Durante toda mi niñez escuché hablar de el, Luciano, hermano de mi madre que se había marchado para Venezuela y que allí estaba desde hacía muchos años. No fué hasta el año 1984, cuando yo regreso a España, que lo conocí personalmente, sin duda alguna era un Rodríguez, por sus gestos su físico y su manera de ser e inmediatamente me sentí atraído por sus modales y su hablar pausado pero certero, todo el era amavilidad y cariño hacia los demás.
De sus peripecias en Venezuela solía hablar lo justo y nada más, simplemente se limitaba a decir que no le había ido del todo mal y que con esfuerzo y trabajo se sale siempre adelante en cualquier lugar.
Al poco tiempo de regresar se casó con Josefa, una mujer vecina de la aldea y casi de la familia , se fueron a vivir a Barcelona donde trabajarían duro, comprarían piso y tendrían dos hermosos hijos, Teresa y Luciano.
Durante los años que trabajaron tras la barra del bar, que fueron muchos, lograron hacerse con todo lo indispensable para vivir y dieron a sus hijos sendas carreras universitarias que eran el orgullo de Luciano y Josefa.
Cada agosto emprendían el viaje hacia la aldea con tantas ganas que la distancia se les hacía interminable, pero nunca nada les hizo faltar a esa cita con el terruño que les vió nacer. Una vez allí disfrutaban de cada minuto y se sentían felices de poder compartir con los demás familiares otro verano más de convivencia y de emociones encontradas.
Quiso el destino que Luciano nos dejara repentinamente, a todos nos dolió tanto su marcha que a pesar del tiempo transcurrido no le hemos olvidado, al contrario, cada día está en nuestros recuerdos y nuestras plegarias porque es imposible olvidar a un hombre de su calidad, que solo nos dió cariño y buenos consejos…….Nunca te olvidaremos……tío Luciano.
Escrito por gallegosporelmundo
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