entonces es cuando cierra los ojos y disfruta del momento.
Un ruido casi inaudible le hace mirar a hacia la ventana, allí ve al viejo gato de la casa, le mira, seguramente le reconoce, entonces el animal se acuesta en el pretil y comienza a maullar, una vez y otra y mil veces más hasta que llega a molestarle y a sacarle de su mundo de recuerdos…..abre los ojos… mira hacia la ventana y ve allí recostado mirándole atentamente al gato gris de su vecino, entonces recuesta la cabeza sobre la almoada y vuelve a mirar al techo, la mancha aún conserva su lugar, se levanta y va hacia la ventana pero el gato ya no está, asoma la cabeza fuera pero parece que se hubiera esfumado….en la habitación ya

Goto en ventana

Goto en ventana

solamente quedan él, su soledad y la morriña.


“LA GALLEGA LOCA” (pensión familiar)

Octubre 7, 2009

Allá a mediados de los años 50 y hasta bien entra dos los 60 existian en Montevideo gran cantidad de pensiones en las que habitaban los emigrantes de todas partes de Europa y especialmente de España e Italia que de forma constante llegaban a la ciudad con la esperanza y la ilusión de forjarse un porvenir en esta nueva patria.
Estas pensiones ricibían de brazos abiertos a estos nuevos habitantes de la ciudad y en ellas se mezclaban las nacionalidades, pero de a poco los paisanos se fueron juntando en una u otra pensión, según las gentes que en ella habitaran, de forma que finalmente había algunas en que solamente vivían españoles y otras eran exclusivas de italianos.
A una de estos establecimientos fué a parar mi padre cuando llegó a la ciudad, allí entre paisanos conocidos unos y desconocidos los más, comenzó su largo camino de emigrante que habrída de durar casi hasta sus últimos días de vida.
Nunca me dijo si esa pensión en la que viviría algunos años tenía un nombre comercial, pero él la llamó siempre ” la pensión de la gallega loca”, porque la dueña, una paisana de fuerte caracter y muy mal genio, hacía de su negocio su pequeño cuartel privado.
Esta mujer ruda y campesina hasta la médula era analfabeta, carecía totalmente de cultura y don de gentes. Era de mediana edad y estaba casada con un hombre de su propia aldea, de caracter docil que trabajaba de mozo (camarero) en un viejo bar del centro de la ciudad donde cumplía un horario interminable que estaba acabando con sus pies, pues su andar era difuicultoso y lento.
La “gallega loca” vivía pura y exclusivamente para su negocio, ella distribuía las habitaciones, limpiaba, cocinaba y llevaba la contabilidad, nadie era capaz de sisarle un centésimo, era más lista que el hambre y cuando alguno de sus inquilinos trataba de propasarse ella misma lo ponía firme sin importarle lo ” hombre ” que este fuera.
Como no sabía de cuentas ella misma se había inventado su propio sistema de contabilidad que consistía en un frasco lleno de garbanzos. Así de una forma que solamente ella era capáz de entender hacía que las cuentas cuadrasen y nunca nadie fué quien para engañarla. Hacía montoncitos de garbanzos sobre la mesa y sacando de aquí y poniendo allí, de forma que ella sola entendía, los números salían y las cuentas cuadraban. Sabía de esta manera muy bien lo que cada uno de sus inquilinos tenía que pagarle o lo que faltaba de pagar.
Pero lo más cómico, decía mi padre, era cuando el que tenía que cuadrar las cuentas era su marido. Este traía su sobre con la mensualidad y ella le hacía poner sobre la mesa los billetes, sacaba entonces su frasco de garbanzos y comenzaba a hacer las cuentas, horas extra incluidas, todo lo calculaba al céntimo y si todo salía bien se adueñaba de los billetes y desaparecía con ellos, pero si acaso las cuentas no cuadraban y faltaba algo amenazaba al marido y se ponía en tal estado de exitación que muchas veces acababa cogiéndolo por el cuello hasta que aparecía lo que faltaba. Despues de tal escena el hombre se limitaba a decir “Que mujer esta !!!… como para irse de putas !!!” y a continuación se reía con una risa fina y baja “como la de un ratoncito”.
Con su caracter militar en la pensión no había deslices nio robos, si alguno no seguía las normas establecidas o si alguien alvorotaba el ambiente, llegaba a desora o se emborrachaba inmediatamente lo ponía de patitas en la calle con todos sus trastos, “sin explicaciones ni ostias”, comentaba mi padre.
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El caso de esta mujer, tan particular, pretende ser un recordatorio a todas aquellas gallegas que salidas de la aldea y casi siempre con escasa cultura, fueron capaces de superar los obstáculos mas difíciles y salir adelante lejos de su tierra y de su familia.
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Mi más sincero y respetuoso recuerdo y gran admiración para esas “gallegas locas” que tanto admiro

Horreo de Roberto

Horreo de Roberto