Un homenaje a las mujeres de los gallegos emigrantes.
Penélope fué un personaje de la mitología griega, cuyo marido, Ulises, abandonó su hogar para ir a la guerra de Troya, aunque con la promesa de volver.
La espera de Penélope se hizo muy larga, pasaron los años y no había noticias de su marido. Los vecinos y parientes le decían que debía de haber muerto o que se había olvidado de ella, que rehiciera su vida y se volviera a casar, pues propuestas no le faltaban. Pero ella seguía alentando la ilusión de que su marido un día volvería y quería seguirlo esperando.
Cuando la presión de sus pretendientes era insoportable dijo que iba a comenzar a tejer un abrigo y cuando lo terminara si el marido no había regresado aún, se volvería a casar. Pero Penélope, muy astuta, para ganar tiempo ideó el plan de desacer por la noche lo que tejía por el día. Así el tiempo se fué alargando más y más hasta que por fin su espera y valentía tuvo su premio, Ulises volvió al hogar y la historia terminó con un final felíz.
Historias parecidas a esta vivieron muchas mujeres, madres y esposas de los miles de emigrantes gallegos que abandonaron su hogar para ir al encuentro de un furturo mejor en tierras lejanas.
La modalidad del emigrante casi siempre era la misma, como los recursos eran muy escasos y no había mucha seguridad con lo que se ivan a encontrar en el destino elejido, el hombre era quien marchaba primero, solo, dejando a esposa he hijos en su aldea natal, con la promesa de que pasado algún tiempo les reclamaría despues de acomodarse en el nuevo país, conseguir trabajo y un lugar donde poder vivir ya todos juntos, pues sin duda como los primeros tiempo eran los más difíciles siempre era mas facil que se las arreglaría mejor el hombre solo al principio.
No es difícil de imaginar las penurias que pasaban esos hombres, solos y lejos de familia y hogar. Pero no siempre se resalta el coraje que debieron tener esas mujeres que esperaron por años la llamada de sus esposos, viendo con angustia que sus hijos crecían sin conocer muchas veces a su padre y otras veces sufriendo los rumores y malidicencias de algunos vecinos. Siempre esperando el momento del reencuentro que parecía no llegar nunca.
Quizás muchas de ellas habrían tejido y destejido muchos abrigos en esos largos años de espera e incertidumbre como lo hiciera Penélope en espera de Ulises.
Para muchas la historia acabó con final feliz, con el reencuentro de la familia nuevamente, pero tambien hubo otros casos, que por distintos motivos, tuvieron otro tipo de desenlace no tan feliz.
Por intermedio de mi madre conocí el caso de una vecina de su pueblo, llamada Visita, esta mujer se había casado y ya tenía un niño pequeño cuando su marido decidió emigrar a Uruguay para tratar de encontrar allí un futuro mejor y luego reclamar a mujer e hijo.
Pero el tiempo fue pasando y nada fue como se había planeado, cada vez fueron menos las noticias del marido, hasta que finalmente ya no hubo cartas ni noticias.
Visita tuvo que trabajar mucho en la tierra para sacar a su hijo adelante, hijo que fue creciendo lentamente sin conocer nunca a su padre. Pero ella jamás perdió la esperanza de que su ” Ulises ” regresara, porque la esperanza es siempre lo último que se pierde en la vida.
Dice mi madre que Visita trabajaba como una negra ” a la par de un hombre ” y que su fuerza y corage eran las armas que lograron llevarla adelante en los peores momentos.
Años despues tambien mi madre se fué a vivir a Uruguay y uno de los encargos que llevaba era de Visita, tratar de ver a su marido o si no era sí, encontrar noticias sobre el.
Ya en Montevideo mi madre preguntó por el, pero poco pudo saber, la última noticia se remontaba a años atrás y segun le dijeron se había ido para Brasil, ese era su último rastro, nadie más supo de el desde entonces.
Al pasar de los años mi madre volvió a Galicia y en la aldea se reencontró con aquella ” Penélope gallega ” que le preguntó….¿ ” non viches o meu home por ali ” ?
Despues de ese primer viaje hubo otros, cada cuatro a cinco años, y en cada uno de ellos al ver a Visita esta siempre le repetía la misma pregunta ¿ ” non viches o meu home por ali ” ?, y a todo esto ya habían pasado más de veinte años. Visitas estaba ya muy viejecita, pero aún seguía con la esperanza de que su ” Ulises ” apareciese algún día.
Rodolfo Rodríguez

cañón del Sil
Escrito por gallegosporelmundo 
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