JOSE GONZALEZ GOMEZ

Mayo 30, 2008

Nacido allá por los años veinte, en Faranontaos, como todos los niños de su tiempo desde muy pequeño se dedicó a lo que podía hacer, desde dar de comer a los cerdos hasta ir al monte con el ganado. A la escuela iva salteado y a pesar de gustarle estudiar la enseñanza duró el tiempo que tardó en poder ir por el mundo adelante de ” zarralleiro “.
Contaba que igual que el muchos otros niños ivan a cargo de un ” maestro ” que les enseñaba el oficio a la vez que les esplotaba como mendigos en los pueblos y aldeas a las que llegaban.
Durmiendo en ” palleiras ” y comiendo lo que los vecinos de las casas les querían dar, así fueron pasando los días y los años de José. Cuando el maestro desconfiaba de que algún niño se quedaba con algo, fuese dinero, comida o material la paliza estaba asegurada que a la vez era un escarmiento para todos los demás del grupo.
A la vuelta a casa los horizontes fueron otros y con el oficio aprendido se marchó un poco sin rumbo en vusca de ganarse la vida en solitario y por primera vez. Las cosas empezaron a marchar, afilando, reparando paraguas y emparchando cacerolas gano sus primeras pesetas.
Muchos años anduvo detrás de la rueda, en especial por las rías baixas y hasta que fué llamado a filas no dejó de trabajar en el oficio.
El servicio militar fué largo, la guerra había acabado y eran pocos erectivos para muchos puestos, los permisos eran pocos asi como el dinero y tambien la higiene en el cuartel.
Cuando se licenció otra vez se puso a trabajar en lo que sabía y nuevamente la rueda fué su inseparable compañera un día tras otro.
Quiso el destino que en su camino se cruzara un galleguita de otra aldea vecina y poco a poco se fueron queriendo más y más hasta que un buen día decidieron casarse. Despues se fué a vivir a la casa de ella y cambió su oficio por el de labrador. Poco tiempo había de durar en esas lides porque cerca del lugar se empezó a hacer una represa hidroelectrica y ante la falta de personal para la misma, José decició ir a ganarse los cuartos allí.
Cuando acabó el trabajo se empleó en la forestal y como capatáz en la repoblación de pinos estuvo trabajando unos cuantos años hasta que el gusanillo de las américas comenzó a picarle en el alma.
Salió rumbo a Montevideo allá por el año 57 en donde pasaría unos seis años antes de reclamar a su mujer e hijo. Reunída la familia, en adelante todo fué trabajo y más trabajo para conseguir lentamente casa y omnibus propios.
Por los ochenta regresa a España donde ya su hijo estaba viviendo desde hacía unos años, se establece en Barcelona, disfruta de su escasa jubilación hasta principio del dos mil cuando su camino acaba y con el una vida de hombre normal, honrado y trabajador.
La vida de José es quizás igual que la de tantos otros hombres y mujeres de una Galicia pobre y trasnochada de otros tiempos, pero tiene un matíz especial, el matíz que le da a esta historia el sentimiento y el amor de saber que José González Gomez fué mi padre.


“AHORA ME TOCA VIVIR A MI”

Mayo 24, 2008

Sabido es que en Montevideo los “gallegos” éramos en una gran parte trabajadores de sectores muy definidos, panaderos, camareros, zapateros, pero la gran mayoría trabajábamos en el transporte colectivo, de conductores o guardas de omnibus.
Durante ni periodo, primero como mecánico, luego como guarda y finalmente como comductor en la cooperativa de omnibus COETC pude compartir mis horas de trabajo, que fueron muchas, con otros paisanos, casi siempre de mayor edad que yo y con cada uno de ellos aprendí un poco más de la vida del emigrante que a cada uno le tocó vivir.
Tendría para escribir todo un libro si me pusiera a contar las historias que aún hoy recuerdo, aunque a veces seguramente confundiría a los protagonistas, porque el tiempo no perdona a la memoria.
Desde gentes que escaparon durante la guerra civil a otros que viajaron de forma clandestina, jugándose la vida innumerables veces para finalmente acabar en el país que menos esperaban. Alguno inclusive viviendo de la limosna de otros paisanos que se apiadaron de el mientras no arreglaba los tan deseados papeles, pero una gran mayoría trabajando y vivíendo en el mismo lugar, así durante muchos años, con la única meta de juntar dinero para mandar a la familia o para regresar de forma digna al pueblo que les vió nacer.
A uno de estos le conocí fugazmente, cuando estaba vendiéndolo todo para regresar a España. Su historia es un resumen quizás de muchas otras que no conocenos, pero tiene su gracia.
Este hombre llegó a Uruguay como todos, sin nada en el bolsillo y con un montón de deudas y de sueños, comenzó trabajando en lo que pudo y todas las horas que el cuerpo le permitía, hasta que muchos años despues locgró comprar una parte de un omnibus en la empresa CUTCSA, trabajó de guarda haciendo casi todas las horas del coche y fué entonces que comenzó a mandar dinero para su mujer e hijos de forma regular y contínua. Al poco tiempo se compró otra parte del mismo autobús y se hizo con la mitad, lugo las tres cuartas partes y finalmente lo compró entero. A pesar de ser el propietario del mismo nunca dejó de hacer todas las horas que pudo, dobletes, tripletes, nocturnos etc. etc.
Cada vez era mayor la ganancia y cada vez los giros eran de mayor cuantía, continuó comprando omnibus hasta hacerse con una pequeña flota. Luego compró un galpón en donde el mismo reparaba los buses por las noches, con la ayuda de algún mecánico esporádico. En el fondo del galpón hizo de mala manera un pequeño apartamento en donde malvivía.
Las responsavilidades fueron creciendo y al no tener a nadie de cofianza a quien delegar los poderes, seguía y seguía siempre solo y con la única obsesión de trabajar y mandar dinero a su familia.
Los paisanos comenzaron a mofarse de él diciéndole que era un abaro y un rácano porque con todo lo que tenía y no era capaz de comprar una casa como la gente y ni siquiera había ido jamás a visitar a la mujer y los hijos al pueblo, que acabaría siendo el mas rico del cementerio.
De a poco esas palabras fueron causando efecto hasta que un día tomó la decisión de hacerles una visita a sus familiares y convencerles de venirse con el a trabajar a los omnibus.
Compró ropa, zapatos, una maleta nueva, unos cuantos regalos y emprendió el tan retrasado viaje a tierras ya casi olvidadas.
Al bajar en Madrid le estaban esperando sus hijos y mujer, apenas les podía reconocer despues de tantos años, el reencuentro fué un poco frío pero todos hicieron lo posible por solventar la situación de la mejor manera.
Acompañó a la familia hasta un coche último modelo, cuando preguntó si era alquilado le respondió uno de los hijos que era de el y que su hermano y la madre tambien tenían coche nuevo. Las carreteras por las que viajaban en nada se parecían a las que le vieron marchar y cuando llegaron al pueblo casi nada estaba de la forma que él recordaba. Pararon frente a una casa enorme, nueva, de dos plantas, en el interior todo era de lujo, muebles, cuadros, cerámicas, lámparas de cristal, baño y cocina de película, aquello parecía un palacio.
“Esta es nuestra casa” le dijo su mujer, los hijos vivian cada uno en la suya al otro lado del pueblo y cuando más tarde las pudo conocer nada tenían que envidiar a la de su madre. Evidentemente el estilo de vida de su familia era muy bueno, pero lo peor de todo fué cuando supo que toda esa fortuna había sido hecha con el dinero que durante tantos años el fué mandando desde Montevideo.
Durante todo un mes trató de convencer a sus familiares de que regresaran con el, pero todo fué inútil, con un “nosotros aquí vivimos bien” dieron por zanjada la tan molesta situación.
Regresó solo, pero él si había tomado una decisión. A los pocos días del regreso comenzó a vender los ómnibus y despues tambien lo hizo con el galpón. Durante el tiempo que estubo areglando papeles para regresar definitivamente vivió en el mejor hotel de la ciudad, comió en los mejores restaurantes y se vistió de las ,mejores marcas.
A la pregunta de los paisanos de porque hacía todo eso solo se limitaba a contestar “Ahora me toca vivir a mí”.


A TODOS AQUELLOS

Mayo 15, 2008

En mi vida me he cruzado con gran cantidad de gente que como yo por distintas razones se vio abligada a tomar el siempre difícil camino de la emigración. Gentes que a veces solamente fueron aves de paso a mi lado y otras que dejaron una profunda huella en mi persona, pero que cada una de ellas fueron forjando al hombre que hoy soy.
A esas personas que hicieron de mi lo que soy les quiero dar mi agradecimiento desde este lugar, a amigos, vecinos, conocidos, familiares, compañeros de trabajo, o simplemente a aquellas personas que con solo unas pocas palabras de ” paisano a paisano ” hicieron que pasara un momento agradable y de morriña compartida desde tan lejanos lugares.
A todos esos,” anónimos “, les tendré siempre presentes y como bien se dice que lo que en la memoria queda jamás muere del todo, siempre vivos en mí estarán, porque siempre les recordaré.


VIAJES SIN RETORNO II

Mayo 12, 2008

Casi todos los gallegos que emigraron, llevaban en su mente y en su corazón la idea de volver algun dia a su tierra. Por distintas razones muchos de ellos nunca lo pudieron hacer, ni siquiera para una simple visita. Gracias a mi antiguo oficio de paraguero conocí ya hace muchos años a una de ellas, cuyo nombre, si mal no recuerdo era Felisa. A ella, como a tantos, la suerte no la habia acompañado mucho en la vida. Era viuda y eso lo reflejaba en el uso de ese luto eterno que usaban muchos de nuestros antepasados mayores, cuando perdian un familiar. Esa ropa negra que usaba, se la veia muy vieja y ya roida por el paso de los años, tal vez, reflejo de una precaria situación económica. Siempre la recuerdo vestida de la misma forma, como si fuera su única vestimenta, caminando muy despacio y mirando a su alrrededor, a traves de unos gruesos lentes, que denotaban su ya poca visión. Hablaba también muy despacio y en forma monocorde, como alguién que ya habia perdido la mayor parte de sus ilusiones.

Llegó a mi tienda una vez, pidiendome que le arreglara un paraguas que traia, que también era negro como sus ropas y tan viejo como ella misma. Ya no valia mucho la pena repararlo, pero me dijo que habia sido de su marido y que lo habia traido de España, que le tenia cariño, y que hiciera lo que pudiera. Asi lo hice, lo mejor que pude, y se lo llevo. Al poco tiempo me lo trajo de nuevo, se le habia vuelto a romper y de nuevo todas las mismas palabras, e intentar arreglarlo de nuevo. Lo curioso y anecdótico, es que esta misma situación se repitió muchas veces mas, siempre llevando y trayendo el ya famoso y destartalado paraguas. En una de esas veces, le pregunté de que lugar de Galicia era, y por un momento me pareció que se le iluminaban algo los ojos y su voz denotó una leve emoción,: “eu son de Ponteareas, na provincia de Pontevedra, conoces? Despues de mas de 40 años en Uruguay, seguia mezclando el castellano con el gallego. Le dije que si, y le pregunté si habia vuelto a su pueblo, que aquello habia progresado mucho, y que cuando fuera no iba a conocer nada, pero no demostró ningun entusiasmo, me dijo algo asi como ,:para que iba a ir, si no iba a conocer a nadie y que nadie la iba a conocer a ella.. En otra oportunidad le insistí con el tema, comentandole que el gobierno de Galicia la llevaba gratis y le pagaba 15 dias de estadía, pero no tuvo ningun efecto. Como muchos paisanos, ya se habia resignado a su situación, aunque creo yo, que con un gran dolor en lo profundo de su alma.

Al cabo de un tiempo deje de verla, pense que habria desistido de seguir arreglando el viejo paraguas, o lo que es mas probable, que se haya cumplido lo que un dia me habia dicho: “eu, xa vou morrer eiqui”. Como tantos otros emigrantes anónimos, Felisa nunca mas volvió a la tierra donde habia nacido.

Rodolfo Rodriguez


MADRE E HIJA

Mayo 12, 2008

Como cada año fuí al consulado español de Montevideo a pasar la revista anual del servicio militar, al llegar aquello estaba lleno de gente, cada cual para su trámite correspondiente, cedula consular, pasaporte, fe de vida, partidas de nacimiento, etc, etc.
Mientras esperaba mi turno practicaba mi gran afición que siempre fué el observar a las personas, sus facciones, sus gestos, sus formas de hablar. Había de todo un poco, gentes de todas partes de España, con caras me eran reconocibles según los lugares de donde procedieran, había de todo, andaluces, vascos, asturianos y los que más…. gallegos, algunos se limitaban a leer alguna revista que en el consulado había en especial ” Carta de España” la revista por exselencia de todos los emigrantes allá por los años 70 y 80, otros nos encontrábamos inmersos en nuestros propios mundos, pensando cada cual en quien sabe que cosas.
No fué hasta pasado un buen rato que pude apreciar sentaditas en un rincón del recinto a dos mujeres vestidas completamente de negro, con un pañuelo, tambien negro que les cubría las cabezas. En ese momento vinieron a mi mente las viejas de mi aldea, siempre de luto riguroso, porque en las aldeas siempre había una razón para llevar luto, era como la aficion de todas aquellas que viejas se sentían no tanto de edad como de alma.
No pude aprediar bien sus caras hasta el momento en que una voz pronunció un nombre y una despues que la otra se levantaron y fueron hacia el mostrador. Gran parte de los presentes las miraron durante un buen rato, quizás les estaba pasando lo mismo que a mí, que los recuerdos de los pueblos lejanos revivian ante la imagen de esas dos mujeres de negro.
Sus caras eran réplicas una de la otra, con muchos años de diferencia entre las dos, la mas vieja era sin lugar a dudas la madre que con unos papeles en la mano hablaba con el funcionario, mientras que la más joven muy pegadita a la ella con la cabeza gacha solamente trataba de agarrarse de la mano de su acompañante.
Con todo el cariño del mundo la nadre trataba de hacerle entender a la hija de que en ese momento no podía estar por su atención, pero la insistencia no cesaba, ofendida la hija se dió la vuelta y su cara de niña de cuarenta y tantos años se dejo ver con toda la luz que la ventana dejaba entrar, en esa cara se apreciaban los rasgos del síndrome de Down, y el enfado ante la actitud de la madre.
El corazón y el alma se me llenaron de lástima y de un gran sentimiento hacia esa madre que sin duda era el único pilar que sostenía a esa hija que nunca dejaría de ser niña.
Han pasado los años y nunca pude sacarme de la cabeza la imagen de aquellas dos mujeres, de aquella ropa tan negra, de las dos caras casi iguales y en especial la de la hija. Nunca he podido dejar de pensar en que sería de ellas, en si aún seguirán las dos juntas, donde quiera que esten, agarradas de la mano, las imagino dentro de su propio mundo, un mundo al que solamente ellas dos pertenecen y al que nadie más que quienes por situaciones semejantes se encuentran son capaces de comprender
Entonces fué cuando escuché mi nombre y me fui directamente al un despacho a sellar la cartilla militar. Cuando salí ya no estaban, me quedé con una gran pena, inexplicable, que aun hoy tengo dentro de mí.
Aquella pena que en el corazón se me metió nunca fuí capaz de sacarla de dentro, o quizás tampoco lo quise en realidad y es por eso que me siento en la obligación de escribir sobre ello, porque en esa gran gama de gentes que emigraron y que jamás regresaron existen muchas situaciones que ni siquiera se podemos imaginar y que sin embargo forman parte del legado de una emigración tantas veces absoluta y definitiva para tantos y tantos españoles.


DOSINDA Y AGAPITO

Mayo 6, 2008

Dosinda se casó ya madura con Agapito un viudo que según le prometió le cambiaría su vida.
Malvivían en la aldea y con poquitas tierras y malas la situación lejos de mejorar fué empeorando a pasos agigantados. La única solución posible era la de emigrar y así lo decidieron entre los dos.
Ella empeñó todas sus tierras para pagarle el pasage que le llevaría al otro lado del océano y desde donde con trabajo y esfuerzo sería reclamada lo antes posible.
Finalmente hizo las maletas y emprendió el viaje rumbo a tierra americanas al emcuentro de un futuro mejor.
Los días pasan muy lentamente cuando se esperan noticias, ella cual Penélope en eterna espera dejó pasar el tiempo sin saber nada de su compañero. Finalmente recibió una carta en donde en pocas palabras le decía que las cosas ivan marchando y que pronto habría buenas nuevas para los dos.
Esa fué la primera y única carta de Agapito, fueron pasando los meses y los años y Dosinda siempre empeñada trataba de salir del pozo de mil maneras fué gracias a la familia de su hermana Esmeralda que cada día se le hacía menos largo, en casa de ella hacía las comidas y solamente por las noches regresaba a su pequeña casa uvicada en el “cantón” de Eiradela.
Yo la recuerdo siempre vestida de negro riguroso, delgada, triste, siempre con el farol en la mano para alumbrarse cuando por las noches regresara a su casa. Se sentaba alrededor del brasero junto a nosotros y pocas eran las palabras que de su boca salían. La “tía” Dosinda era para mí como la representación de la tristeza, quizás fuese por eso que la quise tanto y que aún hoy puedo sentir su presencia a mi lado.
De Agapito nunca más se supo nada, solamente que estaba en Montevideo. Cuando se hablaba de él siempre se le asociaba con todo lo malo y lo perverso, yo me hice una imagen grotesva de aquel hombre al que no conocía, y pensaba que todos los malos hombres debían de ser como él.
La tía Dosinda se murió unos pocos días despues de que mi madre y yo emprendiésemos nuestro viaje a Montevideo para juntarnos con mi padre que desde hacía seis años allá estaba, La noticia de su muerte la supimos unos cuantos meses despues, cuando mi padre se decidió a contárnosla. Aún recuerdo el sufrimiento de mi madre y la pena tan intensa que sentí en mi corazón de niño.
Fué entonces que mi madre decidió ir en vusca de Agapito, quizás para saldar una deuda que tenía con su tía, a pesar de que mi padre trató de sacarle esa idea de la cabeza, nada fué lo suficiente convincente como para parar el empeño de mi madre, así que un sábado por la tarde los tres nos subimos a un taxi y fuimos a parar frente a un garage inmenso lleno de coches, oscuro, mi padre le hizo señas a mi madre y entramos los tres.
En el fondo del garage había una pequeña cabina con una luz muy devil, dentro un hombre que a mí me pareció pequeñíto, con cara de tristeza y aburrimiento nos miró y preguntó que deseábamos.
” ¿ No me conoce ? ” le preguntó mi madre, él la miró fijamente y empezó a dudar, fué entonces que de la boca de ella saliéron unas palabras que se dirigían a mí y que se quedaron conmigo hasta el día de hoy, con voz alta y clara me dijo: ” Míralo bien, Roberto, este que ves aquí es el desgraciado del tío Agapito, el que dejó sola y en la ruina a la tía Dosinda”, la cara mía y la de aquel hombre debieron de ser muy parecidas ante la sorpresa de la frase, porque nadie más de los presentes fuimos capaces de emitir sonido alguno.
Despues de un largo rato de insultos y justificaciones por ambas partes, que nunca pude entender, nos fuinos por donde habíamos venido, pero la cara de mi madre estaba llena de satisfacción, como si se hubiese sacado un gran peso de encima.
Nunca más supe nada de Agapito, veinte años estuvimos en Montevideo y mi madre jamás quiso volver hablar de él, porque ” no valía la pena ” decía……… y así se hizo siempre…….


LA AVENTURA DE LA EMIGRACION

Mayo 4, 2008

Hasta la decada del 60 del siglo pasado, emigraron miles de gallegos a todas partes del mundo. El minifundismo endemico del campo gallego dejaba pocas oportunidades de trabajo, y expulsaba a los mas inquietos en busca de mejores condiciones de vida. Se iba a “hacer la América” porque se habia corrido la voz, con mucho de fantasia, que ahi habia trabajo para todos y que era facil hacer dinero. Eso fue lo que le paso a mi abuelo Rogelio, que alrrededor de los años 30 decidio emigrar, venciendo todos los temores y miedos que la aventura tenia. Y realmente fue una aventura, porque en esa época las cartas con noticias demoraban meses en llegar, y eso cuando llegaban.
No se recuerda bien por que, pero eligio Perú como destino. Tal vez porque habia escuchado hablar del oro de los incas. Se fue el solo, con la intencion de llevar a la mujer y los hijos despues, como hacian todos los emigrantes. Dejo cuatro hijos chicos y su esposa embarazada de pocos meses.
Al llegar se puso a trabajar, puso un negocio en el cual le iba bastante bien, y entonces mando llamar a su señora para que se le reuniera con los hijos, pero mi abuela, que era única hija y tenia a su madre muy enferma, no vio las cosas muy claras y no se animo a viajar, diciendole que volviera que ellos no irian. Despues de un tiempo de pensarlo, mi abuelo decide regresar, pero en ese momento comienza la guerra civil española primero y luego la Segunda Guerra Mundial, y queda interrumpido el transito de pasajeros civiles.Al parecer todos los barcos fueron destinados al transporte de suministros de guerra. Tambien se interrumpe el correo, por lo cual no se podian enviar cartas. Mi abuela paso muchos años , creo que 4 ó 5 sin tener ninguna noticia de su marido, ni el de su familia. Por fin, luego de largos años, despues de finalizada la guerra, consigue un barco que lo lleva de regreso a su tierra.
Al llegar, se encuentra con una hija, que ya tenia como 18 años y que la ve por primera vez, y el resto de sus hijos que el habia dejado de muy chicos, que practicamente conocen a su padre, cuando ya tenian mas de 20 años de edad. Mi madre era una de ellas.
Historias como esta, que sin duda habra muchas parecidas, nos muestran que emigrar en aquellas épocas, no era nada sencillo, por el contrario habia que ser muy temerario para hacerlo. Hoy en dia, emigrar parece casi un juego de niños, comparandolo con lo que vivieron nuestros ancestros.

Rodolfo Rodríguez


EMIGRANTES

Mayo 1, 2008
Y tu que has dejado la tierra
tu querida tierra gallega
que sueñas con volver a verla
pero ese día no llega….
que pensabas que cruzando el mar
todo sería de otra manera
pero tan solo al llegar
supiste lo dificil que era

Tu que has maldecido mil veces
haber emprendido esta aventura
que de morriña padeces
y la pobreza maduras
que has olvidado escribir
por no contar mas mentiras
sabes que esto no es vivir
aunque a nadie se lo digas

Porque has llorado mil veces
soñando con la terriña
que piensas y enloqueces
por tu lejana familia,
el orgullo de emigrante
heredado de generaciones
pones siempre por delante
y ante eso no hay razones.

Pensar que allí en la aldea
se hablaba de ricos americanos
que sin esfuerzo ni pena
llenitas tenían las manos,
malditas ilusiones pasadas !!!!!
malditas ansias de mejora !!!!!
ojalá no hubieras escuchado nada
y no sufrirías ahora.

Ojalá llegue pronto el día
que con riqueza y bienestar
encuentres a tu familia perdida
y de gozo sea el llorar,
porque si algo te queda
es la ilusión de aldeano
y no hay nada que pueda
arrancartelo de las manos.

Déjame llorar contico amigo
déjame sentarme a tu lado
que yo tambien soy emigrante
que yo tambien he llorado.

( Roberto González )

peto de ánimas de eiradela