LA SEÑORA LOLA

Julio 21, 2008

La visitábamos muy de vez en cuando, había enviudado hacía ya unos años y vivia sola en una pequeña habitación trasera de una casa particular en un barrio alejado del nuestro.
A mí personalmente era una mujer que me caía bien, no se porque, la recuerdo delgada de pelo muy blanco y vistiendo siempre de gris oscuro o negro.
Mi madre siempre llevaba algo para picar que ella misma hacía y que los cuatro disfrutábamos entre conversaciones casi siempre relacionadas con el pueblo o con los paisanos que por aquellas tierras andaban. Mientras nosotros tomábamos un refresco ella tomaba el mate dulce que tanto le gustaba.
La habitación era muy pequeña y su moviliario consistía en una antigua cama de colchón de lana, un viejo aparato de radio que siempre estaba encendiso, un calentador de queroseno ( primus ) en el que cocimaba y calentaba el agua para su mate, un par de sillas destartaladas y una mesa diminuta colocada en un rincón al lado de la radio.
Muchos años había estado Lola en Montevideo, junto a su marido llagaron como todos con las esperanzas puestas en un nuevo país y la ilusión de regresar con fortuna, pero el destino solamente les deparaba esa pequeña habitación donde malvivir. Cuando él murió ella solamente pensó en volver a su tierra y fué tanta su insistencia que finalmente mi padre se encargó de arreglarle los papeles para la repatriación y así poder cumplir el sueño de pisar otra vez tierra gallega.
Nunca más supimos nada de la señora Lola, solamente por oídas nos enteramos de que estaba viviendo en Miranda de Ebro con una de sus hermanas que la había acojido en su casa.
Me gustaría recordar a todos aquellos que como Lola y su marido dejaron su vida en un lugar lleno de promesas que finalmente solo les dió desgracias y miserias, son muchos más de los que todos creemos, miles y miles de personas que nunca se atrevieron a hacer el viaje de regreso, repatriados, por vergüenza y que en muchas ocasiones fueron olvidados por sus familiares y murieron o malviven sus últimos años en alguna residencia del país que les acojió en su día. Ellos tambien fueron emigrantes, formaron parte de aquellos que la miseria arrancó de su tierra y que nunca lograron sus metas, ellos tambien son parte de la historia de un país destrozado por una guerra que solamente nos dejó como legado muerte hanbre y emigración y que tenemos la obligación de recordar porque de esa manera vivirán para siempre.


DE OFICIO AFILADOR

Julio 17, 2008

Trabajar como afilador y además como paraguero, fue una de las modalidades que adoptó parte de la emigracion gallega, que salió en busca de un mejor futuro económico, que en su tierra no podia encontrar.
La mayoria de la los afiladores, salieron de la provincia de Orense y mas precisamente del ayuntamiento de Nogueira de Ramuin.
Fue un oficio muy especial, al cual se lo llamo “la industria ambulante”, pues el afilador llevaba consigo todo lo necesario para ejercer su oficio. Y lo realizaba llendo de aqui para alla, siempre caminando detrás de su rueda de afilar, o a veces, montado en una bicicleta. Hasta que la modernidad y el desarrollo tecnológico, no lo convirtieron en un oficio practicamente extinguido  ( al menos en su forma tradicional ), muchos gallegos encontraron en él, un medio de vida digno para el y su familia.
Casi siempre lo realizaron en tierras lejanas, como el resto de España, y otros que fueron aún mas lejos y llegaron a América, donde hubo gran cantidad de afiladores en los grandes centros urbanos de Argentina, Uruguay, Venezuela, Cuba, etc..
Es interesante señalar que desarrollaron un sentimiento corporativo entre ellos, como los viejos oficios medioevales, e incluso llegaron a crear un idioma propio, como fue el Barallete . Una especie de jerga de grupo, que lo usaban solo para hablar entre ellos y que les servia para preservar los secretos de su oficio. El afilador llegó a tener una aureola folklórica y  de cierto romanticismo, y fue motivador de mucha literatura e inspirador  de muchos temas musicales. Recuerdo ahora una hermosa version rockera sobre la vida y los sueños del afilador del grupo Los Suaves. También otro bonito tema de Mocedades sobre el afilador y el paraguero, y hasta una versión tanguera sobre el mismo tema, de Magaldi, que se hizo en el Rio de la Plata.
Contaré ahora la historia de un afilador que llegó a serlo sin pensarlo, solo bajo el imperio de las circunstancias. Se llamaba Benigno Rodríguez y como no podia ser de otra forma nació en Nogueira de Ramuín en el año 1921. El haber nacido en el seno de una familia numerosa, y la bajisima productividad de la explotación agrícola y ganadera familiar, lo impulsaron muy pronto a recorrer los pueblos de Galicia vendiendo “quincalla”, en las distintas ferias que habia, buscando mejorar su situacion económica. Varios años haciendo eso no satisfacieron sus expectativas, sobretodo cuando ya se habia casado y habian nacido dos hijos. Asi que se propuso dar el gran salto. Por intermedio de unos parientes que vivian en Brasil, consiguió que lo reclamaran, y asi se embarcó para Rio de Janeiro. Allí vivió un año, trabajando como panadero, y repartiendo pan, pero aquello no era lo que había imaginado. El insoportable calor y la humedad reinante lo hacian sufrir mucho. No podia dormir de noche, y siempre contaba que el agua que habia para saciar su sed, le sabia a caldo. Fue una mala experiencia; cuando hablaba del tema, siempre decia lamentandose: “ojalá me hubiera roto una pierna, cuando embarqué para allí”.
Asi que decidió buscar otros destinos y alguién le hablo de Montevideo en Uruguay, y lo sedujo el echo de que allí el clima era muy parecido al de Galicia. Asi que con dos paisanos más en su misma situación, decidieron irse para allá.
Y aquí comenzó otra etapa de sus peripecias de emigrante. El viaje lo hicieron por via terrestre; fueron 5 ó 6 dias viajendo en tren y en camión. Como no llevaban papeles para entrar legalmente a Uruguay, al llegar a las fronteras y los controles aduaneros, tenian que bajarse del camión y cruzar la frontera a pié y por el monte, hasta más adelante, donde los esperaba el camión para seguir viaje. Al fin llegaron a Montevideo. Una de las cosas que más lo sorprendió, fue ver a los uruguayos tomando mate por la calle. Vivió mucho tiempo en pensiones, haciendo  jornales, Hasta que un dia hubo una redada policial en una de esas pensiones, y como seguia sin papeles lo llevaron preso. Asi estuvo varios dias detenido, hasta que gracias a la ayuda de algunos paisanos, pudo solucionar el problema. Consiguió trabajo en una barraca, pero al poco tiempo lo despidieron, y después de varias busquedas infructuosas , y cansado de la precariedad de los empleos, decide trabajar por su cuenta. Le compra una rueda de afilar a un paisano que volvia a España, y aqui comienza su vida de afilador.
Como no tenia ninguna experiencia como tal, al principio los afilados no le quedaban muy bien. Siempre contaba la anecdota, que la primera tijera que le dieron para afilar, le quedo tan mal, que le dio verguenza y la dejó en la puerta de la casa de la dueña, y salió casi que corriendo del lugar, empujando la rueda y que nunca mas volvió a pasar por aquella calle.
Poco a poco, con mucho esfuerzo y con la ayuda de otros afiladores, fue aprendiendo, hasta dominar todos los secretos del oficio, al que luego agregó el de paraguero. Hizo una gran clientela, y su vida mejoró mucho., se compró una casa y al poco tiempo, mando buscar a su esposa y sus hijos, que esperaban su llamado allá en Galicia. Asi llegue yo al Uruguay, ( donde aún estoy), pues era el mayor de esos dos niños, y donde conocí a mi padre a la edad de 7 años.
Con el correr del tiempo,muchos afiladores se instalaron con talleres fijos de afilados y paraguería, pero el siguió toda su vida, recorriendo detras de su rueda, todos los barrios de Montevideo, haciendo los trabajos a domicilio.
Tal vez lo mas importante, es que se sintió feliz en ese trabajo, que le daba independencia laboral, no tenia patrón y el fijaba sus propios horarios y sus propios recorridos.
Con el paso de los años y la perdida de salud, las recorridas, ” a volta” como el las llamaba, fueron siendo cada vez más cortas; hasta terminar realizando los afilados y la compostura de paraguas, solo en su casa, a donde su nutrida y fiel clientela, le siguieron llevando los trabajos hasta el final de sus dias, que fue en el año 1998.
Rodolfo Rodriguez


LA ULTIMA NOCHE EN LA ALDEA

Julio 12, 2008

Mi última noche en la aldea
sin pegar ojo y pensando
donde me llevará la vida
emigrando…emigrando…

Todo mi pasado cabe
en una triste la maleta
todo el futuro es…
una cosa muy incierta.

Dejaré atrás mi pueblo
mis padres…toda mi gente,
y con una nueva realidad
me daré mañana de frente.

La ida es cosa segura
el regreso…sabe Dios,
por delante lo incierto,
por detrás solo un adios.

Mi última noche en la aldea
sin pegar ojo y pensando
donde me llevará la vida
emigrando…emigrando…

ROBERTO GONZÁLEZ


RICHANIN

Julio 6, 2008

Apareció por el taller mecánico una tarde de verano, la calor era insoportable bajo el techo de láminas de cinc, se limitó a mirar para el techo e inspeccionar la nave a lo largo y ancho sin pronunciar palabra alguna.
Uno de los dueños se le acercó y le preguntó que deseaba, pero aquel hombre de unos ochenta años y vestido con retales de ropa usada simplemente se dedicó a tomar medidas y mentalmente sacar cuentas de quien sabe que cosas.
Todos los que trabajábamos allí pusimos atención en aquella persona de estatura media baja, delgado y metido dentro de una chaqueta gris inmensa y sucia.
Finalmente se dirigió al dueño que le perseguía y estenciéndo su mano le dijo en un castellano muy precario: ” Soy Richanin, y vengo a pintarte de blanco el techo para que tu no pases calor debajo de las chapas “
La negativa del propietario del taller fué rotunda, ” No nos hace falta ninguna pintura “, pero aquel hombre siguió a lo suyo y le dijo que en un par de días lo tendría terminado y que le saldría por muy poco dinero.
Entonces llegó el otro socio del taller y metiéndose por medio de la discusión le preguntó que cuanto cobraba por pintar el techo por fuera, la cifra debió de parecerles ínfima porque despues de un rato de conversación quedaron en que al otro día vendría a empezar el trabajo.
Y así fué, a las ocho de la mañana allí estaba, con dos tinajas inmensas de latón, preguntó donde las ponía y le señalaron un rincón apartado de la nave, las dejó allí y desapareció silenciosamente. Pasaron unas cuantas horas y no regresaba, todos pensamos que no volvería cuando le vimos entrar por el portal con un gran bulto sobre sus espaldas, eran hojas de una planta tipo tuna, muy frecuente en el país y que supuestamente serían las que producirían una pintura milagrosa con la que pintaría el techo.
De nada sirvieron los ruegos de los dueños del taller para que llevara aquel material fuera, inclusive intentaron darle dinero, ” Richanin trabaja y luego cobra ” dió como única respuesta, la solución fué dejarle hacer el trabajo a su manera y punto.
Mientras estaba preparando el mejunge que utulizaría como pintura, hablaba con todos nosotros, así nos esteramos de que era ruso, que no sabía bien su edad porque nunca le dijeron cuando había nacido y que desde hacía muchos años vivía en Montevideo despues de haber recorrido muchos países.
Nos dijo que había sido cosako y había montado a caballo por las estepas rusas y peleado siempre en defensa de la monarquía hasta que finalmente fueron vencidos por los rojos, entonces no hubo otra solución que escaparse antes que morir ajusticiado por las ” multitudes salvajes ” de Lenin.
Mientras hizo su trabajo, con una vieja brocha, se jugó la vida en un techo mal construído y sin ninguna protección, nos quedamos atónitos de la destreza y maña con que lo hacía y era constante, no perdía ni siquiera un minuto para tomar agua, su única fijación era acabar cobrar e irse.
Hablaba, según él decía, inglés, francés, griego, ruso y castellano, nadie se lo creía pero uno de esos días en que se quedó a comer en el taller le hice unas cuantas preguntas en francés y me contestó todo muy correctamente, desde entonces cuando quería decirme algo y que los demás no le entendieran lo hacía en frances y a viva voz para que yo me enterase.
En menos de una semana el techo estuvo pintado, quedó muy bien y la calor ya no era tan intensa dentro del taller, despues de recibir la conformidad de los dos dueños cobró lo establecido, se despidió de todos y cada uno de nosotros, a mi en particular me dijo en frances que me deseaba de corazón mucha suerte en la vida, y como vino se fué.
Nunca más supimos nada de Richanin, alguna vez he pensado si fué real o ficticia su presencia, pero fuese cual fuese la verdad es que dejó en mí un gran legado, nunca mas me pude olvidar de su cara y sus ropas desgastadas y viejas, allí dosnde esté lo sabe él muy bien.
Como anécdota diré que despues del primer día de lluvia la pintura desapareció y nos quedamos como al principio muertos de calor dentro del taller.
ROBERTO GONZALEZ