LAS PENELOPES GALLEGAS

Enero 31, 2009

Un homenaje a las mujeres de los gallegos emigrantes.

Penélope fué un personaje de la mitología griega, cuyo marido, Ulises,  abandonó su hogar para ir a la guerra de Troya, aunque con la promesa de volver.

La espera de Penélope se hizo muy larga, pasaron los años y no había noticias de su marido. Los vecinos y parientes le decían que debía de haber muerto o que se había olvidado de ella, que rehiciera su vida y se volviera a casar,  pues propuestas no le faltaban. Pero ella seguía alentando la ilusión de que su marido un día volvería y quería seguirlo esperando.

Cuando la presión de sus pretendientes era insoportable dijo que iba a comenzar a tejer un abrigo y cuando lo terminara si el marido no había regresado aún, se volvería a casar. Pero Penélope, muy astuta, para ganar tiempo ideó el plan de desacer por la noche lo que tejía por el día. Así el tiempo se fué alargando más y más hasta que por fin su espera y valentía tuvo su premio, Ulises volvió al hogar y la historia terminó con un final felíz.

Historias parecidas a esta vivieron muchas mujeres, madres y esposas  de los miles de emigrantes gallegos que abandonaron su hogar para ir al encuentro de un furturo mejor en tierras lejanas.

La modalidad del emigrante casi siempre era la misma, como los recursos eran muy escasos y no había mucha seguridad con lo que se ivan a encontrar en el destino elejido, el hombre  era quien marchaba primero,  solo, dejando a esposa he hijos en su aldea natal, con la promesa de que pasado algún tiempo les reclamaría despues de acomodarse en el nuevo país, conseguir trabajo y un lugar donde poder vivir ya todos juntos, pues sin duda como los primeros tiempo eran los más difíciles siempre era mas facil que se las arreglaría mejor el hombre solo al principio.

No es difícil de imaginar las penurias que pasaban esos hombres, solos  y lejos de familia y hogar. Pero no siempre se resalta el coraje que debieron tener esas mujeres que esperaron por años la llamada de sus esposos, viendo con angustia que sus hijos crecían sin conocer muchas veces a su padre y otras veces sufriendo los rumores y malidicencias de algunos vecinos. Siempre esperando el momento del reencuentro que parecía no llegar nunca.

Quizás muchas de ellas habrían tejido y destejido muchos abrigos en esos largos años de espera e incertidumbre como lo hiciera Penélope en espera de Ulises.

Para muchas la historia acabó con final feliz, con el reencuentro de la familia nuevamente, pero tambien hubo otros casos,  que por distintos motivos, tuvieron otro tipo de desenlace no tan feliz.

Por intermedio de mi madre conocí el caso de una vecina de su pueblo, llamada Visita,  esta mujer se había casado y ya tenía un niño pequeño cuando su marido decidió emigrar a Uruguay para tratar de encontrar allí un futuro mejor y luego reclamar a mujer e hijo.

Pero el tiempo fue pasando y nada fue como se había planeado, cada vez fueron menos las noticias del marido, hasta que finalmente ya no hubo cartas ni noticias.

Visita tuvo que trabajar mucho en la tierra para sacar a su hijo adelante, hijo que fue creciendo lentamente sin conocer nunca a su padre. Pero ella jamás perdió la esperanza de que su ” Ulises ” regresara, porque la esperanza es siempre lo último que se pierde en la vida.

Dice mi madre que Visita trabajaba como una negra  ” a la par de un hombre ” y que su fuerza y corage eran las armas que lograron llevarla adelante en los peores momentos.

Años despues tambien mi madre se fué a vivir a Uruguay y uno de los encargos que llevaba era de Visita, tratar de ver a su marido o si no era sí, encontrar noticias sobre el.

Ya en Montevideo mi madre preguntó por el, pero poco pudo saber, la última noticia se remontaba a años atrás y segun le dijeron se había ido para Brasil, ese era su último rastro, nadie más supo de el desde entonces.

Al pasar de los años mi madre volvió a Galicia y en la aldea se reencontró con aquella ” Penélope gallega ” que le preguntó….¿ ” non viches o meu home por ali ” ?

Despues de ese primer viaje hubo otros, cada cuatro a cinco años, y en cada uno de ellos al ver a Visita esta siempre le repetía la misma pregunta ¿ ” non viches o meu home por ali ” ?, y a todo esto ya habían pasado más de veinte años. Visitas estaba ya muy viejecita, pero aún seguía con la esperanza de que su ” Ulises ” apareciese algún día.

Rodolfo Rodríguez

cañón del Sil

cañón del Sil


CARMEN LA INAGOTABLE

Enero 20, 2009

De tantos cruzarnos por la acera a las cinco de la mañana acabamos por darnos los buenos días, su voz clara y fuerte parecía sonar en los huecos de los portales vecinos y así darle un último golpe a la noche para que se fuese a dormir y diera paso al reluciente día.

Su nombre es Carmen, de La Coruña según creo y durante los últimos años se dedicó hasta bien entrada  la vejez a limpiar las porterías de infinidad de fincas del barrio, su vida no fué facil y solo  su empuje e integridad moral  hicieron que superase uno a uno los escollos de la vida.

Junto a su marido trabajaron duro para llegar a tener el pisito en donde vive, criaron a dos hijos, ” un macho y una hembra” según solía decir, pero cuando todo parecía encaminado y como siempre suele suceder empezaron los problemas.

Primero fue la enfermedad del esposo, un cancer que poco a poco le fué commiendo por dentro hasta acabar con el, despues los hijos, la hembra apareció ” preñada”  un día y al poco tiempo dió a luz a una hermosa niña, con los rasgos de su abuela materna bien destacados. Má adelante se enteró que el hijo estaba metido en la droga y no pocos fueros sus esfuerzos para curarle, todos estériles. Lamentablemente la hija siguió los pasos del hermano y entre los dos se encargaron de robar y desvalijar el piso en el que vivían con su madre, no quedó ni una sola cosa de valor, solamente los imprescindible para poder seguir tirando.

A todo esto Carmen seguía luchando por los hijos y nieta con todas sus fuerzas y a base de trabajo supo llevar la casa en los peores momentos. Cuando el hijo fué a parar a la carcel nunca le faltaron sus cigarros ni su ropa limpia, y la nieta era la niña más limpia y hermosa de la zona a pesar de que su madre se pasaba meses sin aparecer por casa.

Pocos días despues de salir en libertad, el hijo apareció muerto en una plazoleta del barrio con una geringuilla clavada en el brazo. Otro mazazo más para la incansable Carmen que despues del trance vivido se dedicó en pleno a su nieta.

Así llegó a la jubilación, pero como los ingresos eran pocos se dedicó a hacer limpiezas en las casas de los vecinos,  se pasaba el día de casa en casa y de portería en portería desde las cinco de la mañana hasta cuando hiciera falta, ganándose unas pesetillas para tirar para adelante.

Un buen día le comunican que a su hija la había atropellado un cohe en una avenida de la ciudad y que estaba muy grave en el hospital. Para allá fueron abuela y nieta a cuidar a la maltrecha hija que durante semanas estuvo a punto de morirse pero finalmente acabó  caminando con muletas y con una forma de hablar casi incomprensible.

Carmen siguió trabajando hasta cuando pudo, hasta que las piernas y los brazos no dieron más de si, junto a su hija y su nieta vive hoy en el pisito de siempre, pero ya apenas se le ve porque se le hace muy difídil el desplazarse de un lado a otro, anda siempre con un carrito de la compra por delante que le sirve para mantenerse en pie, la hija sigue igual, con muy poca movilidad y tambien se la

antigua palleira

antigua palleira

ve poco y la nieta está hecha toda una mujer.


UN GALLEGO DE MI BARRIO

Enero 13, 2009

Durante años lo he visto por el barrio, siempre de un lado para otro y encerrado en si mismo. Hombre poco hablador al que no le gusta entretenerse con cosas que  no tienen importancia alguna,  según su parecer, taciturno, desaliñado y sobre todo ahorrador.

Con sus más de sesenta años cada mañana madruga para ir a trabajar a una vieja fábrica en un pueblo cercano a Barcelona, se jacta de no haber faltado nunca al trabajo en los treinta que lleva en el puesto, ni resfriados ni gripes ni fiebres le apartaron nunca de su obligación. Además no piensa en jubilarse antes de hora para ” no perder ni un euro “.

Por las tardes abre en el barrio un pequeño taller de reparación de calzado y durante cuatro horas se saca otro ” jornalito” . Nunqa se le ha conocido a ninguna mujer a su lado, vive solo y con lo indispensable en un pequeño piso antiguo de su propiedad, pero sabido es de que tiene  dos o tres más en alquiler al igual que alguna que otra plaza de parking. No tiene coche porque eso es un gasto inútil y además nunca va a ningún lado.

La última vez que fué a su pueblo vendió lo poco que allí tenía, porque el dinero en el banco siempre da algo y las tierras acaban de monte.  Va vestido con unas ropas pasadas de moda y algún pantalón ya ha perdido su color de tanto lavarlo, su pelo canoso y su piel curtida hablan de su intensa vida de trabajo y más trabajo. Por ahorrarse unos céntimos en la comida es capáz de caminar lo que haga falta y asi comprar las cosas un poco mejor de precio pues de otra forma es tirar el dinero.

En definitiva este gallego es un ave en vías de extinción, de los que quedan pocos pero aún existen, de aquellos que no piensan nada más que en amasar dinero aunque sea a costa de su propia vida, de los de antes, de una raza aparte.

Pero cuando se le comenta esa forma de actuar siempre contesta de esta

Campanario de la capilla de Eiradela

Campanario de la capilla de Eiradela

manera:

” cuando un hombre está solo y llega a viejo la única forma de que los sobrinos se interesen por él es teniendo dinero….. si no es así,  se morirá solo tirado en un rincón “

Y yo no dejo de pensar que en parte quizás tenga razón.


EL AFILADOR….MI PADRE

Enero 5, 2009

Detrás de una vieja rueda

se pasó la vida entera

andando calles y caminos

afilando cuchillos y tijeras

Durmiendo en cualquier sitio

pasando calor o frío

pidiendo limosna a veces

aquel que fue el padre mío

Su poco tiempo en la casa

era siempre aprovechado

recogiendo la cosecha

que el campo nos había dado

Luego otra vez al camino

por los pueblos de Castilla

guardando cada peseta

en su vieja bolsa amarilla

Los años hicieron de el

un hombre viejo y cansado

pero agradecidos estamos

de todo lo que nos ha dado

La rueda quedó olvidada

en un pueblo de Zamora

seguramente que a ella

tambien le llegó su hora

Porque de nada sirve una rueda

sin alguien que sepa usarla

sin que gire su esmeril

y saque chispas de su alma

Mi padre nos dejó un día

se fue a afilar al cielo

seguro que alli habrá una rueda…

y la tendrá mi abuelo

ROBERTO GONZALEZ