EL ABUELO ANDRES

Diciembre 28, 2008

En realidad lo ví muy pocas veces, porque cada vez que yo visitaba la casa de los abuelos de Faramontaos el siempre estaba allá por Villagarcía con su rueda de afilar y la que siempre llevaba la casa era la abuela, genio y figura de la familia.

Lo recuerdo siempre sentado en el corredor de la vieja casa, al sol y con un  trozo de periódico en las manos o al lado de la ” lareira ” atizando el fuego para la comida. Lo único que le ví hacer en casa fué hecharles de comer a las gallinas que merodeaban por el patio y de paso atraer a una gran prole de gorriones que aparecían de todas partes sin que nadie les llamara.

Era delgado, alto, de tez  balca y pelo muy negro y motoso, siempre vestía con ropas oscuras y su forma de hablar era baja y lenta. A veces me sentaba en sus rodillas y a la vez que leía el periódico me contaba alguna historia de sus andares por las rías baixas, historias inventadas que regaban mi imaginación de niño pueblerino.

Según me contó mi padre el abuelo Andrés era uno de los mejores afiladores salidos de Nogueira de Ramuin y sus clientes le fueron siempre fieles, por eso estuvo tantos años sin salir de la misma zona y todo el mundo en Villagarcía y alrededores le conocía y admiraba su forma de trabajar.

Y allá estvo siempre detrás de su vieja rueda hasta que los años y sobretodo la vista le hicieron emprender el definitivo camino de regreso a la aldea, un camino que se acabaría poco tiempo despues una fría noche de invierno en que  la enfermedad y la vejez se pusieron de acuerdo y se lo llevaron para el lugar de donde ya no se regresa.


LOS MEXICANOS

Diciembre 22, 2008

Allà por principio del siglo XX unos cuantos hombres del pueblo tomaron la decisión de irse para América del norte,  entre ellos estaba mi abuelo José que por esas fechas era apenas un mozalvete y para el que todo aquello además de un nuevo camino para su vida futura era una aventura. Así que emprendieron la marcha hacia Mexico con las maletas llenas de esperanzas y con muchos deseos de triunfo y de prosperidad.

Ese grupo, al cual la jente de la aldea llamaba  ” los mexicanos ” cruzo el mar en un viejo barco atestado de gentes de distintos lugares de Galicia,  Castilla y tambien de Asturias.  Contaba el abuelo que durante el viaje todos dormían en una gran sala,  en donde cada uno trataba de encontrar la intimidad que no tenía por cualquier rincón y hacer amistades de viaje para pasar mejor los días en que el mareo les daba un poco de tregua.

A su llegada al destino cada uno del grupo tomó contacto con paisanos o familiares que ya estaban en el lugar desde hacía algún tiempo y de esa forma cada cual tomó rumbo diferente, algunos para la capital,  Mexico, y otros para distintas ciudades o pueblos donde les esperaba el siempre dificil comienzo en una nueva tierra.

El abuelo trabajó siempre de campesino,  estuvo unos pocos años y regresó a la aldea con lo suficiente para casarse y comenzar una nueva vida, pero al poco tiempo emigró  nuevamente, esta vez a Estados Unidos, allí trabajó durante unos años para luego regresar otra vez a su casa , con lo ahorrado compró tierras y crió hijos hasta su vejez.

Los demás integrantes del grupo, unos se afincaron definitivamente en Mexico, otros regresaron con algo de dinero, alguno nunca más dió señales de vida y un hermano del abuelo acabó en el ejército de Pancho Villa y desde esas nada más se supo de el.

Hoy ya nadie se acuerda de ” los mexicanos ” , solamente de aquellos que hicieron fortuna y que fueron los menos. A veces aparecen por la aldea gentes que dicen ser descendientes de alguno de ellos  y que desean  conocer el lugar de donde salió su abuelo hace un siglo, pero cuando dicen su nombre ya nadie sabe quien fué,  porque su recuerdo ya está borrado de la aldea que le vió nacer.

Durante muchos años siguieron saliendo del pueblo gentes para todas partes del mundo, Argentina, Cuba, Chile, Uruguay, Venezuela, Alemania, Francia, Suiza, Australia etc.  Pero esas son otras historias que otro día habrá que contar.


LAS DOS NAVIDADES

Diciembre 19, 2008

Cuando niño, en la aldea, el mundo en el que vivia se limitaba a los cuatro pueblos vecinos y de alguna escapada a Orense capital, más allá de eso todo era imaginación y sueños.

Al llegar a Montevideo todo lo nuevo era impresionante y parecía como si  aquellos sueños en donde había de todo se hicieran realidad.  Podía comer pan de trigo “  cada día  ” y golosinas y tenía juguetes que me parecían sacados de un mundo muy lejano al mío, pero lo mejor de todo fue un patinete, de segundamano, que alguien me regaló y con el que alcancé a hacer cientos de kilómetroa alrededor de la manzana.

Pero lo que más me impresiomó de ese nuevo lugar que sería mi segunda patria durante  veintiún años, fueron las fiestas navideñas, en pleno verano a cuarenta grados pero con toda la ilusión y el decorado de la Europa lejana.

El frío, la nieve, estaban en todos lugares representados de mil y una maneras para darle a esas fechas una apariencia de lugares lejanos del emisferio norte, los turrones, mazapanes, fruta azucarada, pan dulce, etc, eran los mismos de mi patria, en donde se comían con un frío que les hacía apetecibles y deliciosos pero que allí se hacían indigestos por las calorías que consigo llevaban.

Más tarde me di cuenta de que todo eso se trataba de la recreación que los muchos emigrante llegados al país de infinidad de lugares de Europa hacían para sentir las navidades como en sus países de origen lo hacían. Por eso se mezclaban distintas comidas de distintos países en una misma Navidad y todos tan contentos.

Sin embargo había algo distinto, la hora de comer y la comida en sí misma. Hasta las doce de la noche no se sentaba la gente en la mesa y el asado era la comida típica en todo el país de norte a sur y de este a oeste.  Facilmente un estranjero se acostumbraba a ese ritual por  la sencilla razón de que  esa hora era la mejor  para comer a la fresca y desde unas cuantas horas antes la cerveza fría era el acompañante mejor de una larga espera.

A medianoche de Navidad y de fin de año se tiraban los petardos en honor a la fiesta, durante toda la noche el ruido de los estruendos persistía y era imposible el irse a dormir en esas condiciones, además en todos los barrios había bailes callejeros que duraban hasta bien entrado el día.

Hasta largo tiempo despues de mi llegada extrañaba aquellas navidades invernales, junto a la lumbre, comiendo el turron, toda la familia junta y mirando caer la nieve a través de la ventana. Me parecía que ese otro festejo no era realmente navideño, me sentía un poco lejano a tanta algaravía, seguía amando la Navidad blanca de mi Galicia natal.

Pero con los años todo fue cambiando y me sentía tan integrado con aquellas navidades que realmente las consideré tan mías como las de mi niñez. Estas navidades no eran de color blanco…. tenían mil colores, mil sonidos, mil olores y sobre todo  alegría y música, mucha música.

Hoy he vuelto a mis raíces, he vuelto a mis navidades blancas y me gustan tanto o más que las de la niñez, pero me falta algo, me falta el colorido y el ruido de los petardos, la música y esa alegría que da el verano en fiestas y sobre todo ese asado a medianoche en el patio de casa junto a toda  una legión de familiares que hacían que la Navidad  fuese un verdadero festejo multitudinario.

Ojalá todos pudiesen conocer las dos Navidades, la del norte y la del sur, que siendo las mismas son totalmente distintas.

Un fuerte abrazo a todos y muy felices fiestas.


HISTORIA DE UN EMIGRANTE

Diciembre 4, 2008

Cuando me fui del pueblo

deseaba con toda el alma

el regresar algún día

con fortuna y con fama

Fueron pasando los años

uno a uno  lentamente

las esperanzas, la fortuna,

se alejaron de mi mente

De joven pasé a ser viejo

siempre duro trabajando

sin anhelos, sin futuro

y sin familia a mi lado

De nada me sirvió el luchar

ni trabajar a destajo

la vida no me ha sonreído

sigo estando aquí abajo

Hoy que ya no soy el de antes

por estos años que  tengo

recuerdo a todos los míos

muy lejanos en el tiempo

Adios digo a lo de antes

pueblo, familiares y amigos…

lejos me moriré, bien seguro

pero Galicia …. se irá conmigo.

Roberto Gonzalez